“Yo siempre digo que una carrera artística se basa la mitad en lo que sabés hacer y la otra mitad en saber manejar la carrera”, explicó Alejandro Gardinetti, al referirse a la autogestión como una herramienta clave para sostener una trayectoria independiente. En ese sentido, recordó sus comienzos, cuando viajaba en moto a Buenos Aires sin autopistas, con una mochila cargada de recortes, audiciones en cassette y la esperanza de conseguir una fecha. “Hoy lo miro para atrás y digo: qué locura. Pero era lo que había, no existían las redes ni la difusión de ahora”, rememoró.
El humorista también destacó que, en muchos casos, el artista “es una empresa en sí mismo”: produce, vende, cobra y promociona su propio trabajo. “No es fácil, es complejo. Vos sos el mostrador y el producto a la vez”, señaló, subrayando que el talento sin gestión muchas veces no alcanza para sostenerse en el tiempo.
Consultado sobre su estilo y sus referencias, Gardinetti no dudó en mencionar a dos grandes del humor argentino: Luis Landriscina y Juan Verdaguer. “Fueron referencias enormes. Tipos parados de traje contando historias, donde a veces era más rico el relato que el remate. Unos fenómenos”, afirmó. Sin embargo, aclaró que no se siente parecido a ellos, sino influenciado por una forma de entender el humor como relato y observación de la vida cotidiana.
En relación con su capacidad para improvisar y recordar chistes, explicó que se trata de una combinación entre un don natural y el trabajo constante de escritura. “Escribo mucho a mano. Eso ayuda a fijar ideas, a corregir, a pulir. Capaz Dios no me dio habilidad para arreglar una puerta, pero me dio esto”, dijo entre risas.
Gardinetti también reflexionó sobre los cambios en el humor a lo largo del tiempo y los límites actuales. “Hoy hay mucho más límite, y me parece bien. Ves cosas de hace 30 años y decís: ‘¿Cómo se decía esto?’. Pero no se puede juzgar el pasado con la cabeza de ahora. Era el humor de ese momento”, analizó. En ese marco, mencionó casos de cancelación cultural como los de Cacho Castaña o Gustavo Cordera, y reconoció que el desafío actual es adaptarse a una sociedad que muta constantemente.
“Cuesta hacer reír, es dificilísimo”, afirmó, y explicó que, a diferencia del drama, el humor no conmueve a todos de la misma manera. “Todos lloramos por cosas parecidas, pero no todos nos reímos de lo mismo. Ahí está la dificultad”, reflexionó, citando una frase de Fidel Pintos: “Pelás una cebolla y llorás; buscás una verdura que te haga reír y no hay”.
Finalmente, el humorista destacó el valor de poder brindar un momento de alivio en tiempos difíciles. “Hoy todo está caldeado, todo es complicado. Entonces encontrar a alguien que te haga pasar un lindo momento en familia, aunque después no te acuerdes de los chistes porque son una catarata, vale muchísimo”, concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)