El reciente acto de homenaje al expresidente de la Nación, Raúl Alfonsín, fue algo más que una ceremonia donde confluyera lo doctrinario con lo emotivo de retemplar una identidad democrática. Parece que fue algo más que eso y que se pudo observar en forma subyacente a una interesante puesta en escena que contó después de varios años con un acompañamiento del gobierno municipal de turno.
Este detalle permitió una organización y una asistencia mayor a la habitual donde cinco o seis decenas de militantes con boina escuchaban a alguna autoridad partidaria de turno. En esta ocasión, la presencia -alimentada por simpatizantes de otros partidos- superó todas las expectativas y se midió en centenares.
El cuadro presentado viene muy oportuno para contrastarlo con una imagen que se pudo percibir tanto en asistencias de diferentes dirigentes, como a través de los discursos de dirigentes radicales que acompañaron al intendente Julio Alak.
En cuanto a las presencias rutilantes, vale contar que el senador nacional, Maximiliano Abad, tuvo que conformarse con sentarse en una primera fila muy cerca del corralito puesto a los efectos de separar al público de quienes fueron verdaderos protagonistas del acto. En ese sentido, y en un escenario imaginario cerca de la estatua del exmandatario estuvieron, por parte de la Unión Cívica Radical (UCR), su titular en La Plata, Pablo Nicoletti, y el exdiputado nacional, Federico Storani, además del hijo de Raúl, Ricardo, quien migró hacia otras latitudes.

La referencia a los espacios cercanos a la estatua y sobre el público no es menor desde lo simbólico y desde lo político que significó que un representante legislativo nacional mirara desde la precaria platea de centenares de sillas negras.
Si eso fue humillante para Abad, aún lo fue más algún que otro discurso escuchado desde algún correligionario que, si bien no hizo alusiones personales, formuló duras diferenciaciones políticas en torno al modelo partidario que debe desarrollarse de aquí al 2027. Es decir, la opción entre escuchar los cantos de sirena de La Libertad Avanza (LLA) o armar un frente político alternativo a Javier Milei.
Para citar un ejemplo, Storani, quien fue uno de los oradores, aprovechó para disparar duro contra las iniciativas de la Casa Rosada y arremetió contra la difícil situación de la industria, la ocupación y demás calamidades de la recesión. No escatimó dureza cuando señaló que desde Balcarce 50 "nos proponen un cambio y este cambio que hoy estamos sufriendo es muy malo, es dañino a los intereses del pueblo”.

Ese y otros discursos como el de Ricardito Alfonsín fueron escuchados por Abad, quien no se inmutó, pero no pudo esquivar la mirada penetrante e inquisidora de más de un militante del partido centenario porque semanas atrás votó gran parte de la reforma laboral que reduce sustancialmente los derechos sociales que, en el artículo 14 bis de la constitución había incorporado el radicalismo, a través de dirigentes como Crisólogo Larralde.
Desde sectores opositores a Abad sospechan que éste quiere remojar en agua tibia a muchos radicales hasta que se produzca la ebullicion, entendida ésta como el volantazo hacia una relación carnal con La Libertad Avanza para las próximas elecciones del 2027. Por supuesto que el clima de tensión se vivió desde la perspectiva de los militantes, quienes, cautelosos y prudentes por un homenaje que trascendía divisiones, no hicieron alusiones personales.
Sin embargo, la postal del citado homenaje reflejó y refleja que las divisiones son algo más que un fenómeno pasajero porque afloran diferencias ideológicas y metodológicas profundas entre quienes ofrecen una cosmética visión de centro y aquellos que expresan una diferenciación sustancial que implica todo lo contrario a las políticas económicas, culturales y sociales que propone el presidente Milei. (www.REALPOLITIK.com.ar)