“Fui durante doce años miembro de la secretaría de Seguridad de Lomas de Zamora y en los últimos cinco años fui subsecretario de Seguridad, alternando con la secretaría cuando el secretario tenía que viajar”, explicó Ávila al repasar su trayectoria. En ese marco, recordó su formación en el exterior: “En 2019 viajamos a Estados Unidos a hacer un máster con la embajada de Estados Unidos y trabajamos con políticas públicas de seguridad integral, como ‘ni una ventana rota’, pensando la seguridad desde una mirada social y territorial”.
En esa línea, cuestionó la lógica binaria que domina el debate: “Venimos hace setenta años con ese chiquitaje político de que si defendés a un sector castigás al otro y eso no funcionó”. Para el especialista, el problema persiste más allá de los cambios de gobierno: “Hace dos años que hay un nuevo gobierno y el cosmos urbano sigue estando caliente como estaba antes; seguimos en esta grieta donde según el color político te atiendo o no te atiendo, y mientras tanto la gente queda en el medio”.
Ávila remarcó la necesidad de profesionalizar las áreas de seguridad municipales: “Las secretarías de Seguridad tienen una parte política, que está bien, pero también necesitan tecnicismo: saber qué vamos a hacer, hacia dónde vamos y cómo trabajar el territorio”. En ese sentido, defendió la incorporación de disciplinas sociales: “Es fundamental sumar antropólogos y sociólogos para que el vecino no sienta que está siendo vigilado como en un Gran Hermano, sino acompañado por personas capacitadas que conocen las problemáticas reales del barrio”.
Desde su experiencia en recorridas barriales, describió una demanda reiterada: “Los vecinos te dicen siempre lo mismo: ‘salgo a las cuatro de la mañana a trabajar y no veo un patrullero, no veo a nadie que me cuide, no veo funcionarios’”. Por eso, insistió en un abordaje integral: “Estamos en un momento bisagra, todavía estamos a tiempo de abordar esta problemática antes de transformarnos en otros países de la región donde crecieron de manera tremenda los índices de homicidios”.
Al analizar la relación entre pobreza y delito, Ávila fue tajante: “Eso hay que derrumbarlo de raíz: en los barrios periféricos la gente sale a laburar, sale a buscar el mango, sale a construir”. Sin embargo, advirtió sobre el avance del narcotráfico: “La mano de obra del crimen organizado crece cuando el estado está ausente; si el estado está presente, eso es un impedimento enorme para que se asienten en los barrios”.
En ese punto, rechazó los prejuicios sobre el rol estatal: “Hablar de estado presente no es asistencialismo barato; los barrios fueron constituidos por gente humilde y laburante”. Y agregó: “No hay otra posibilidad de combatir el crimen organizado si el estado no está presente, y eso es pura decisión política”.
Ávila también se refirió a la situación crítica de las fuerzas policiales. “Si ves la cantidad de efectivos que se quitaron la vida en diciembre, eso ya te muestra que asistencia no tienen ninguna”, afirmó. Sobre la formación, fue contundente: “Durante la pre y pospandemia se recibían policías por Zoom; es gravísimo, porque después salen a la calle sin conocer el territorio”.
En cuanto a la estructura operativa, describió un sistema colapsado: “Cuando ves pasar un móvil por la puerta de tu casa, lo vas a volver a ver recién tres o cuatro horas después; todo ese tiempo queda en la nada”. Y puso un ejemplo concreto: “La comisaría del Puente La Noria tiene cincuenta años, cuando Bunge era zona rural; hoy hay cuatrocientos mil habitantes y la estructura es la misma”.
Consultado sobre la policía local, defendió esa experiencia: “Con el diario del lunes, la gente te dice que la policía local era muy importante y muy buena”. Sin embargo, lamentó su desarticulación: “Hubo mucha intención política de derrumbar ese plan, cuando había sido extraordinario, pero no hubo planificación ni organización operativa”.
Respecto al financiamiento, descartó que el problema sea la falta de dinero: “La plata está, hermano, porque se la están llevando por otro lado; no es un problema de recursos, es un problema de decisión política”. Y añadió: “Mientras discutimos si es el huevo o la gallina, hay gente que está siendo robada y asesinada”.
Finalmente, Ávila llamó a un cambio profundo en la concepción de la seguridad: “Un policía debería vivir como un trabajador bancario, con una vida digna, no trabajando dieciocho horas y durmiéndose en la luz porque está agotado”. Y cerró con una advertencia: “Esto se puede resolver si hay seriedad y decisión política; hoy nuestras familias están caminando por los barrios y el problema solo se conoce yendo al territorio, no mirando estadísticas desde un escritorio”. (www.REALPOLITIK.com.ar)