Patricia Salinas explicó que el libro comenzó como un diario íntimo. “No planeaba escribir una novela. Era un diario mío y después tomó vuelo, se despegó de mi persona y se transformó en ficción”, señaló. En ese proceso, el psicoanálisis y el trabajo con la palabra fueron centrales: “Creo profundamente en las palabras y en la posibilidad de novelar la experiencia, de darles tratamiento a cosas que pesaron y que nos pasaron”.
La autora destacó que la publicación del libro, en el contexto actual, tiene un peso simbólico particular. “Que salga ahora, un libro que habla de derechos, identidad y memoria, me sorprendió gratamente. Darlo a luz en este momento histórico es muy significativo”, afirmó, y remarcó que presentar la novela hoy “es casi una militancia total”.
Casa con pileta transcurre en un territorio íntimo y a la vez político. La historia dialoga con la memoria colectiva a partir de la cercanía de la protagonista con el Pozo de Quilmes, excentro clandestino de detención hoy recuperado como sitio de memoria. “No soy documentalista histórica”, aclaró Salinas, y mencionó el trabajo de Laura Rosso como una referencia fundamental en la investigación sobre ese lugar. “En la novela aparece de forma ficcional, pero el impacto de vivir al lado de ese espacio fue decisivo”, explicó.
La escritora relató que escuchar voces y conversaciones desde la cercanía del predio despertó una pregunta inevitable: “¿Cómo no se escuchaba lo que pasaba? ¿Qué mecanismos de negación operan para no ver ni oír lo insoportable?”. Esa inquietud atraviesa el libro y se enlaza con una reflexión más amplia sobre la sociedad argentina y su búsqueda permanente de identidad.
En la novela, la protagonista se cruza con personajes que complejizan su camino: una excompañera militante, un abogado exmontonero, vecinas negadoras, una familia inglesa en decadencia y una institución de salud mental que promete ofrecerle aquello que siempre buscó. La historia incorpora además elementos surrealistas que, según Salinas, “refrescan una trama trabajosa como es la búsqueda de la identidad”.
Consultada sobre la recepción del libro, contó que algunos lectores la definen como una novela compleja y otros como de lectura ágil. “No pretendí escribir desde las alturas ni hacer algo críptico. Escribí desde la necesidad de nombrar, de decir lo que estaba adentro”, sostuvo.
Finalmente, Salinas se refirió a la experiencia de publicar y al trabajo editorial que realizó junto a Gustavo Álvarez Núñez, a quien destacó por su acompañamiento en el proceso. “Publicar es una sorpresa enorme, algo que todavía me cuesta creer. Requiere mucho trabajo, paciencia y deseo, pero esto demuestra que el deseo, al final, siempre se impone”, concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)