En política, prometer es gratis. Gobernar, no tanto. Y en Santa Fe, el gobernador Maximiliano Pullaro parece haber entendido que la autoridad no se declama: se ejerce. Las encuestas recientes lo ubican por encima del 50% de aprobación, un número que no abunda en tiempos de ajuste, malhumor social y billeteras flacas.
El dato no es menor: se consolida como uno de los mandatarios provinciales con mejor imagen del país. La clave, según el pulso territorial, tiene dos patas claras: agenda de seguridad y liderazgo activo en el territorio. Pullaro construyó su perfil político en el Ministerio de Seguridad.
Ahora lo amplificó desde la Gobernación. Operativos, presencia institucional y una narrativa firme frente al delito. En una provincia golpeada por la violencia narco en el Gran Rosario, ese eje no es retórico: es supervivencia política.
Seguridad ya no es el único tema
Durante 2023, la inseguridad era el tema excluyente. Hoy el tablero cambió. En el Gran Rosario, la economía desplazó a la violencia como principal preocupación. Desempleo y costo de vida encabezan la agenda ciudadana.
Cuando baja un incendio, aparece otro. La política siempre corre detrás de esa percepción. Pullaro lo sabe. Por eso se mueve con equilibrio quirúrgico frente a la Casa Rosada.
Aliado crítico de Milei
El gobernador radical sostiene una posición interesante: apoya el rumbo económico nacional, pero marca límites cuando se trata de la producción santafesina.
Defiende con énfasis al agro, la industria y el entramado exportador provincial. En otras palabras, acompaña el ajuste macro, pero no resigna la agenda productiva local. Ese rol de “aliado crítico” le permite diferenciarse sin romper. Es un juego fino. Demasiado alineado, pierde identidad. Demasiado distante, pierde gobernabilidad.
2025 y 2027: la pregunta que incomoda
La matemática electoral es simple. La política no. Si PRO, la UCR que lidera Pullaro y La Libertad Avanza confluyen en una misma boleta, el escenario es casi de arrase. El peronismo santafesino hoy ronda el 20% y atraviesa una etapa de reconfiguración interna.
Pero si el voto de centro-derecha se fragmenta, la historia cambia. La división podría abrir una ventana de competitividad para un peronismo que, aunque debilitado, conserva estructura territorial. La gran incógnita no es solo ideológica. Es estratégica. ¿Prima la construcción de poder conjunto o la identidad partidaria?
Liderazgo territorial vs. interna nacional
Pullaro consolidó un activo que pesa: territorio ordenado y narrativa clara. Se muestra presente, activo y con iniciativa. En tiempos donde muchos dirigentes parecen comentaristas de la realidad, el gobernador apuesta a “hacerse cargo”. Y, al menos por ahora, eso rinde en las encuestas.
El desafío será sostener números altos si la economía no mejora. Porque cuando la billetera duele, ningún discurso alcanza. La política santafesina entra en un período decisivo. Seguridad ya no es suficiente. Economía manda. Y la unidad —o la fragmentación— definirá si el oficialismo provincial consolida su hegemonía o abre la puerta a un reordenamiento opositor.
La ciencia política enseña algo básico: cuando un liderazgo supera el 50%, deja de ser solo popular. Empieza a ser estructural. El interrogante es cuánto dura esa curva y qué alianzas la sostienen. (www.REALPOLITIK.com.ar)