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11 de junio de 2019 | Nacionales

Incógnita electoral

Elecciones: La hora de los indecisos

Ante el escenario de una casi inevitable segunda vuelta en diciembre, los principales analistas del país coinciden en que la diferencia estará en manos de aquellos que, por indiferencia o perspicacia, aún no han decidido a quién van a votar.

HORACIO DELGUY

por:
Santiago Albizzatti

Durante las últimas décadas, especialmente desde el retorno de la democracia en el país, las encuestadoras o consultoras políticas fueron ganando peso en la escena electoral. Tanto, que los partidos políticos de uno y otro lado del poder invierten gran parte del dinero de campaña en indagaciones para conocer cómo están parados, al tiempo que propagan resultados que sacan a la luz pública un estado de salud política muchas veces superior al real.

Una encuesta que muestre ganador a un partido o, incluso, entre los perdedores que más traccionan votos, puede cambiar todo el panorama volcando el voto de los indecisos a su favor. Está estudiado: Los argentinos son exitistas. Si bien unos pocos votan por fórmulas que saben de antemano que no podrán ganar motivados por convicciones personales, morales o intelectuales, la mayoría lo considera una pérdida de su voto, y sólo sufragan por aquellos que tienen chances reales de ganar o, en muchos casos, derrotar a un oponente odiado. Por ello, una encuesta cuyos resultados sean positivos para tal o cual candidato puede significar muchos votos a su favor, y los votos son bancas, y la banca es dinero y poder. He aquí la importancia de una encuesta bien direccionada.

Parte de la influencia de las encuestadoras se desarmó luego de la segunda vuelta de las presidenciales de 2015. En el aluvión de publicaciones que se acumuló previo al sufragio, se calculó que 7 de cada 10 consultoras daban ganador a Daniel Scioli, mientras que sólo las 3 restantes apostaban por Mauricio Macri. Tanto confiaban los medios de comunicación en ellas que el propio C5N, cuando aún restaba casi una hora para el boca de urna, lanzó un sócalo que quedaría en la historia: “Ganó Scioli por amplia diferencia”. El 51,34 por ciento que cosechó Macri cayó como un balde de agua fría no sólo en gran parte del arco peronista, sino también en el mundo subterráneo de los encuestadores.

Los indecisos, aquellos que deciden su voto adentro mismo del cuarto oscuro, los que poco o ningún interés posan sobre los asuntos políticos, habían hecho de las suyas.

No era aquella la primera vez que ocurría. En las elecciones del 2003, la enorme mayoría del país señaló ante las encuestadoras que no votaría por Carlos Saúl Ménem. Sin embargo, el domingo 27 de abril obtuvo 4.7 millones de votos, lo que le permitió superar a los 4.3  que obtuvo Néstor Kirchner y lograr la victoria. Sus cálculos le anticiparon una bochornosa derrota en el ballotage y decidió no presentarse, pero la pregunta quedó en el aire. ¿Quién lo votó? ¿Por qué ninguna encuestadora anticipó el resultado? Aún hoy, toparse con alguien que admita haber votado por el riojano en el 2003 resulta tan complicado como encontrar el camino a El Dorado o la ubicación del Arca de la Alianza. Sin embargo, 4.7 millones de argentinos lo hicieron.

La respuesta, explica el reconocido analista Jorge Giacobbe, se encuentra en los indecisos. Una población cuyo porcentaje cambia a cada año pero que en este 2019 se encuentra, por ejemplo, en torno al 18 por ciento. Desencantados, frustrados, decepcionados por la política, son argentinos que tratan de mantener su vida apartada de la política local y nacional, sólo entrando en contacto con ella –y a regañadientes- el mismo domingo de las elecciones. Apurados, justo antes de la hora del almuerzo calculando que habrá poca gente, llegan a sus escuelas seleccionadas y votan lo más rápido posible, casi como sacándose el compromiso de encima.

Según Giacobbe, existen dos núcleos duros, votantes comprometidos con la política, interesados en la cosa pública, que ya eligieron su voto con anticipación y que no están dispuestos a cambiar de dirección. Uno de esos núcleos pertenece a Cambiemos, que tiene un 35 por ciento de los votos prácticamente asegurados, y el otro la fórmula entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, que tiene otros 35 puntos porcentuales en el bolsillo.

Es muy poco probable que estos números se modifiquen. Nada conmueve a los “núcleos duros”. Podrá un medio opositor lanzar una noticia sobre una nueva offshore del presidente, o un medio oficialista lanzar una primicia sobre otro procesamiento judicial sobre Fernández de Kirchner, que resbalará indiferente a cualquiera de estos dos grupos.

De los 30 puntos que hay en medio de un bando y el otro, un promedio cercano a los 12 puntos porcentuales se los llevarán los candidatos de izquierda y alguna que otra presencia convocante como, por ejemplo, Roberto Lavagna. Los restantes 18 conforman el reino de los indecisos, esa peligrosa arena movediza de la que nadie sabe lo que puede surgir. Ni siquiera los más avezados analistas se atreven a asegurar nada. Para muchos, la mayoría de los indecisos se volcarán en el ballotage hacia Cambiemos. Para otros, la figura de Sergio Massa apoyando a Alberto Fernández le da la victoria definitiva a la oposición. Nadie lo sabe a ciencia cierta.

Casi como una ópera cómica, el futuro del país está en manos de aquellos a quienes la política no les importa. El próximo presidente no será decidido por los que apoyan a Cristina ni por los que apoyan a Mauricio, sino por los que no tienen el menor interés en ninguno de los dos. Por obra caprichosa del destino, el bienestar político de un país tan frágil como Argentina será responsabilidad de ese 18 por ciento que tanto en las generales de octubre como en la segunda vuelta de diciembre, ingresará apurado al cuarto oscuro, pensando en que no se le pase el asado. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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