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Artigas: Padre de la federación y apóstol de una patria grande

REALPOLITIK | 25 de junio de 2017
Por: Sabino Mostaccio

José Gervasio de Artigas (1764-1850) es considerado por el pueblo uruguayo como el padre fundador de la patria, el gran héroe y mito de la nacionalidad oriental. Su verdadera historia, en cambio, se aleja mucho de ese ideal. Y ha tenido su memoria un derrotero parecido al de muchos próceres de la libertad americana, que sin quererlo o sin haberlo imaginado, fueron elevados al Olimpo de la memoria de muchas naciones de América.

La contribución de Artigas a la libertad americana es conocida, desde que este teniente de Blandengues se sublevara en 1811 contra las autoridades hispánicas de Montevideo, a favor de la Junta Gubernativa de Buenos Aires. Era por aquella época un hombre maduro el teniente coronel Artigas, y su coraje se veía enriquecido por su experiencia, al igual que su patriotismo.

Defendió este gran hombre la unidad a ultranza del Rio de la Plata y la hermandad de sus pueblos, frente a las ambiciones del imperialismo europeo y del centralismo porteño, locual a partir de 1813 lo llevó a enemistarse con Buenos Aires y a abrazar la causa de la federación.

Esta bandera de la “federación” era mucho más grande que la simple idea de establecer un sistema federal de Estado, con autonomía para unidades locales, tal como se veía en Suiza o Estados Unidos de América, los arquetipos de tal forma de Estado. Por el contrario, englobaba un plan destinado a transformar la realidad rioplatense, uniendo bajo un estandarte las comarcas hispanohablantes de la cuenca del Plata.

Para esto, forjó el caudillo oriental una alianza con las provincias litoraleñas de Corrientes, Entre ríos y Santa Fe, formando la “Liga de los Pueblos Libres” en 1815, y encomendando a su hijo adoptivo Andrés Guacurari y a su fiel amigo y lugarteniente Fructuoso Rivera, la liberación de las misiones Orientales, antigua provincia española usurpada porlos portugueses.

Pero Artigas no pudo realizar su ambicioso sueño debido a que se atrajo la cólera de la corte portuguesa de Rio de Janeiro, cuyas tropas invadieron al Banda Oriental en 1816. Ante la imposibilidad de recabar apoyo del resto de las Provincias Unidas del Sur (independizadas de España el 9 de julio de 1816, por el Congreso de Tucumán al cual Artigas había negado), resistió bravamente hasta su derrota definitiva en Tacuarembó en 1820.

Exiliado por los invasores, buscó asilo en el Litoral argentino, solo para ver cómo sus antiguos aliados federalistas, Estanislao López y Francisco Ramírez, lo traicionaban y lo deportaban al Paraguay. Para entonces sus lugartenientes, como Rivera y Manuel Oribe, habían jurado lealtad al invasor portugués. Este dolor corroería el alma del caudillo por el resto de su vida, y la maldición de tal perjurio, atormentará al pueblo de la Banda Oriental en las siguientes décadas.

Artigas fue recibido cálidamente por el dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, que le asignó una finca y sirvientes en las afueras de Asunción, pero prohibiéndole definitivamente toda actividad política. Y pese a que en 1830 el presidente de la flamante República Oriental del Uruguay, Fructuoso Rivera, lo invitó a regresar a Montevideo, el viejo caudillo se rehusó debido a la repugnancia que le produjo la segregación oriental delresto de las Provincias Unidas, fruto de las maquinaciones británicas. Él nunca había querido tal separación, y lamentó el caudillismo que estaba invadiendo la política uruguaya.

Veinte años más tarde falleció el gran José Gervasio de Artigas. Enterrado modestamente en suelo paraguayo, a su funeral asistieron unos pocos amigos y sirvientes. El gobierno paraguayo no le brindó un funeral de Estado y en su patria, la noticia pasó desapercibida en medio del caos de la guerra que azotaba al Uruguay.

Hacia la década de 1860, comenzó en el Uruguay la rehabilitación de la memoria del gran Artigas, una vez que se extinguió la generación protagonista de la gesta de la Independencia. Los jóvenes políticos orientales, enzarzados en la lucha por el poder, trataron de manipular sufigura para legitimarse. Y una generación de intelectuales y jóvenes historiadores, como Luis Alberto de Herrera padre y Juan Zorrilla de San Martin, empezaron a forjar el mito de Artigas “padre de la patria”, buscando un punto de referencia y unión nacional en un país azotado por la guerra civil entre blancos y colorados.

Al llegar el siglo XX, y habiéndose sosegado los ánimos entre los dos partidos mayoritarios, se procedió a repatriar los restos del caudillo en 1923 y se erigió en su honor un monumento en la Plaza Independencia de Montevideo. En 1977, la dictadura militar uruguaya empezó a construir un mausoleo para los restos de Artigas en la misma plaza.

Su figura sigue despertando fascinación y a lo largo de una centuria, sectores nacionalistas argentinos y uruguayos reivindicaron las glorias del caudillo. Lo paradójico es que su sueño de unión había muerto hacia unas cuantas décadas, a medida que el mapa americano se parceló en naciones y los piases repartieron cada uno sus glorias nacionales. A Artigas le correspondió hacer guardia a orillas del gran Rio de la Plata, en el que el forjó su sueño y derramó sus lágrimas en los peores momentos. Su semilla germinó en muchos árboles distintos, pero su tronco, es la inigualable figura del fiero caudillo rioplatense. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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