En un contexto económico marcado por la caída del consumo, el aumento de la morosidad en créditos personales y el deterioro del poder adquisitivo, el ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto que conduce Pablo Quirno avanzó con la licitación pública Nro. 26-0001-LPU26 para contratar el suministro de comidas y bebidas destinadas a cubrir actos y eventos protocolares.
El proceso contempla un gasto que podría alcanzar los 135 millones de pesos, una cifra que vuelve a poner en tensión el discurso oficial de austeridad con la práctica administrativa del gobierno nacional.
La compulsa fue abierta recientemente y recibió cinco ofertas: Hernán Javier Fiorini, Roberto Antonio Costa, Etnik Eventos Integrales SRL, Servicios Xantar SA y Gon ML SRL. Al menos dos de las propuestas superan los 100 millones de pesos, lo que deja entrever que el monto final podría ubicarse en el rango más alto previsto.
El objeto de la contratación es claro: garantizar el abastecimiento de comidas y bebidas para actos oficiales, encuentros diplomáticos y recepciones organizadas por Cancillería. En términos protocolares, se trata de un servicio habitual en cualquier ministerio de Relaciones Exteriores. Sin embargo, el contexto argentino actual convierte ese gasto en un elemento políticamente sensible.
El presidente Javier Milei construyó buena parte de su narrativa política sobre la premisa del ajuste severo. La frase “no hay plata” se convirtió en consigna de gobierno y justificó recortes en subsidios, transferencias y partidas presupuestarias.

En paralelo, distintos expedientes oficiales revelaron gastos significativos en bienes y servicios vinculados al funcionamiento interno del poder.
Entre ellos, se conocieron recientemente:
- La compra de panadería para Casa Rosada por más de 311 millones de pesos en seis meses.
- Una licitación para café premium y máquinas espresso profesionales que podría alcanzar los 62 millones.
- La adquisición de electrodomésticos por más de 40 millones.
- Un gasto estimado en hasta 81 millones de pesos en gaseosas y bebidas isotónicas para dependencias oficiales.
Ahora, el canciller Pablo Quirno se suma a esa lista con una contratación que, aunque formalmente encuadrada en actividades protocolares, se inscribe en un clima social donde cada peso público es observado con lupa.
Consultoras privadas vienen señalando que el consumo masivo cerró el último año con caídas en supermercados, menor frecuencia de compra y sustitución por marcas más económicas. Un 43 por ciento de los hogares declaró llegar con dificultad a fin de mes, y muchos utilizaron el aguinaldo para saldar deudas.
En ese escenario, la imagen de recepciones diplomáticas con catering contratado por cifras millonarias resulta, cuanto menos, cuestionable.
Desde el ámbito oficial podrían argumentar que la diplomacia exige estándares de hospitalidad acordes a la representación del estado argentino ante embajadores y delegaciones extranjeras. No obstante, el debate público no gira únicamente en torno a la legalidad del gasto, sino a su oportunidad y proporcionalidad.
La licitación 26-0001-LPU26 reabre una discusión más amplia: ¿Hasta dónde llega el ajuste cuando se trata del funcionamiento interno del poder? Mientras la ciudadanía ajusta consumos cotidianos, reduce salidas y posterga gastos básicos, el estado nacional continúa aprobando contrataciones que contrastan con la narrativa de emergencia permanente.
En política, los símbolos pesan. Y en tiempos de recesión, una mesa servida puede convertirse en metáfora. (www.REALPOLITIK.com.ar)