Al momento de definir el discurso presidencial, Gustavo Marangoni fue contundente: “Diría el regreso del panelista, la estética del panelista, el Milei gatillero, el estilo que lo hizo conocido”. En ese sentido, explicó que el mandatario recuperó un registro basado en “la polémica, el insulto, el grito, la agresión, la transgresión, la estética de la desmesura”, un rasgo que, aclaró, el propio presidente reivindica como virtud frente a lo que considera la falta de coraje de la dirigencia tradicional.
Según el politólogo, este estilo no es casual ni improvisado: “Milei le habla siempre a los propios, no es un político que busca seducir a aquellos que están en los límites o en los bordes”, sino que apunta a “fidelizar a los recontra ya fidelizados, entusiasmar a la tribuna”. En esa lógica, explicó que el discurso estuvo dirigido tanto a los legisladores presentes como, sobre todo, “traspasando la pantalla hacia aquellos que tienen un entusiasmo por el propio presidente”.
Marangoni encuadró esta estrategia dentro de una lógica populista: “Un populista sin enemigos es como un yugo incompleto”, afirmó, y agregó que Milei construye adversarios a partir de “el sobrenombre, la burla, el apodo, el sarcasmo, que es muy argentino y específicamente porteño”. Para el analista, este recurso resulta eficaz en el contexto actual: “En esta era de las pantallas, en esta era de la hipercomunicación, tiene que haber un llamador muy grande para que vos lo hagas”.
En esa línea, sostuvo que la autenticidad del presidente es parte central de su capital político: “Milei es como es, y además sobreactúa su forma de ser, porque desde un tiempo a esta parte se dio cuenta que eso era un fenomenal artefacto para acumular capital político”. Incluso fue más allá al definirlo como “un desregulado emocional, muy propio de esta época”, en la que —según describió— prima la exposición sin filtros y el rechazo a la corrección política.
Consultado sobre la ausencia de sectores de la oposición en el recinto, Marangoni descartó cualquier sorpresa: “No me sorprende en absoluto, era como la crónica de una muerte anunciada”. Sin embargo, advirtió sobre el costo político de esa decisión: “En política, yo he conocido políticos con distintas discapacidades, pero no he conocido ningún político mudo”, y remarcó que “cuando los políticos no van, muchas veces es porque no saben qué decir” frente a una figura que descoloca a sus adversarios.
Para el analista, parte de la eficacia del presidente radica en que “elige a los adversarios, instala el tema y se aprovecha del desconcierto opositor”, algo que, aclaró, no implica adherir a su figura: “Cuando uno describe un fenómeno, no lo suscribe, lo inscribe”.
Sobre los ataques a empresarios y la narrativa del complot, Marangoni explicó que responden a la misma matriz: “El populismo necesita adversarios y complots, porque pone la política en términos morales”. En ese esquema, indicó, “si hay un mal, tiene que haber un club de malvados”, lo que también sirve para justificar resultados que no se alcanzan: “Eso es parte de la narrativa de Milei”.
Al evaluar el balance general, consideró que el presidente “habrá quedado conforme con el saldo positivo por el hecho de haber marcado la cancha”, y destacó una estrategia comunicacional clave: “Se da cuenta de que no les tiene que dar publicidad gratis” a sus adversarios, aludirlos sin nombrarlos y con el respaldo de la televisación oficial.
Finalmente, Marangoni se refirió a la situación del peronismo, al que definió en crisis: “Está en mal momento porque perdió, porque no tiene una conducción clara”. No obstante, relativizó los pronósticos terminales: “La muerte del peronismo fue anunciada desde el 55 para acá en innumerable cantidad de oportunidades”. (www.REALPOLITIK.com.ar)