“La infidelidad nos hace cosquillas a todos. Estés o no en pareja, es un tema que aparece mucho en el consultorio”, señaló Paola Freccero al iniciar su análisis. En ese sentido, explicó que no existe una única causa: “Es un fenómeno multicausal. Puede estar relacionado con la dificultad para la intimidad, la falta de compromiso real o con conflictos personales y familiares que vienen de larga data”.
Según la psicóloga, la infidelidad suele funcionar como un síntoma. “Hay personas que lo viven como un problema y otras que son infieles pero no lo registran como algo a trabajar. Si el síntoma es egosintónico no va a querer cambiarlo. Pero si genera malestar, ahí sí puede elaborarse en terapia”, detalló.
En relación a si una infidelidad puede ser perdonada, Freccero fue clara: “Depende del acuerdo de cada pareja. Muchas veces esos acuerdos no están dichos, pero están implícitos. Hay vínculos donde se sabe con quién se está y qué se puede esperar del otro”. Para la especialista, una pareja madura debería poder sostener “conversaciones incómodas” y aclarar cuestiones como la exclusividad o los límites del vínculo. “No preguntar por miedo a quedar como ‘tóxica’ es un error: todos tenemos derecho a saber en qué situación estamos”.
También se refirió a las diferencias de percepción entre hombres y mujeres. “La mujer suele ser más intuitiva. Capta indicios del otro que muchas veces el varón no registra. A nivel inconsciente, todos sabemos cuando algo pasa, aunque no lo podamos poner en palabras”, afirmó.
Desde la mirada de las constelaciones familiares, Freccero explicó que muchas infidelidades responden a dinámicas más profundas. “Un hombre infiel muchas veces es alguien que no tuvo la contención materna necesaria y busca una madre en su pareja. Cuando la mujer ocupa ese rol, el vínculo se deserotiza y él termina buscando afuera lo que no encuentra adentro”, describió. En ese marco, sostuvo que estas elecciones no son azarosas: “Nos vinculamos como un ‘roto para un descosido’. Se repiten patrones que vienen de generaciones anteriores y que se pueden trabajar en terapia si la persona se lo pregunta”.
La especialista también puso el foco en los cambios sociales. “Antes la infidelidad estaba más aceptada porque las mujeres no tenían independencia económica. Hoy eso cambió, pero siguen existiendo dependencias emocionales que hacen que muchas personas se queden en vínculos que les duelen”, reflexionó.
Por último, Freccero advirtió sobre el contexto actual de los vínculos: “Hay mucho miedo al compromiso y mucha soledad. No es tanto el miedo a la infidelidad lo que aleja a la gente de las relaciones, sino el temor a involucrarse de verdad”. Y concluyó: “Cuando algo no se puede decir, se actúa. Muchas veces la infidelidad es justamente eso: una forma de expresar lo que no se pudo hablar”. (www.REALPOLITIK.com.ar)