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Las lluvias patean el tablero de la agricultura bonaerense

REALPOLITIK | 20 de abril de 2017

En la provincia de Buenos Aires, el impacto de las lluvias en la producción agropecuaria se refleja en varios frentes, en un listado que incluye pérdidas de rinde en el cultivo de soja, problemas de infraestructura vial e incertidumbre frente a la cosecha de granos gruesos.

Por espacio de dos días se registraron precipitaciones superiores a los 200 milímetros en casi 40 partidos bonaerenses, y las zonas más afectadas fueron el sudeste, en el área de Ayacucho y Rauch, los partidos de Junín y Pergamino al norte y en el oeste General Villegas, que sufre inundaciones desde el año pasado, con casi el 50 por ciento de su área productiva bajo el agua. En este contexto, y de acuerdo a estimaciones oficiales, estos municipios contabilizan cerca de ocho millones de hectáreas, con distinto niveles de daños causados por el agua.

Entre los productores agrícolas de Buenos Aires hay mucha preocupación por la baja en los rindes de la soja, cuyas primeras mediciones indican mermas del 20 por ciento, en un escenario de precios bajista para la oleaginosa.

Si bien la cosecha de este cultivo recién comenzó, se prevé un panorama complicado para su recolección en la zona norte bonaerense, con falta de piso para el ingreso de cosechadoras y caminos rurales en pésimo estado, que dificultarán el traslado de la producción. En menor medida, el maíz también se verá afectado por estas incidencias.

Esta situación proyecta un manto de dudas sobre el volumen final de la trilla de soja, que representa casi la mitad de la producción argentina de granos. Mientras el gobierno estima que será de casi 57 millones de toneladas, y busca anunciar una cosecha récord, desde el sector privado no comparten este optimismo y visualizan muchos obstáculos para alcanzar este número.

Este no es un dato menor, porque desde Cambiemos es notorio el empeño en transmitir buenas noticias sobre los “brotes verdes” de la economía, con la cadena agroindustrial a la cabeza. Como muestra, basta recordar el anuncio del ministro de Agroindustria nacional, Ricardo Buryaile, que remarcó como un gran logro de gestión una cosecha récord de trigo de 18,3 millones de toneladas, puesta en duda por analistas privados y medios de comunicación especializados.

La actividad ganadera se encuentra menos comprometida, al no ser época de pariciones en la provincia, y los productores están esperando una mejora de las condiciones climáticas y del suelo para comenzar con la siembra de pasturas, para la confección de forrajes.

Si se retrasa este proceso, podrían presentarse dificultades para alimentar al rodeo bovino en invierno, cuando la demanda nutricional es más elevada. En contrapartida, los tambos siguen sumando problemas, y a su delicada situación económica y productiva se agrega una vez más el factor climático, que impacta por debajo de su línea de flotación.

Desde el gobierno provincial hacen frente a este escenario mediante dos vías. Por un lado, un préstamo del Banco Mundial al gobierno bonaerense por 300 millones de dólares para obras en la Cuenca del Río Salado, mientras que en paralelo el Banco Provincia gestiona líneas crediticias por 300 millones de pesos, con tasas del 12 por ciento.

Por su parte, desde la cámara baja bonaerense, la comisión de Asuntos Agrarios encabezada por la diputada del Frente Renovador María del Huerto Ratto discute en estos días un proyecto presentado por el legislador del FPV Avelino Zurro, que busca establecer la emergencia y/o desastre agropecuario ante contingencias climáticas, con una serie de beneficios en el pago de servicios públicos.

En esta ocasión, el factor clima pateó el tablero agrícola en un mes bisagra para la producción. Durante abril empieza a perfilarse el destino de la soja y el maíz y comienza la cosecha fuerte en la pampa húmeda. Las abundantes lluvias trazan una encrucijada en un escenario complejo, y mientras el oficialismo busca dar buenas noticias que justifiquen sus promesas de campaña, la cadena agroindustrial de Buenos Aires vive atravesada por una elevada presión impositiva, precio a la baja de la soja y productores jaqueados por subas desmedidas de servicios. (www.REALPOLITIK.com.ar)  


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