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La Casa Rosada: La larga vida del corazón del poder

REALPOLITIK | 28 de mayo de 2017
Por: Sabino Mostaccio

La Casa Rosada es la sede del gobierno nacional desde hace más de un siglo. Ubicada en el solar del Antiguo Fuerte de Buenos Aires, debe su fama no solo a su peculiar color sino también a su rica historia, que la coloca en el centro de los focos del poder en la Argentina. Muchos hombres y mujeres han soñado a lo largo de la historia con llegar hasta ella y unos pocos afortunados lo han logrado, pero no siempre de manera limpia.

Cuando Juan de Garay dispuso fundar la Ciudad de la Santísima Trinidad del Buen Ayre, en 1580, apartó un solar especial para la construcción de una fortificación para defender al flamante población, habida cuenta de los numerosos conflictos que España tenía con sus enemigos de Europa, entre ellos, la despedida competencia colonial por hacerse con las nuevas tierras de América.

Buenos Aires soportó dos ataques de piratas franceses en 1653 y 1675, y los sucesivos gobiernos coloniales reforzaron el fuerte, que no obstante carecía de comodidades y nunca tuvo la magnitud de otras fortificaciones tales como Cartagena de Indias o Montevideo. El virrey Juan José de Vertiz y Salcedo (1778-1784) urbanizó la ciudad de Buenos Aires y los alrededores del Fuerte, que después de 1810 siguió siendo la sede de los gobiernos patrios, y desde 1820, del gobierno de la flamante provincia de Buenos Aires. Juan Manuel de Rosas, en sus dos periodos (1829-1832 y 1835-1852), prefirió su presidencia personal en Palermo como sede de gobierno y la construcción quedó abandonada y deteriorada hasta 1862, cuando Bartolomé Mitre, a la sazón presidente, volvió a establecer allí la sede de gobierno.

Su sucesor, Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), decidió remodelar el edificio para ponerlo a la altura de los modernos palacios de gobierno del mundo. Se plantó el primer el primer jardín, con el célebre “Patio de las Palmeras”, y se ensanchó la construcción, que se mandó a pintar de color rosado. Varias son las teorías al respecto, pero la más valedera señala que Sarmiento hizo mezclar los colores de unitarios (blanco) y federales (rojo), las principales facciones políticas en pugna durante la primera mitad del siglo XIX, en aras de demostrar un espíritu de unión nacional y concordia, necesario para el progreso nacional.

Detrás del flamante palacio se había edificado en 1855 el imponente edificio semicircular de la Aduana, sobre las viejas barrancas del río, que hasta mediados del siglo XIX corrían detrás del viejo fuerte y para esa época, estaban rellenándose. Y en 1873, Sarmiento había hecho edificar un edificio de Correos y Telégrafos al lado del gubernamental.

Al asumir Julio Argentino Roca, en 1880, la Casa Rosada adquirió su fisonomía característica en nuestros días, cuando nuevas obras de remodelación incluyeron la construcción de un nuevo patio, la ampliación de salas y el levantamiento de un pórtico que unió el viejo edificio del correo con el del antiguo núcleo administrativo, consolidándose en 1886 la refacción de la Rosada.

Roque Sáenz Peña se instaló en ella con su familia entre 1910 y 1914, haciendo construir estancias privadas y dormitorios, pero como norma general, los mandatarios argentinos solían tener sus propias residencias privadas y no habitaban la Casa Rosada, que solo era su lugar de trabajo.

Durante el siglo XX, la Casa Rosada continuó siendo sede del poder y sus balcones comenzaron a usarse en actos celebrados en la Plaza de Mayo, remodelada por pedido del ex presidente Roca también. En 1930, el dictador José Félix Uriburu fue vitoreado por una multitud al asomar a los balcones de la Casa de Gobierno. Juan Domingo Perón, en sus tres mandatos (1946-1955 7 1973-1974), supo usar los balcones para distintos actos (entre ellos el célebre "renunciamiento de Evita" en 1952), y en 1982, el dictador Leopoldo Galtieri anunció a la multitud reunida en la plaza al reconquista de las Islas Malvinas, desde el balcón central de la Casa Rosada. Aún se recuerda también el célebre acto de Semana Santa de 1987, dónde Raúl Alfonsín (1983-1989) anunciaba el fin de la “rebelión carapintada” desde el balcón central de la Casa Rosada, rodeado de la cúpula de todos los partidos.

En 1955, sufrió algunos daños tras el ataque aéreo a la Plaza de Mayo, que tenía por objeto asesinar al presidente Juan Domingo Perón y se cobró en cambio cientos de vidas civiles. En esa época fueron descubiertos los túneles antiguos debajo de ella, abiertos al público tras al gran refacción hecha para el Bicentenario de la Revolución de Mayo, en el año 2010, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Se inauguró un museo histórico, se colocaron nuevas rejas perimetrales y una fuente, además de terminarse el helipuerto de la azotea.

Signo y sede del poder, anhelo de unión y de fuerza, ventana de la República, a cuya sombra se forjó gran parte de la historia política de nuestro país, la Casa Rosada hoy día se yergue orgullosa hacia futuro, y ya es todo un símbolo nacional. ( www.REALPOLITIK.com.ar)

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