La disolución del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA) ya no es una hipótesis ni un anuncio político: es un proceso en marcha con planificación detallada, plazos definidos y riesgos sanitarios reconocidos por el propio gobierno de Javier Milei.
Así surge de una serie de documentos internos fechados en marzo de 2026 a los que tuvo acceso REALPOLITIK, que describen el esquema de transición hacia las nuevas estructuras —OSFA y OSFFESEG— y exponen tanto las causas del colapso como las consecuencias que podría tener sobre más de medio millón de afiliados.
El primer documento funciona como la puerta de entrada administrativa: una nota formal mediante la cual se eleva el “Plan de Transición” a las autoridades correspondientes. Aunque breve, confirma que el proceso de disolución no solo fue decidido, sino que ya está siendo ejecutado dentro del aparato estatal.
El núcleo del proceso aparece en el Plan de Transición, donde se reconoce un escenario crítico. Según el informe, la deuda acumulada asciende a más de 212.000 millones de pesos, originada principalmente por aportes mal liquidados desde 2017 y por un fuerte desbalance entre ingresos y costos sanitarios .
El documento detalla que mientras los salarios del sector crecieron un 120 por ciento, los gastos en salud se dispararon un 347 por ciento, generando un desfasaje estructural que terminó por volver inviable el sistema.
A esto se suma una composición poblacional particularmente costosa: el 32 por ciento de los afiliados son pasivos, lo que incrementa significativamente la demanda de prestaciones de alto costo y tratamientos prolongados.
El plan establece la fragmentación del sistema en dos nuevas obras sociales: LA Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) y la Obra Social de las Fuerzas Federales de Seguridad (OSFFESEG).
En este esquema, uno de los puntos más sensibles es que la cobertura de las fuerzas de seguridad podría ser tercerizada mediante la contratación de empresas de medicina prepaga a través de licitación pública .
En paralelo, se proyectan medidas de ajuste concretas: limitación de prestaciones médicas mediante “topes”, reducción de delegaciones territoriales (incluida La Plata), posible venta de activos como unidades turísticas y reestructuración del personal.
Todo esto configura un rediseño profundo del sistema, con menor presencia territorial y mayor control del gasto.
El aspecto más delicado surge del anexo técnico, donde el propio plan reconoce explícitamente la posibilidad de fallas en la cobertura durante la transición.
El documento advierte sobre la necesidad de evitar “cortes abruptos de cobertura”, lo que implica que ese riesgo es real y está contemplado por las autoridades. Además, identifica a los grupos más vulnerables, entre ellos: pacientes oncológicos, trasplantados, personas en diálisis, pacientes con VIH, personas con discapacidad, adultos mayores y pacientes en cuidados paliativos.
Solo dentro de las fuerzas de seguridad, más de 7 mil afiliados presentan enfermedades crónicas de alto costo, mientras que el sistema registra alrededor de 1.200 egresos hospitalarios mensuales .
Para evitar un colapso asistencial, el plan propone mecanismos de emergencia como comités bilaterales, seguimiento caso por caso y registros manuales de pacientes, lo que evidencia la fragilidad operativa del proceso.
El cierre del IOSFA no solo implica un cambio institucional, sino una reconfiguración completa del sistema de salud para militares y fuerzas de seguridad en Argentina. Con una deuda multimillonaria, un esquema prestacional en revisión y riesgos explícitos en la continuidad de tratamientos, el proceso abre interrogantes sobre su impacto real en los afiliados.
En ese contexto, los documentos internos no solo confirman el diagnóstico de crisis, sino que también exponen un dato clave: el propio estado reconoce que la transición podría afectar la atención médica, especialmente en los casos más sensibles.
A este escenario se suman denuncias de fuerte contenido político. La diputada nacional Lourdes Arrieta advirtió a REALPOLITIK FM sobre presuntos desmanejos millonarios durante la gestión del exministro de Defensa, Luis Petri, incluyendo la posible triangulación de fondos de la obra social con fines electorales. Según sostuvo, la situación ya fue judicializada y se encuentra bajo investigación, en un contexto donde también se denuncian faltantes de insumos básicos y deterioro en las prestaciones.
De confirmarse estas irregularidades, el proceso de disolución del IOSFA no solo respondería a un colapso financiero y estructural, sino también a una trama más compleja que podría involucrar responsabilidades políticas y judiciales. En ese marco, la reconfiguración integral del organismo —con traspaso de funciones, personal, documentación y sistemas— abre interrogantes adicionales sobre la preservación de información clave, ya que una transformación de esta magnitud podría dificultar el seguimiento administrativo y eventualmente entorpecer futuras investigaciones si no se garantizan mecanismos adecuados de resguardo y trazabilidad documental. (www.REALPOLITIK.com.ar)