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La Revolución Industrial: Y las máquinas cambian el mundo

REALPOLITIK | 1 de octubre de 2017
Por: Sabino Mostaccio

La Revolución Industrial cambió para siempre la faz del mundo, e inició una nueva era en la historia de la humanidad. Esta serie de fenómenos de industrialización y comercialización aceleradas, que se inició en Gran bretaña en la segunda mitad del siglo XVIII, fue alcanzando a lo largo de los siglos XIX y XX, la mayor parte de los países de Europa y América del Norte, y también, porciones de Asia Oriental y el Pacífico (Japón, Australia, Corea).

Aunque cada país desarrolló su propia dinámica de industrialización, se produjeron unas pautas comunes que llevaron a la radical transformación del Antiguo Régimen. En este proceso intervinieron la técnica (maquinismo), los descubrimientos científicos aplicados a distintos campos, una aportación considerable de capital y profundos cambios sociales, marcados especialmente por la aparición del proletariado. Los estudios del francés Papín sobre la máquina de vapor, continuados por Newcomen (1705) y Watt (1767); el descubrimiento de la lanzadera mecánica (1733); de la hiladora de algodón (1741); etc., y su posterior desarrollo, motivaron el aumento de producción, la disminución y especialización de la mano de obra, la aparición de nuevos sistemas de transporte (barco a vapor, ferrocarril), la emigración intensa del campo a la ciudad.

Podemos reconocer hasta tres etapas en el desarrollo de la Revolución Industrial, que llega hasta nuestros días. La primera, entre 1750 y 1870, se caracterizó por la existencia de materia prima abundante y barata, la utilización del vapor como fuente de energía y, desde 1830, la fabricación en cadena.

La misma estuvo precedida por una agrícola, que se dio a principios del siglo XVIII e implicó el cercado y la mecanización gradual de los campos, provocando la aparición de mano de obra desocupada abundante en el campo, la cual migró a las ciudades. Allí, con una importante provisión de mano de obra barata y abundante, los patrones decidieron concentrar los factores de producción como las máquinas y la fuerza de trabajo, en un mismo edificio. Habían nacido las fábricas. Comenzaron a insinuarse las consecuencias negativas de la industrialización, tales comocontaminación y desigualdad social, comoresultado del pésimo nivel de vida de la clase trabajadora. La riqueza se concentraba en pocas manos. El Estado se mantenía prescindente.

El aumento de la productividad y de los grandes avances técnicos permitieron estructurar mercados cada vez más grandes. En las Islas Británicas, la acumulación de capital (fruto de siglos de comercio) la presencia de abundantes vetas de carbón (combustible de la maquinaria a vapor) y una tradición liberalindividualista hicieron posible el despegue de este proceso. Pero el proletariado, desfavorecido, empezó a organizarse hacia 1833 en sindicatos (Trade Unions), para defender sus derechos, obteniendo mejorías graduales en su situación. Algunos patrones y políticos, preocupados por la difusión de nuevas ideas políticas contrarias al orden burgués, empezaron a ceder a algunas demandas obreras, en aras de la paz social.

La segunda revolución industrial, qué abarcó desde 1870 hasta 1930, fue un periodo de acelerado ritmo de crecimiento de la producción general y se formó un mercado mundial en el que países como Inglaterra, Francia y Alemania suministraban productos industriales, mientras que otros como la Argentina y Australia, hacían lo mismo con productos agrícolas o mineros. Las empresas avanzaban hacia un sistema de monopolio que terminó con la libre concurrencia propugnada por el liberalismo clásico inicial y dio paso a la era del gran capitalismo, con todas sus ventajas (economías de escalas) y abusos (aumentos desmedidos de precios y tarifas, escasa calidad de productos, etc.).

El desarrollo de la energía eléctrica (dinamo de Gramme en 1871, bombilla de Edison en 1879) y la invención del motor de explosión (de gasolina, por Daimler, en 1884 y de gasóleo, por Diesel, en 1892) acabarían desplazando al carbón y el vapor en el ámbitoindustrial. También las comunicaciones experimentaron grandes avances con la invención del teléfono (Bell, 1876) y la telegrafía sin hilos y la radio (Marconi, en 1895 y 1901). El convertidor de Bessemer (1855) revolucionó la siderurgia, al posibilitar la obtención de acero de forma económica.

La producción industrial experimentó un espectacular aumento en países desarrollados, algunos de los cuales se convirtieron en serios rivales de Gran Bretaña. Alemania, especialmente, pasó a ocupar el puesto de líder mundial de la industria química. Países como Estados Unidos, Italia, Rusia o Japón iniciaron su industrialización, mientras otras regiones (Europa mediterránea, Sudamérica) se especializaban en la exportación de productos agrícolas.

Cabe hablar de una tercera revolución industrial, tras la segunda Guerra Mundial, caracterizada por la energía atómica y el desarrollo de la electrónica y la cibernética. Paralelamente, se han producido transformaciones laborales y sociales, gracias a las conquistas del movimiento obrero y a las espectaculares mejoras en la productividad, que han conducido a la actual sociedad de consumo y del ocio, a la vez que se aprecia una transnacionalización del capital, adquiere más peso el mundo de las finanzas que el de la producción y se debilita la capacidad regulatoria de muchos estados. (www.REALPOLITIK.com.ar)

 

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