Durante la charla, el especialista planteó que muchas veces el verano genera expectativas que no siempre coinciden con la realidad: “Yo creo que a veces se gira más en tener mucha expectativa que a veces dista con la realidad”, y explicó que la experiencia vacacional cambia según con quién y cómo se viaje.
En ese sentido, remarcó que el descanso no siempre se traduce automáticamente en mayor intimidad: “Generalmente las vacaciones suelen prometer descanso, disfrute, conexión, pero muchas parejas ocurre lo contrario, porque la intimidad se vuelve mucho más difícil”, sobre todo cuando se comparten espacios reducidos o se viaja con hijos u otras familias.
Moviglia sintetizó esta idea con una frase que repite en consulta: “Las vacaciones no suelen traer más tiempo, sino que traen otro tiempo”, y subrayó que el desafío está en aprender a habitar ese nuevo ritmo sin frustraciones.
A partir de escenas habituales en la playa, el sexólogo diferenció las dinámicas de las parejas de larga y corta data y advirtió sobre la pérdida del contacto íntimo cotidiano: “La sexualidad no es solamente la penetración, es el contacto, es el contacto”. Según explicó, el deseo se sostiene con gestos simples que no deberían desaparecer con los años.
En ese marco, puso el foco en los pequeños acercamientos diarios: “El deseo se sostiene o se enciende con pequeños signos que no tienen que desaparecer”, como una caricia, una cercanía o un gesto de coqueteo, incluso en contextos donde la privacidad es limitada.
Para las parejas estables, recomendó no esperar encuentros idealizados, sino valorar los instantes breves de conexión: “No esperar el gran encuentro sexual, pero sí, yo diría micromentos”. Y advirtió que uno de los mayores riesgos es perder la espontaneidad: “Lo que se pierde es la espontaneidad”.
En ese punto, Moviglia fue claro al desmitificar la planificación: “La planificación no mata el deseo, sino que lo preserva”, siempre que no se transforme en una exigencia que genere tensiones. “No forzarlo porque si no eso genera tensión, y generalmente va en contra del deseo”, agregó.
Desde una mirada biológica, explicó por qué el verano suele asociarse a un aumento del deseo sexual: “Está comprobado que la exposición al sol aumenta la testosterona tanto en hombres como en mujeres”, hormona clave del deseo, y que también “aumenta la serotonina, que es la sustancia del placer”. Por eso, señaló que “generalmente el verano se ha comprobado en números que se duplica, inclusive se triplica la frecuencia de relaciones sexuales”.
Sin embargo, alertó sobre los riesgos asociados a este incremento de la actividad sexual, especialmente en los encuentros ocasionales: “Hay una epidemia de sífilis nuevamente, justamente por tener mucho contacto sexual, sobre todo en gente joven, sin el uso de preservativo”. Y aclaró: “No es que esté en contra de la actividad sexual, no es así”, sino que llamó a disfrutar con responsabilidad.
El sexólogo insistió en la necesidad de bajar las expectativas irreales: “Bajar las expectativas, pero usar la imaginación, eso no perderlo, usar la imaginación para encontrar momentos de intimidad”, y recordó que los problemas previos de pareja no desaparecen por estar de vacaciones: “Mágicamente no desaparecen las cosas”.
Finalmente, reivindicó una concepción amplia de la sexualidad: “Yo soy un defensor de los encuentros sexuales, de la sexualidad, del abrazo, de la caricia, del beso, no solamente del acto coital en sí mismo”, y destacó sus beneficios emocionales y vinculares.
Antes de despedirse, Moviglia reflexionó sobre los efectos de la despersonalización en la vida cotidiana y su impacto en los vínculos: “Estamos en un mundo impersonal”, y concluyó con una invitación simple pero profunda: “Tratar de besarse más y acariciarse más”. (www.REALPOLITIK.com.ar)