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Ayer por Sandra y hoy por Johana: El valor de las madres que se paran contra la violencia machista

REALPOLITIK | 28 de noviembre de 2017
Por: MARIANA SIDOTI

Marta Ramallo abre un paquete de pañuelos, saca uno y se lo alcanza a Nelly Gamboa, que ya saturó de lágrimas el suyo. En el medio está sentada Eugenia Uscamayta, madre de la joven Emilia, muerta hace dos años en una fiesta clandestina. No son los únicos casos, pero son paradigmáticos en La Plata y encabezaron la marcha del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

"Nuestras hijas no están perdidas, son desaparecidas para ser prostituidas. Y no nos tenemos que callar, tenemos que seguir pidiendo justicia. Yo quiero encontrar a Johana con vida, como me la sacaron, pero también quiero seguir buscando y salvar a nuestras hijas que están pasando por la misma situación". Marta Ramallo aprendió por la fuerza, en estos cuatro meses, a encarnar una lucha colectiva. Su hija Johana desapareció el 26 de julio, en la esquina de 1 y 63, y no volvió más. En un principio la Justicia ordinaria caratuló la causa como "averiguación de paradero", pero gracias a la lucha y la movilización en las calles, pasó a ser investigada por la Justicia federal como trata de personas para explotación sexual. 

Marta encabezó este lunes una conferencia de prensa en el Museo de la Memoria, dependiente de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), como preludio de la marcha que se realizó en La Plata por el 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. 

Su lucha es la más reciente, pero no la única: estuvo acompañada por Eugenia Uscamayta, madre de la joven estudiante de Periodismo y Comunicación Social que muró el 1 de enero de 2016 en una fiesta clandestina. Por el hecho están en la mira varios personajes del poder político local, aunque la Justicia se hizo poco eco: el fiscal Álvaro Garganta fue recusado, básicamente, por inoperancia; Marcelo Romero se excusó de investigar por ser amigo de uno de los imputados y finalmente la causa fue tomada por la fiscal Ana Medina: en los próximos días se espera que declaren policías y testigos que presenciaron el hecho.

LUCHAR CONTRA LA IMPUNIDAD

"Me cuesta creer en la Justicia", reconoce Marta, y sus compañeras de panel asienten en silencio. "Si hubiésemos tenido justicia en este país, no habrían pasado los femicidios de las hijas cuyas madres están hoy acá. Si hubiese existido un Estado presente, nuestras hijas no estarían desaparecidas o muertas. Mi hija desapareció a dos cuadras de la DDI La Plata, y todos sabemos que esa zona es muy jodida de caminar", afirma. Sabe de lo que habla: a pocos días de denunciar la desaparición, salió a caminar la zona roja. Ahí Johana se prostituía desde hacía tres meses, en el marco de un consumo problemático de drogas. "Hablando con la gente que frecuenta esas calles conocí a los proxenetas y narcotraficantes, a los que ofrecen los cuerpos de nuestras hijas como si nada. Para ellos sí hay un Estado, un Estado que los apaña. Porque cuando fui a la DDI y a la Fiscalía, me querían hacer creer que mi hija estaba perdida, que habría conocido algún machito y que ya iba a volver", cuenta. Con esa presunción, la fiscal Betina Lacki perdió dos meses y medio de valioso tiempo para investigar.

Pero la impunidad en el caso de Johana es, en términos generales, corta: Nelly, la madre de Sandra Ayala Gamboa, espera justicia hace 10 años. Sandra fue violada y asesinada en el ex Archivo del ministerio de Economía (ubicado en 7 entre 46 y 47) el 16 de febrero de 2007: los femicidas entraron y se fueron usando una llave, y en el cuerpo de la joven se encontraron rastros de ADN de cinco personas. Diego José Cadícamo, violador serial y único detenido por el crimen, la había citado en ese lugar con la promesa de conseguirle un trabajo.

En la causa actuó el ahora "insano" –y ex- fiscal Fernando Cartasegna, quien luego de apresar a Cadícamo decidió dejar de lado el resto de la prueba y archivar la causa. "No queremos que esto que nos pasó a nosotros vuelva a pasar. No queremos que vuelva a repetirse lo que le pasó a Sandra, ni que haya otras madres que tengan que pasar por esta situación", pide Nelly. Y agradece, como cada vez que habla ante la prensa, a las organizaciones sociales y los medios de comunicación locales. Por acompañarla y no dejarla caer ante el silencio de la Justicia y la aquiescencia del Estado, que ahora se comprometió a rebautizar el edificio con el nombre de Sandra y poner en funcionamiento una oficina de atención para víctimas de violencia de género. 

Al terminar la conferencia, las tres madres se abrazan. Por momentos se les pierde la mirada, pero ante una pregunta o un abrazo, recuperan la entereza. Marta dice que no sabe cómo logró estar en pie de lucha todo este tiempo. Dice que nunca pensó que algo así le iba a pasar: "Es muy duro, es un dolor que no repara nadie. Lo único que me consuela es ver a Johana en cada mirada de nuestras pibas: chicas jóvenes, de su edad, que están en todos lados. En una facultad, una jornada, una charla. Son ellas las que me sonríen y yo ahí encuentro la sonrisa de Johana. Encuentro en sus abrazos los abrazos de mi hija". (www.REALPOLITIK.com.ar)

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