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Malvinas, otra historia

REALPOLITIK | 1 de abril de 2018
Por: PAOLA RODRÍGUEZ

El 2 de abril se conmemora popularmente el día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas. Se habla del reconocimiento a nuestros héroes de guerra, se suman conceptos como malvinización y controversias como “son héroes, no niños”. Lo que no está sujeto a debate es que el territorio de las Islas Malvinas fue ocupado ilegalmente por el Reino Unido desde 1833.

El último avance diplomático de gran envergadura sobre este tema fue en 1965 durante el gobierno de Arturo Umberto Illia, donde se logró la resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, estableciendo un llamamiento a la independencia de las colonias.

La resolución consideraba los derechos humanos fundamentales y la carta de las Naciones Unidas, y por primera vez el mundo reconocía la ocupación ilegal de las islas, considerándola como status colonial. Así, la ONU instó a ambos países a iniciar negociaciones para el proceso de descolonización.

Sin embargo vamos a referirnos al lugar que ocuparon las mujeres en esta guerra, no solo como madres, hermanas, amigas o esposas que sufrieron la pérdida de su ser querido, o las que soportaron ver a los héroes de vuelta sin el reconocimiento que merecían. Sino a las mujeres que participaron activamente en la guerra como trabajadoras de la salud.

La Fuerza Aérea comenzó a incorporar mujeres en 1980 con el rango de cabo primero. La mayoría eran enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas civiles, también fueron estudiantes de enfermería y voluntarias. Todas compartieron experiencias similares, coexistieron con los horrores de los buques transformados en hospitales.

Atendieron a los soldados heridos, amputados, quemados y psicológicamente agobiados. Hay muchas historias como la de Liliana Collino, la única mujer que está probado que pisó territorio isleño a bordo de un Hércules C-130 en el que se transportaban contenedores y heridos. En 1986 la mujer pidió su baja, después de solicitar varias veces un ascenso.

Seis instrumentistas quirúrgicas que se reclutaron como voluntarias, estuvieron en la bahía de Puerto Argentino, a bordo del Rompehielos ARA Almirante Irízar, que actuó como buque hospital, a unos seiscientos metros de las islas.

Una de las veteranas Norma Navarro, testificó en el libro de Panero: “Los heridos llegaban muy sucios, de color negro, por la turba. Los lavábamos con cepillo. Se los veía muy delgados, mal alimentados, muchos tenían los pies congelados. Llegaban con una gran necesidad de hablar. Nos contaban de sus casas, nos comparaban con las hermanas, las novias”.

Otras jóvenes enfermeras con rango militar, fueron reclutadas por la Fuerza Aérea y se desempeñaron en el hospital de campaña que se montó en Comodoro Rivadavia. Al terminar la guerra, las FFAA les pidieron que no hablen con nadie.

Otras, no quisieron hablar porque se las asociaba con la dictadura; después de 30 años se animaron a contar su historia a la escritora cordobesa Alicia Panero, dando a conocer una mirada distinta, pero con el mismo sentimiento que nos une en un solo grito ¡las Malvinas son Argentinas! (www.REALPOLITIK.com.ar)

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