“En otros años habíamos dado clases por separado, pero este verano, con Vibra Más, descendimos directamente al balneario Poseidón como nuestra casita de verano”, contó una de las profesoras al referirse al origen de la iniciativa. A la propuesta se suma también Andrea Pereyra, profesora de mindfulness, lo que permite integrar distintas herramientas para “traer paz, amor y presencia a toda la comunidad del balneario y de Vibra Más”.
Las clases se desarrollan los lunes y miércoles a las 18.30, siempre que el clima lo permita. “A veces tenemos que correr un poquito el horario o suspender por cuestiones climáticas, pero la palabra suspender no es nuestro lema. Somos aguerridas y tratamos de estar siempre”, afirmaron, al tiempo que invitaron a todos los que estén en Necochea a acercarse a vivir la experiencia.
Sobre el espíritu de la práctica, remarcaron que no hace falta ningún tipo de preparación previa. “No hay que venir con expectativas ni con la idea de que se necesita flexibilidad o un cuerpo determinado. En la playa todo es más relajado que en una sala. Está abierto a todo público, para todas las edades, cuerpos y también para quienes tengan alguna patología. Incluso hemos dado clases de yoga en silla”, explicaron.
Más que una clase tradicional, lo que proponen es un encuentro. “La invitación es a pasar un buen momento, algo tranquilo, relajado, conectar con el cuerpo y con la naturaleza, con el sonido del mar. Tal vez conectás con una técnica o con una corriente de yoga, pero lo principal es regalarte ese ratito de bienestar”, resumieron.
La experiencia, según relataron, ha tenido un fuerte impacto en quienes participan. Muchas personas no solo se acercan durante sus vacaciones, sino que luego continúan la práctica en la sala. “Que alguien encuentre el yoga por primera vez en sus vacaciones y nos diga que fue un antes y un después es un regalo del cielo para nosotras”, destacaron, agradeciendo también al balneario por el espacio y el respeto que brindan a la propuesta.
Consultadas sobre los beneficios del yoga, una de las profesoras, con casi treinta años de práctica, lo definió como “una filosofía de vida”. “Tiene que ver con cómo despertás, cómo te movés, cómo te alimentás y cómo percibís la vida. El yoga te invita a reencontrarte con vos, a iniciar un proceso de autoconocimiento, de aceptación y de paz”, explicó.
En el plano físico y emocional, señalaron que la práctica ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, a aliviar dolores y a desarrollar una mayor conciencia corporal. “Muchas veces creemos que todo se maneja desde la mente, pero el cuerpo guarda muchísima información. Cuando nos movemos, llega otro tipo de mensaje al cerebro y a la emoción. No hay una postura perfecta ni un objetivo al que llegar: lo importante es disfrutar el recorrido”, afirmaron.
“Ya sea en la playa o en la sala, la invitación es la misma: desestructurarse, moverse, respirar y permitirse un momento de conexión”, concluyeron. (www.REALPOLITIK.com.ar)