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Opinión | Columna REALPOLITIK

Debemos repensar la forma en que cuidamos a nuestros adultos mayores

REALPOLITIK | 10 de enero de 2017
Por: Jorge Sarno

Lejos de lo que sucede en otras partes del mundo, en nuestro país, jubilarse parece ser una odisea sin precedentes. Quienes abandonan el régimen activo para pasar a formar parte del conjunto pasivo, se sienten arrojados a un universo nuevo y desconocido que bien podría asemejarse a las peripecias de un viaje donde se deben sortear innumerables cantidad de obstáculos, para ver consagrado el ejercicio de un derecho inherente a la persona humana como ser el acceso a la salud. Jubilarse supone para la mayoría modificaciones de distinta naturaleza; en primer lugar resulta un cambio radical en el estilo y la forma de vida, el inicio de una nueva etapa luego de una vida entera de trabajo. Estos cambios psicosociales implican además modificaciones en las variables económicas relacionadas con los ingresos que se ven sustancialmente reducidos en función de la nueva situación.

Ordenar las cuentas del estado debe ser una prioridad de toda gestión de gobierno, pero dicho saneamiento no puede constituirse en un ajuste donde la variable sean los más necesitados. La reforma del sistema de subsidios a los medicamentos en el PAMI debe ser realizada con precisión quirúrgica, no hay margen para el error. Si resultara necesario deberá considerarse caso por caso, para evitar una reducción de los servicios prestados que ya, todos sabemos, resultan deficientes.

El goce de las prestaciones del Plan de Asistencia Médica Integral (PAMI) son un derecho adquirido de todos aquellos que por años han realizado los aportes al sostenimiento del sistema, las prestaciones que revisten carácter extraordinario como es el caso de los subsidios a los medicamentos deben ser aplicadas con el fin para el que fueron creadas. Aun así, es imperioso reconsiderar los presupuestos mínimos establecidos para el otorgamiento de dicho subsidio, en tanto aquellos jubilados que perciben como haber poco más de 8 mil pesos de por sí se encuentran en el límite de la línea de pobreza, situación que se agrava si tenemos en cuenta el índice inflacionario total que llevó a que durante el año 2016 los medicamentos aumentaran un 81 por ciento solo durante el año pasado.

El saneamiento de las cuentas del estado no puede recorrer otro camino que el del principio de redistribución de la riqueza y equidad social, no es viable la transferencia de recursos desde los más necesitados hacia los más poderosos. Por otra parte es necesario que el PAMI comience a actuar como lo que es; la obra social más grande del país que cuenta con 5 millones de afiliados, miles de prestadores y proveedores, en pos de ejercer su capacidad de negociación en beneficio de sus afiliados.

Confiamos que en el marco de esta revisión prevalezca el sentido común y de subsidiariedad en función del bienestar de nuestros jubilados y más allá del ordenamiento pretendido, el cuidado de nuestros adultos mayores debe entenderse como un conjunto integral de acciones que conduzcan a una sustancial mejora en su calidad de vida.  

(*) Jorge Sarno es secretario Adjunto de UPCN y director Gremial del IPS.


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