“La historia empieza con mis padres, que tenían un almacén de barrio. Como un producto más del negocio, empezaron a fabricar unos alfajorcitos de maicena”, recordó Marcos Secchi. El éxito fue tal que su madre decidió salir a venderlos a otros comercios: “Salía con un carrito de compras por los negocios de la zona y después por Capital. Yo me acuerdo que hasta que no vendía el último alfajor no volvía a casa”.
Sin embargo, el camino no fue lineal. “Se le puso una marca, se hizo un logo, pero llegó un momento en que se dejó porque no estaba rindiendo y traía más dolores de cabeza que otra cosa”, explicó. Años después, cuando tenía 22, Secchi decidió retomar el proyecto y hacerse cargo: “Les dije: retomémoslo, pero permítanme tomar la bandera a mí”.
Ese relanzamiento implicó un cambio clave: la identidad. “La marca anterior era Porenito, pero no la podíamos registrar y se confundía con galletitas de una multinacional. Pensando a futuro se nos iba a complicar mucho”, contó. Así nació Bacará: “Nos pareció que tenía una fuerza increíble y nos encantó a todos”.
Desde entonces, la profesionalización fue constante: registro de marca, nuevo packaging, redes sociales y mudanza a una fábrica que les permitiera contar con los registros sanitarios. “De a poquito empezó a crecer y nos dimos cuenta de que ya no era solo para pagar el alquiler”, señaló.
Consultado sobre qué decisión marcó la diferencia en un rubro tan competitivo como el del alfajor, Secchi fue contundente: “Siempre tomamos la política de que no importa la situación, nunca bajarle la calidad al producto”. En ese sentido, destacó que Bacará se mantiene accesible en precio, pero sin resignar identidad: “Aunque hoy se envasan con máquina flowpack, sigue siendo un producto artesanal, sin exceso de conservantes”.
Sobre los errores y aprendizajes, reconoció: “Hice inversiones muy prontamente pensando que me iban a llegar contratos enormes y no es tan así, es más paso a paso”. Aun así, remarcó la importancia de animarse: “No esperen a que se alineen los planetas. Arranquen, mandate, que los melones se acomodan solos”.
En cuanto al presente y futuro de la marca, Secchi contó que Bacará ya cuenta con una cafetería en Recoleta y un sistema de franquicias en desarrollo. “Por ahora la idea es crecer con locales propios y el día de mañana vender franquicias”, explicó. En el plano industrial, sostuvo que el futuro del rubro está en la exportación, aunque hoy el objetivo principal es consolidarse en el mercado local: “Queremos que no haya argentino que no conozca Bacará”.
El emprendedor también destacó el valor de trabajar en familia junto a su hermano Lucio: “Trabajar tranquilo sabiendo que nadie te va a clavar un cuchillo por la espalda es fundamental. Cada uno cumple su rol: él en producción, yo más en dirección y comercial”.
Finalmente, al intentar definir Bacará en una sola idea, Secchi fue sincero: “No lo veo como un negocio, es como un hijo para mí. Muchas veces me invade lo emocional y seguimos poniendo de nuestro bolsillo cuando cualquiera hubiese bajado la persiana”. Y concluyó: “Por eso no puedo describirlo en una sola palabra, es algo muy personal”. (www.REALPOLITIK.com.ar)