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13 de mayo de 2018 | Municipales

QUILMES | Panorama REALPOLITIK

Quilmes: Subcomisario quiso hacer las cosas bien y vive amenazada de muerte por la “maldita policía”

El calvario comenzó para Raquel Argañaráz en 2009 con la detención del comisario Luis D’Amico, vinculado a una banda de piratas del asfalto en Lanús. En recompensa fue apartada de la fuerza mediante la jubilación anticipada.

El calvario comenzó para Raquel Argañaráz en 2009 con la detención del comisario Luis D’Amico, vinculado a una banda de piratas del asfalto en Lanús. En recompensa fue apartada de la fuerza mediante la jubilación anticipada. En 2016, en un intento por recuperar su cargo, sufrió secuestro, torturas y vive junto a su hija bajo la constante amenaza de muerte por parte de efectivos de la comisaría tercera de Quilmes.

La mujer se encuentra desesperada, ya que ve agotadas todas las instancias administrativas y judiciales, por lo que decidió contarlo todo a REALPOLITIK en un último intento por salvaguardar su integridad y la de su hija, ahora de 16 años de edad.

Luis D’ Amico fue tapa de los diarios entre octubre y noviembre de 2009 al caer como parte de una banda de piratas del asfalto en la localidad de Lanús. La detención la llevó a cabo la subcomisario Raquel Argañaráz. Junto a D’ Amico cayó Pablo Carrizo. Gracias a la connivencia policial, sus familiares accedeieron a todos los movimientos de la mujer policía que terminó con el negocio y en un acto de venganza, según denunció, fue apuñalada por la madre de Carrizo en la estación de Lanús. La mujer logró salvar su vida, pero allí comenzó una odisea que llega hasta la actualidad. En los dos años siguientes, D’ Amico y la agresora de Argañaráz, Victoria Cabrera, cumplieron una pena mínima y recuperaron su libertad. Argañaráz recibió como compensación la jubilación anticipada.

Sumado a esto durante ese tiempo las amenazas y la persecución no cesaron por lo que pidió el traslado a la localidad de Quilmes. Jubilada, en 2011 comenzó el peregrinar por los organismos gubernamentales para recuperar el cargo. En abril de 2016 fue citada por el ministro de Seguridad, pero nunca logró tomar contacto con Cristian Ritondo.

 

A los pocos días de viajar a La Plata, recibe el llamado de un tal “Gallo”, quien le dice: “Qué carajo te importan los exonerados” y a partir de allí el calvario se reeditó para la mujer. Al poco tiempo su domicilio, ubicado en calle 331 bis 877 de Quilmes Este, fue asaltado por un grupo comando de la Policía Bonaerense e integrado por el oficial Walter Gasca, también vecino suyo. En ese momento la mujer llegaba con su hija, de entonces catorce años, cuando fueron encerradas en el domicilio. “Me esposaron y me agredieron con un bisturí en el cuello, mientras Gasca, totalmente drogado, me decía que me iban a matar”, aseguró en diálogo con REALPOLITIK al describir la tortura que recibió.

Luego fue subida a un patrullero y llevada a la comisaría tercera, entonces a cargo del comisario Carlos Carabajal, donde continuaron los golpes y las amenazas: “Me obligaron a firmar una documentación allí mismo, mientras mi hija era golpeada por personal policial. Le decían que iba a terminar en un reformatorio”, prosiguió. Con esto sobrevino el armado de una causa en su contra en la UFI de Quilmes, a cargo de Alejandro Ruggeri, por “atentado y resistencia a la autoridad”. La causa, rodeada de puntos oscuros, finalmente se cayó, pero las amenazas de muerte prosiguieron con el agravante de que sus victimarios viven a escasas cuadras de su casa.

En este contexto, asegura que tiene el teléfono intervenido, y es vigilada constantemente mediante cámaras de seguridad y por personal policial, pese a que varios de ellos tienen restricción perimetral. En este tiempo, solo se comunicó Marcelo Rocchetti, del ministerio de Seguridad, pero sostiene que los resultados son nulos hasta el momento ya que los efectivos, pese al caudal de pruebas aportados, siguen en sus puestos.

En torno a la odisea que le toca vivir a Argañaráz, se encuentran los vicios ya conocidos en lo que hace unos veinte años pasó a conocerse como la “maldita policía”: venta de drogas, connivencia, corrupción y enriquecimiento ilícito.

Para colmo, como se dijo previamente, a varios de sus agresores e integrantes de esta “mafia policial” los tiene por vecinos, tal es el caso del policía antes mencionado Walter Gasca, domiciliado en calle 331 bis Nro. 861, donde junto a su pareja, Natalia Elizabeth Sdrubolini, quien se encarga de la venta de cocaína, ostentando permanentemente la posesión de armas de todo tipo. Al lado viven sus socios: Gustavo Nagel y Leticia Gialluca, dedicados al mismo negocio y también reconocidos como agresores.

Agotados todos los recursos legales, la mujer pide ayuda a través de los medios de comunicación y lo único que quiere es preservar su vida y la de su hija ahora de dieciséis años, ya que los tormentos se volvieron cotidianos al punto de no poder salir de su casa, y con la ayuda de sus amigos y familiares no alcanza. “Yo quise hacer las cosas bien, pero lamentablemente la corrupción está en todos lados y no se puede contra eso. Ahora lo único que quiero es salvarnos a mi hija y a mí de un final anunciado”, afirmó. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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13 May | 03:26
Pehuén Curá | [email protected]
Lo mismo le pasó a Sérpico, el cual aclaró muy bien en el juicio " cuando desde las más altas esferas, se tolera la corrupción, no hay posibilidd que un policía honesto pueda cumplir con su deber" Le costo la pérdida auditiva y por milagro no le costó la vida, ya que sus mismos compañeros, lo dejaron solo. Es muy dificil por no decir imposble, acabar con la corrupción Institucional Policial, son muchos millones que llegan a las más "altas esferas de gobieno" sino un policía del común pidiendo un salamín, dura minutos en la fuerza. La compadezco pero tendrá que buscar nuevos horizontes fuera de este país, su vida no va a ser fácil de aquí en más..
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