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13 de mayo de 2018 | Campo

Panorama REALPOLITIK 

La corrida cambiaria y el acuerdo con el FMI dividen las opiniones en la cadena agroindustrial

En el cierre de la pasada semana, dos situaciones mantuvieron en vilo a todo el país: la fuerte escalada del dólar, que superó con holgura el techo de los 24 pesos, y el anuncio por parte del presidente Macri del inicio de conversaciones con el FMI, para solicitar un crédito que según las primeras estimaciones sería de 30.000 millones de dólares.

En el cierre de la pasada semana, dos situaciones mantuvieron en vilo a todo el país: la fuerte escalada del dólar, que superó con holgura el techo de los 24 pesos, y el anuncio por parte del presidente Mauricio Macri del inicio de conversaciones con el FMI, para solicitar un crédito que según las primeras estimaciones sería de 30.000 millones de dólares. 

¿Cómo reaccionó la cadena agroindustrial de nuestro país ante este escenario de alta volatilidad? Por el lado del oficialismo se mostraron a favor, pero ex funcionarios macristas se mostraron críticos. Las entidades que representan a los productores agropecuarios fueron bastante tibias, salvo Federación Agraria Argentina, que se mostró preocupada ante este escenario. 

El primer síntoma se visualizó en los mercados locales, con una fuerte suba en la cotización de la soja, que superó al cierre del viernes 11 de mayo la barrera de los 7 mil pesos por tonelada. Con un elevado stock de la campaña pasada y el grano de la nueva cosecha que empezará a ingresar, los exportadores argentinos “están sentados” sobre miles de millones de dólares, pero de ninguna manera fueron los causantes de la corrida cambiaria, razones que deben buscarse por otros senderos.

La diputada Elisa Carrió, en uno de sus acostumbrados giros discursivos, exhortó por Twitter a que los productores sojeros “no retengan la soja, empiecen a liquidar para que ingresen divisas”. Un grosero error de cálculo de una legisladora que apuesta a la chicana mediática, y le valió críticas de varios sectores. 

Como decíamos líneas arriba, el oficialismo se abroqueló en torno a esta decisión de recurrir al organismo financiero internacional. En el caso del ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, que al momento de redactar esas líneas se encuentra de gira por Japón y China, explicó en declaraciones periodísticas que “la decisión de recurrir al FMI asegura hasta el final del mandato tener el financiamiento suficiente para seguir con la política gradualista”. En paralelo, el sitio web de la cartera agrícola mantiene un silenzio stampa sobre esta cuestión, y se limita a anunciar la apertura del mercado uruguayo para las exportaciones de pollos. 

El sector avícola fue uno de los primeros en advertir sobre los estragos de un dólar alto, en un escenario de suba de costos y tarifas de servicios. Desde la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA), alertaron que un 67 por ciento de sus costos son en dólares, que sumados al aumento del maíz constituye un duro golpe para esta cadena de valor.

Por el lado de las entidades que representan a los productores, las reacciones fueron las esperadas de acuerdo a la ideología de cada una. El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Daniel Pelegrina, señaló en declaraciones radiales que “veo bien la solicitud al FMI, es importante analizar la situación con mucha responsabilidad, como una oportunidad para apuntalar el crecimiento”. 

Por el lado de CONINAGRO, fueron prudentes a la hora de sus consideraciones, y su presidente Carlos Iannizotto se limitó a señalar que “esperamos que los créditos que se tomen para defender el crecimiento de la economía, y no impliquen mayores ajustes”.

Fiel a su tradición combativa, Federación Agraria Argentina salió con los tapones de punta. Mediante un duro comunicado, advirtieron que un acuerdo con el FMI "atentaría contra el desarrollo y la soberanía nacional", porque el lado B de estos fondos sería “un recorte de programas de desarrollo e investigación, o de ajuste y privatización de tareas en INTI, INTA o SENASA, o el ajuste por vía de frenar obras de infraestructura, reducir salarios y jubilaciones". 

En este ajetreado panorama, ex funcionarios del macrismo también sumaron voces críticas. En el caso de Ricardo Buryaile, ex ministro de Agroindustria, cruzó a Carrió por sus declaraciones sobre la venta de soja. “Pretender responsabilizar al campo por lo que pasa en el mercado de cambios es equivocado. Se lo pone al productor como una persona avara como sucedía antes con el gobierno kirchnerista", señaló en declaraciones radiales.

Otro “ex” que salió a marcar la cancha fue Carlos Melconián, el economista que presidió el Banco Nación desde finales de 2015 hasta enero del año pasado. En el marco de una jornada sobre trigo que se llevó a cabo en Mar del Plata, afirmó que “lo que pasa en el mundo no es justificativo de esto que ha ocurrido”. 

El economista no ahorró críticas hacia uno de los hombres fuertes de Cambiemos, Marcos Peña.  Sostuvo que “yo admiro las buenas ondas del jefe de gabinete, pero con eso solo no se gobierna.  Cristina (en referencia a la ex presidenta Fernández de Kirchner) dejó el déficit financiero en 5 puntos y nosotros lo subimos a 6. Eso no es gradualismo, es inacción”. 

En el plano político, las recetas del FMI históricamente incluyeron una fuerte cuota de ajuste. Es probable que se profundice el recorte de empleados en los organismos vinculados al ministerio de Agroindustria, como INTA que según trascendidos sufrirá una reducción de un 8 por ciento de su personal. Esta situación, sumada a la fuerte crisis que atraviesan sectores como tambos, porcinos y economías regionales configuran un segundo semestre de alta tensión para el sector agroindustrial argentino. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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