Desde la oposición ha comenzado a debatirse la construcción de un frente anti Javier Milei para las presidenciales del año próximo. El armado es aún incipiente y debe ir definiendo sus límites e integrantes. Una sola cosa parece quedar en claro: no puede prescindirse de Cristina Fernández de Kirchner, aunque sería necesario encontrarle un rol que no espante a los votantes moderados, al tiempo que deberán tomarse los recaudos para que no absorba la hegemonía de la construcción para manejarla a voluntad.
La iniciativa golpea frontalmente las aspiraciones de un Axel Kicillof que, en los últimos tiempos, ha cometido demasiados errores y no parece encontrar la luz al final del túnel. Pese a ser al resultado de medio término ha perdido musculatura legislativa, y ha fracasado en todos sus intentos de fortalecer su gobernanza y escalar en la construcción de poder dentro del panperonismo. Del lado de cristinismo le reprochan su abandono de todo intento de reivindicación de Cristina y de reclamo por su liberación. Del peronismo más tradicional lo ven como un infiltrado de izquierda que les merece escasa confianza. Sólo le quedan algunos intendentes y sindicatos del Movimiento Derecho al Futuro, pero incluso en estos casos su paciencia ha comenzado a agotarse.
Tan comprometida es la situación del gobernador que ha debido posponer para la segunda mitad del año las giras de campaña nacional para tratar de instalar su candidatura presidencial. Paradójicamente mientras los candidatos a sucederlo en la gobernación dentro del panperonismo ya han iniciado sus propias campañas o están a punto de hacerlo, Kicillof debe quedarse atornillado en La Plata atajando penales pateados por propios y extraños.

Incluso dentro del núcleo más selecto de su gobierno la confrontación interna no deja de escalar. Días atrás, Augusto Costa lanzó el “axelismo porteño “ con su propio sello, Kilómetro Cero, sin pena ni gloria, ya que no asistieron ni Andrés Larroque, ni Carlos Bianco y mucho menos el propio gobernador.
En la vereda de enfrente, a Cristina Fernández no le va mucho mejor. El encierro y el aislamiento significaron su alejamiento de las tribunas públicas en las que solía exhibirse y conectar con lo que quedaba de sus incondicionales. Sólo le permiten la visita de cuatro personas a la semana con un total de seis horas en total. En estas condiciones, hacer rosca se le dificulta.
Estas condiciones han comenzado a mellar su ánimo, aunque aún se mantiene sumamente atenta a todo lo que pasa e intenta preservar lo que conserva de su acotado liderazgo político. Justamente esta decisión de mantenerse políticamente activa se cristalizó con la visita de Miguel Ángel Pichetto. Ambos coinciden en que la expresidente debe participar del frente anti Milei, que el mismo debe construirse a partir de alianzas parlamentarias, y en su compartida animadversión hacia Axel Kicillof.
Pichetto, viejo lobo de mar, sabe que, aún con una muy reducida tribu política, Cristina sigue siendo un componente indispensable a la hora de fogonear la naciente alianza y también que no se puede prescindir de los votos que aún conserva. Pero también tiene en claro que no deja de ser “piantavotos” a la hora de tratar de sumar figuras y espacios que no provengan del panperonismo, o a la hora en que las urnas deban expresarse. ¿Suma o resta su participación? En esto hay opiniones discordantes, pero cierto consenso entre los iniciadores de la movida de que sin sus votantes no hay posibilidad de generar una alternativa política opositora. Queda la duda de cuán plural podría llegar a ser con este convidado de piedra.
Mientras que Cristina se marchita añorando en vano el retorno de los tiempos idos, Kicillof mastica el amargo sabor del fracaso anticipado, y Pichetto, Emilio Monzó y Guillermo Moreno especulan con sus propias posibilidades de sobrevida, desde el gobierno miran el panorama con optimismo. No creen que se pueda enfrentar seriamente a Javier Milei –“el futuro”- con semejantes estandartes del pasado, cuyo repudio justamente llevó a la presidencia al libertario. Mientras tanto, Sergio Massa se mantiene distante y en las sombras. Sabe que sólo deben jugarse las cartas en el momento adecuado, y que incluso no jugarlas y permanecer al margen es mejor opción que sumarse en esta etapa incipiente a un colectivo cuyas posibilidades de éxito aparecen muy acotadas y prácticamente garantizan la derrota.
Adicionalmente, la imposibilidad de imaginar siquiera un programa alternativo que provoque empatía social que unifica a la oposición le da más aire a la ambición de Milei de ser reelecto. La insistencia desesperada de las caras y agrupaciones del pasado que terminaron en fracaso –en primer lugar, La Cámpora- impide el debate interno y el surgimiento de nuevas alternativas de liderazgo en los diversos niveles.
En estos términos, toda la oposición juega a favor de Milei, y tácitamente lo aceptan, al apostar todas sus fichas al fracaso de la gestión del libertario sin esforzarse demasiado por encontrar la fórmula para acercarse a los votantes menores de 45 años, ni tampoco por redefinir sus fundamentos programáticos a la luz de las nuevas condiciones y sentido común que se han instalado en la sociedad argentina.
Simplemente deambulan tratando de conservar las cajas y lugares institucionales que manejan, a sabiendas de que una nueva derrota electoral en 2027 prácticamente los borrará del mapa. (www.REALPOLITIK.com.ar)