En ese marco, Jorge Altamira advirtió que la acción norteamericana en Venezuela marca un punto de inflexión histórico: “Estados Unidos actúa de forma unilateral, no es una operación de la OTAN, no es un acuerdo con los aliados, es decir, él hace una afirmación de dominación política y convierte a Venezuela, sin consultar a nadie, pasando por encima de la Organización de las Naciones Unidas, a través de un asalto militar, en una suerte de protectorado de facto”.
Según el dirigente de Política Obrera, el rol asumido por Donald Trump implica una intervención directa en la conducción del país caribeño: “Él está gobernando Venezuela y dicta las medidas que hay que tomar a un gobierno, que es objetivamente un gobierno impuesto por él, porque ha secuestrado al presidente de la república, que era el que estaba al mando del país”. Y agregó que esta política no se limita a Venezuela: “Inmediatamente anuncia que se va a hacer cargo de toda la gestión petrolera, que quiere anexar a Groenlandia, y al mismo tiempo extiende las amenazas a Cuba. Es decir, esto es una acción mundial”.
Altamira también puso el foco en el cambio de doctrina estratégica de Washington: “El ministro de Defensa de Estados Unidos dijo: ‘nosotros ya no disuadimos más, no somos reactivos frente a medidas que nos gusten o no nos gusten, nosotros dictamos la agenda’”. En ese sentido, comparó la situación venezolana con otros territorios bajo control estadounidense: “Venezuela, en cierta medida, ha quedado como un estado asociado de Estados Unidos, como ocurre con Puerto Rico”.
Al analizar el contexto global, sostuvo que los acuerdos internacionales vigentes tras la Segunda Guerra Mundial han quedado definitivamente atrás: “Todo lo que tenga que ver con la segunda guerra mundial, con los tratados de la posguerra, todo lo que tiene que ver han caducado”. Incluso, remarcó que también se agotaron los pactos posteriores a la disolución de la Unión Soviética: “Se han agotado los beneficios para el capital internacional de la restauración capitalista en esos países”.
Para Altamira, esta crisis estructural explica el escenario actual de confrontación global: “El mundo capitalista ha entrado en una esfera de contradicciones a nivel mundial que simplemente han estallado y lo que se está desarrollando es una guerra mundial”. Y enumeró: “Hay una guerra en Europa, hay una guerra en el Medio Oriente, hay una guerra en el noreste de África y ahora tenemos una guerra en América Latina”.
En esa línea, afirmó que Estados Unidos, como potencia en declive, ya no puede resolver las disputas por la vía económica: “Estados Unidos, que es una potencia declinante, ya no tiene capacidad para resolverlas en términos comerciales. Entonces pasa a la acción armada”. También alertó sobre los riesgos extremos de este proceso: “El capitalismo nos está amenazando con una guerra nuclear, todavía infinitamente más perjudicial y sangrienta para la humanidad que las guerras anteriores”.
Otro eje central de su análisis fue la crisis interna de la propia potencia hegemónica. Altamira sostuvo que la política exterior agresiva tiene consecuencias directas sobre el régimen político estadounidense: “Estados Unidos no sólo ha instalado un protectorado en Venezuela, de facto, sino que también ha modificado el régimen político de Estados Unidos”. Y advirtió: “Hoy en Estados Unidos lo que domina es la acción policial del estado central, con la Guardia Nacional, gobernando por decreto y fuera de los marcos judiciales”.
En ese sentido, fue categórico: “Estados Unidos está yendo en la dirección de una dictadura” y remarcó que Trump avanzó sin aval institucional: “No quiso ir al Congreso. Él asume, o se arroga, el poder ejecutivo, el destino internacional de Estados Unidos de un cambio político sustancial”.
Finalmente, Altamira planteó que la ausencia de reglas internacionales habilita un escenario de desorden global: “Ahora ya no hay reglas”, y concluyó con una definición de fondo sobre la crisis del sistema: “Acá hay un estallido de la organización capitalista del mundo entre los Estados nacionales, en un mundo donde las fuerzas de producción se han internacionalizado en un modo extraordinario, y esta contradicción es insoluble en el marco capitalista”. (www.REALPOLITIK.com.ar)