Los tarifazos en la luz y el gas y la suba en los alimentos dan cuenta de la mitad del indicador de inflación de febrero. El segundo mes del año generalmente expresa una caída en el índice inflacionario. Es un mes "planchado”, entre diciembre y enero festivos y de vacaciones, y un marzo que viene acompañado del reinicio de los ciclos lectivos y del conjunto de la actividad económica. Pero Javier Milei y Luis Caputo hicieron un nuevo “milagro”: mantuvieron el indicador de enero, conservando el viejo instrumento de medición.
Según Christian Buteler, de haberse aplicado la nueva herramienta de medición, aprobada e inmediatamente cancelada por el gobierno, lo que motivó la renuncia de Marco Lavagna, los resultados habrían sido aún peores. “Con el nuevo índice que fuera anunciado en octubre y suspendido en febrero, cuando ya había comenzado a regir en enero, la inflación hubiese dado 3,1 por ciento”, posteó en su cuenta de X. El informe de Martín Rozada, en tanto, no deja lugar a dudas: “La inflación actualizada en el mes de febrero de 2026 fue de 3,1 por ciento impulsada por vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, alimentos y bebidas no alcohólicas”.
Desde sus inicios, el gobierno apuntó todas sus cartas al combate contra la inflación, y para ello destruyó literalmente la economía productiva, multiplicó la desocupación y los cierres y convocatorias de acreedores de decenas de miles de empresas y liquidó los salarios. Todo eso para “enfriar” la economía. Pero nada de eso sirvió: la inflación sigue en alza desde hace 10 meses, la demanda interna se ha pulverizado y la mayoría de los salarios están por debajo del mínimo y la mano de obra, precarizada. Sumado a esto, el dólar planchado incrementa los costos internos y la apertura irrestricta de importaciones, la mayoría de las cuales no pagan impuestos, arrasó con la industria nacional.
Por más que el gobierno lo niegue, la estanflación se ha instalado hace tiempo, y el sacrificio al que se ha sometido a la mayoría de los argentinos ha sido en vano. Cada mes que pasa hay menos empresas, menor actividad industrial, salarios más bajos y menor cantidad de empleos reales. Las aplicaciones de transporte de pasajeros bajan sus tarifas ante el incremento constante de nuevos proveedores-“emprendedores”.
Al “Messi de las finanzas” se le han acabado los argumentos. Sabe que de nada vale responsabilizar al gobierno anterior o a los “80 años de peronismo”. El gobierno no acierta a dar respuestas al sacrificio social, ni tampoco parece esforzarse demasiado. A punto tal que el “Toto” Caputo sólo atinó a argumentar que el país está en un "proceso de corrección de precios". Los posteos triunfalistas desaparecieron.
Queda en claro que el gobierno no evalúa respuestas contundentes. Así lo demostró el propio Milei en su discurso de apertura de sesiones, cuando omitió cualquier precisión económica para centrarse en la descalificación, la burla y el insulto a la oposición. Una respuesta política que sólo se justifica cuando las políticas económicas sólo profundizan el daño.
Durante el primer bimestre de 2026 la inflación llegó al 5,9 por ciento, con una variación interanual del 33,1, mientras que la inflación núcleo –aquella que no se ve afectada por la estacionalidad de los productos o los tarifazos-, llegó al 3,1 por ciento, en febrero, superando incluso a la de enero. El ministro de Economía, en un extenso posteo, fue terminante. El “proceso de corrección de precios relativos” seguirá adelante, la degradación social y productiva seguirá incrementándose. La “inflación cero” que anticipó absurdamente el presidente Milei nunca llegará: el gobierno se contenta con que sólo “converja por primera vez en décadas a niveles internacionales”.
Marzo es un mes inflacionario de por sí, y a su lógica tradicional deberá sumarse la continuidad de la caída de los subsidios a los servicios, a lo que se agrega un factor exógeno, un “cisne negro” creado por sus aliados Donald Trump y Benjamín Netanyahu: la disparada del dólar provocada por el ataque a Irán y su impacto sobre la inflación internacional. En la Argentina en apenas una semana los combustibles subieron por encima del 8 por ciento. Y ni qué decir de los acuerdos firmados con los EE.UU. y la Unión Europea que incrementan los precios internos en la carne y las commodities. Ya durante el mes de enero el rubro con mayor incremento fue vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un 6,8 por ciento, “principalmente por la suba de tarifas de gas, agua y electricidad en la mayoría de las provincias y la modificación de los esquemas de beneficiarios de tarifa con y sin subsidio”, que subió un 3 por ciento en enero. Es información del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC), no de la oposición. Y el alza seguirá.
Según el estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), “los datos indican que, en el AMBA y para residenciales, las facturas tuvieron ajustes en el orden del 2,5 por ciento, tanto en gas como electricidad en promedio (el mes pasado habían sido de 3,6), pero a ello se suma la quita de subsidios para la categoría N2. En el caso del agua, cuyo incremento se mantuvo congelado en 2025 en 1 por ciento mensual, se aplicó una suba del 4 por ciento, con un 17 por ciento en los próximos cuatro meses”.
Los gobernadores, incluso aquellos “secanucas” del presidente que lo acompañan en sus giras y apariciones públicas, están aterrados. La coparticipación se ha reducido al mínimo o totalmente, las provincias comienzan a incendiarse con los reclamos sociales y de las fuerzas de seguridad, las encargadas de disciplinar el malhumor social.
En estas condiciones, el propio Caputo ha debido reconocer que no entiende por qué razón su plan de que, a la luz de los brutales ajustes, el riesgo país no decaiga, impidiéndole endeudarse a tarifas más bajas para pagar los altos vencimientos que debe afrontar nuestro país. Hoy está en 566 puntos básicos, lo que implicaría tomar deuda por casi el 12 por ciento. Tampoco encuentra respuesta en los ahorristas argentinos, que siguen comprando dólares para atesorar previendo una eventual catástrofe.
Ya son mayoría los economistas que exigen una devaluación para llevar al dólar a alrededor de 1.800 pesos, e incluso se ha sugerido desde el campo una cotización de 2.500. El incremento del precio del petróleo, del gas y de las commodities en el mercado internacional hace frotarse las manos a las empresas del sector, pero su impacto sobre los precios internos sería demoledor, proyectando la inflación en proporción geométrica.
Mientras tanto, Javier Milei sigue de gira: EE.UU., Chile, España…, dándo cátedra de cómo debe manejarse la economía. Por algo nadie lo imita. Más bien todos hacen lo inverso. (www.REALPOLITIK.com.ar)