Mientras un niño de ocho años pelea por su vida en terapia intensiva tras un violento choque en los médanos de La Frontera, en Pinamar, una escena paralela se despliega en redes sociales y medios de alcance nacional: camionetas 4x4 haciendo travesías promocionales, acrobacias sobre arena y posteos que celebran la “experiencia off road” como si se tratara de un parque de diversiones sin riesgos.
El accidente que dejó gravemente herido a Bastián no fue un hecho aislado ni imprevisible. La Frontera es, desde hace más de una década, un territorio marcado por la imprudencia motorizada, la circulación de menores sin protección y una sucesión de siniestros graves y muertes evitables. Los antecedentes son numerosos, documentados y reiterados: niños atropellados, turistas fallecidos, cuatriciclos y UTV volcados, picadas ilegales y controles intermitentes que aparecen solo después de la tragedia.
En ese contexto, resulta cuanto menos irresponsable el reciente artículo de Clarín y el último posteo de Revista Caras, que junto a Chevrolet promocionan una “experiencia off road” en Pinamar Norte, mostrando modelos como la S10, Trailblazer y Silverado avanzando entre médanos y bosques, exaltando potencia, tracción y “desempeño en terrenos exigentes”. Todo esto, mientras la misma geografía es escenario de operativos de emergencia, cirugías de urgencia y partes médicos críticos.
La imprudencia no es solo mediática. También es empresarial. Promover este tipo de prácticas en un lugar históricamente asociado a accidentes graves implica naturalizar el riesgo y banalizar un problema que ya costó vidas. No se trata de demonizar la tecnología ni los vehículos, sino de señalar la liviandad con la que se estimula una conducta que el propio estado dice intentar desalentar.
Es que, paralelamente, el intendente de la municipalidad de Pinamar, Juan Ibarguren, habló con Radio Mitre, la emisora del Grupo Clarín, y declaró que su gestión “viene corriendo de la cancha” a quienes convierten la diversión en picadas y maniobras peligrosas. Anunció multas millonarias, secuestro de vehículos e inhabilitaciones de licencias. Sin embargo, los hechos muestran que las medidas llegan tarde, se endurecen después de cada escándalo y conviven con una permisividad estructural que convierte a los medanos de la localidad en una zona de riesgo crónico.
Durante años, los controles fueron escasos, fragmentarios o directamente inexistentes. Menores al volante, adultos sin casco, vehículos sin antenas reglamentarias y circulación fuera de corredores seguros fueron moneda corriente ante la mirada pasiva del estado municipal. Hoy, con un niño internado en estado crítico, el discurso se endurece y el tono se vuelve ejemplificador.

Vale destacar que La Frontera no es una postal turística ni un set de marketing automotriz. Es un espacio donde confluyen familias, jóvenes, turistas y vehículos de alto porte, sin una infraestructura acorde ni controles sostenidos. Seguir vendiéndola como una aventura sin consecuencias es una irresponsabilidad compartida entre funcionarios, empresas y medios.
Las tragedias no son accidentes inevitables sino el resultado de decisiones, omisiones y dobles discursos. Y mientras esas contradicciones no se asuman, los médanos seguirán siendo escenario de imprudencias. (www.REALPOLITIK.com.ar)