“Acá estamos en la lucha. Recién volvimos del hospital porque Santi se fracturó la mano el día sábado, así que ahora le retiraron el yeso porque el mismo peso del yeso lo puede seguir fracturando”, relató al inicio de la entrevista, al describir la extrema fragilidad de la salud de su hijo.
Julieta explicó que desde hace aproximadamente tres meses comenzaron nuevamente los problemas con la obra social: “Empezaron a cortar las prestaciones, empezaron a no autorizar laboratorio, no autorizar consultas. Cada consulta son de 36 mil a 81 mil pesos”. En ese marco, planteó con crudeza el dilema cotidiano que enfrenta: “O priorizo la comida, o priorizo la salud de Santi; se dificulta porque no tenés respuesta del Instituto Obra Médico Asistencial (IOMA)”.
En relación a la situación actual, detalló: “Esta semana Santi tiene toda la semana médicos y sin ninguno autorizado. Ninguno autorizado”. Incluso contó que tuvo que recurrir a la solidaridad del hospital para poder avanzar con estudios urgentes: “Ayer tuve que pedir por favor en el hospital que me ayuden porque 200 mil pesos valía el laboratorio. No lo habían autorizado. Y a ver, es la vida de él. Él corre riesgo de vida”.
Santiago cuenta con internación domiciliaria intensiva las 24 horas, es electrodependiente y necesita múltiples terapias diarias. Sin embargo, muchas de ellas fueron interrumpidas: “Lamentablemente terapista, fonoaudióloga y psicóloga lo pagamos en forma particular cuando puedo, porque la obra social se lo ha cortado por falta de pago a los profesionales”. Frente a ese escenario, Julieta explicó que recurre a colectas y rifas: “O hago colectas o hago rifas, porque te digo sinceramente, a veces no tengo ni siquiera para comer, pero priorizo la salud de Santi”.
La falta de recursos también impacta en cuestiones básicas como el traslado: “Cuando no tengo para su traslado, camino 80 cuadras al hospital ida y vuelta con él con silla de ruedas”. Incluso denunció trabas burocráticas inadmisibles: “Pedimos la silla de ruedas a IOMA. Me mandaron a justificar para qué pedía una silla de ruedas por su patología. Una vergüenza”.
Consultada sobre el vínculo con las autoridades provinciales, fue contundente: “No solo Santi, es todos los afiliados que vivimos acá en Mar del Plata, todos están con la misma situación”. Tras pasar horas en la obra social, afirmó: “Están todos en mi misma situación, trasplantados, oncológicos, con discapacidades severas como la de Santi. Sin respuesta, sin respuesta. Nadie, una autoridad no da la cara”.
En el tramo final, Julieta dejó un testimonio profundamente conmovedor sobre su lucha cotidiana: “Si me quedo sentada, mi hijo se me muere. Y si mi hijo se me muere, yo me muero junto con él”. Y concluyó con firmeza: “Yo a mi hijo le di hasta un riñón para que siga viviendo y yo no me voy a rendir, no me voy a cruzar de brazos y seguiré hasta el último minuto”. (www.REALPOLITIK.com.ar)