Domingo 8 de febrero de 2026

Provincia

Ministerio de Desarrollo de la Comunidad

Política en las aulas: Axel Kicillof destina 3.355 millones a kits escolares con propaganda oficial

08/02/26 | La licitación 18/2025 del ministerio de Desarrollo de la Comunidad bonaerense prevé la compra de más de 203 mil kits escolares con logos y consignas de la gestión de Axel Kicillof. En medio de la emergencia económica, la decisión reabre el debate sobre propaganda partidaria y neutralidad educativa. Un negocio superior a los 3.000 millones de pesos.


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La historia argentina tiene capítulos que parecen cerrarse, hasta que alguien decide reimprimirlos. Durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón y Eva Perón, la educación fue señalada por amplios sectores como una herramienta de construcción ideológica. Manuales obligatorios, consignas partidarias y un culto explícito a la personalidad marcaron una etapa que años más tarde sería cuestionada como un ejemplo clásico de adoctrinamiento estatal.

Hoy, casi ocho décadas después, la provincia de Buenos Aires vuelve a quedar en el centro de una polémica similar.

De acuerdo a la licitación pública 18/2025 (proceso 371-1118-LPU25), el ministerio de Desarrollo de la Comunidad, conducido por Andrés Larroque, aprobó un presupuesto de 3.355.397.500 pesos para la confección de más de 203 mil kits escolares destinados a los niveles inicial, primario y secundario. El detalle no pasa inadvertido: cada taza, plato, mochila, carpeta o lápiz llevará impreso el logotipo del ministerio y del gobierno encabezado por Axel Kicillof, acompañado de la consigna “vamos a la escuela”. La pregunta inevitable pareciera ser si se trata de política pública o de publicidad política encubierta.

Un gasto millonario en emergencia

El dato adquiere mayor dimensión en un contexto de crisis económica declarada por la propia administración bonaerense. Mientras el ejecutivo provincial argumenta restricciones presupuestarias y negocia paritarias ajustadas, destinar más de 3.300 millones de pesos a útiles con identidad visual gubernamental despierta interrogantes sobre prioridades.

No se trata aquí de discutir la necesidad de asistir a familias vulnerables con materiales escolares. Esa política, en sí misma, resulta legítima y necesaria. El debate gira en torno a la decisión de convertir cada objeto en un soporte de marca política.

En un año atravesado por tensiones económicas y clima electoral, la frontera entre gestión y proselitismo parece diluirse.

Antecedentes que reavivan el debate

La polémica no surge en el vacío. En 2024, este medio contó que padres del Colegio Nacional "Rafael Hernández" de La Plata denunciaron la presencia de militantes vinculados a la gestión provincial en actividades con alumnos de cuarto grado. Fotografías difundidas en redes sociales mostraron consignas alineadas con eslóganes oficiales, lo que desató reclamos por la supuesta utilización del ámbito escolar para posicionamientos partidarios.

En 2025, otra licitación por 2.600 millones de pesos para kits con simbología oficial ya había generado fuertes críticas opositoras. Ahora, el monto supera los 3.000 millones y amplía el alcance de la medida.

El paralelismo histórico aparece inevitable: en 1949, durante la presidencia de Perón, cuadernos y textos escolares incluían imágenes y frases de adhesión al liderazgo justicialista. Aquella práctica fue señalada posteriormente como una forma de moldear la conciencia infantil bajo una única narrativa política.

El pasado, cuando no se revisa con prudencia, tiende a repetirse con diseño actualizado.

Libertad de cátedra o construcción de relato

Defensores de estas iniciativas suelen invocar la libertad de enseñanza y la potestad del estado para definir contenidos y políticas educativas. Sin embargo, especialistas advierten que la educación pública tiene como misión formar ciudadanos críticos, no audiencias cautivas.

La inclusión sistemática de símbolos gubernamentales en materiales destinados a niños y adolescentes introduce un elemento que trasciende la asistencia social. Un cuaderno no es solo papel y tapas: es también un mensaje. Y cuando ese mensaje incluye la marca de una gestión política, el límite entre ayuda y construcción de imagen se vuelve difuso.

El riesgo de naturalizar lo excepcional

La educación es, por definición, un espacio de pluralismo. Cuando el aula se convierte en extensión del marketing estatal, se erosiona la confianza en su neutralidad. La historia argentina demuestra que el adoctrinamiento no comienza con grandes discursos obligatorios, sino con pequeños gestos que se vuelven cotidianos. Un logo aquí. Un eslogan allá. Una consigna repetida hasta volverse paisaje.

La licitación 18/2025 no es solo un trámite administrativo más. Es una decisión política que interpela el sentido mismo de la escuela pública en la provincia de Buenos Aires. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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