“Lo principal que tenemos que tener en cuenta es cuán informados estamos sobre el impacto real que generan las redes sociales en nuestros niños y adolescentes”, sostuvo Sol Rivera, y advirtió que no existe una verdadera conciencia social sobre los efectos que producen a nivel cerebral. “Estamos hablando de cerebros en construcción que están hiperestimulados constantemente, y eso impacta a nivel neuronal, atencional, de memoria y también emocional, afectivo y social”, explicó.
En ese sentido, remarcó que uno de los principales cambios se da en el sistema dopaminérgico. “La dopamina es el principal neurotransmisor del placer y lo que genera es la necesidad de satisfacción inmediata. Los chicos se acostumbran a que todo sea rápido, a no esperar, y eso después se traduce en una bajísima tolerancia a la frustración”, señaló.
Rivera detalló que esta dinámica se refleja cotidianamente en los consultorios psicológicos. “Nos encontramos con adolescentes que no saben esperar, que se frustran con facilidad y que a largo plazo tienen enormes dificultades para sostener proyectos y objetivos”, afirmó. Y agregó: “Las redes sociales entrenan mucho para la distracción, no para la atención. Por eso vemos cada vez más problemas de aprendizaje, de memoria y de concentración”.
La especialista también vinculó el uso excesivo de pantallas con problemáticas graves como el grooming, la ludopatía y el suicidio adolescente. “Hay situaciones de apuestas online que están armadas estratégicamente como los casinos: primero te ofrecen algo gratis, te generan la respuesta dopaminérgica y después el chico ya no sabe cómo salir de ahí”, explicó. “No es un juego de niños, es un sistema creado por adultos con fines de consumo y monetización”, advirtió.
Respecto al rol de los padres, Rivera fue contundente: “Todo niño aprende por imitación. Si los adultos no podemos autorregular nuestro uso del celular, no podemos pretender que ellos lo hagan”. En ese marco, criticó la idea de delegar el control únicamente en las plataformas. “Sin la participación activa de los padres, cualquier ley va a ser bastante inútil”, aseguró.
La psicóloga planteó que existe una generación de padres que, por miedo a frustrar o imponer límites, prioriza agradar antes que educar. “Hoy el compromiso está más puesto en no molestar, en evitar el conflicto, que en pensar qué le va a hacer bien al hijo a largo plazo”, reflexionó. “Pero la autoridad no es algo negativo: es necesaria y los chicos la necesitan”.
Asimismo, sostuvo que el problema no es la tecnología en sí, sino la falta de regulación. “No se trata de pantalla sí o pantalla no, como un blanco o negro. Se trata del manejo de la red social. Si no hay tiempos, controles y acompañamiento, el adolescente después tampoco va a poder autorregularse en la adultez”, explicó.
Finalmente, Rivera destacó la importancia de la comunicación familiar. “Aunque el adolescente se muestre reacio, que los padres estén presentes, que pregunten y conversen, genera un espacio donde el chico sabe que está siendo mirado y cuidado”, concluyó. “Eso puede ser la diferencia cuando algo grave está por pasar y necesita a quién recurrir”. (www.REALPOLITIK.com.ar)