Los registros de audiencias del poder ejecutivo suelen ser una formalidad burocrática. Listas, nombres, horarios. Un trámite. Pero a veces, leídos en contexto, cuentan otra historia. Eso ocurre con la secuencia de reuniones que vinculan a Mauricio Novelli con Javier Milei y, en un punto muy específico del recorrido, con el actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El primer movimiento es silencioso. El 20 de septiembre de 2024, Novelli entra a la Casa Rosada y se reúne a solas con el presidente. No hay otros funcionarios. No hay ruido. El motivo formal habla de “Tech Forum Argentina”, pero lo sustancial es otra cosa: el acceso directo. Sin filtros. Sin intermediarios.

Un mes después, la escena cambia. Ya no es un despacho oficial, sino el hotel Libertador. Ya no es una reunión, sino dos. Y ya no están solos.
El 19 de octubre, con apenas media hora de diferencia, Milei recibe a dos referentes internacionales del mundo tecnológico. Primero, al empresario Bartosz Lipinski, vinculado al desarrollo blockchain aplicado al sector público. Después, al emprendedor Julian Peh, enfocado en inteligencia artificial descentralizada. Los nombres cambian, los temas se encadenan, pero hay algo que se mantiene intacto: el núcleo. Milei, Novelli… y Adorni.


Ahí es donde la historia empieza a tensarse. Porque por entonces Adorni no ocupaba un rol técnico en el gobierno. No era canciller, no manejaba áreas productivas, no conducía ninguna agenda tecnológica. Era el vocero. Sin embargo, está sentado en ambas reuniones. No en un saludo protocolar, no en una foto, sino en el corazón de los encuentros.
Y no se trata de reuniones cualquiera. Aunque figuren como “protocolares”, lo que se discute es específico, especializado y alineado con un universo que hoy está bajo sospecha: blockchain, inteligencia artificial descentralizada, arquitectura tecnológica vinculada al mundo cripto. Lo que muestran esos registros no es una visita de cortesía. Es una agenda.
Una agenda que tiene continuidad. Porque en enero de 2025, Mauricio Novelli vuelve a aparecer en Casa Rosada, esta vez junto al estadounidense Hayden Davis, una figura central en la trama que rodea a la presunta estafa $Libra, para seguir hablando de tecnologías descentralizadas. El vínculo ya está aceitado. La dinámica, consolidada.

Pero hay un detalle que desentona: en esa instancia, Adorni ya no está. Su presencia queda encapsulada en ese momento inicial, cuando las conexiones se activan y los contactos se ordenan.
Ese recorte temporal es el que abre la primera pregunta incómoda. ¿Qué hacía exactamente el vocero presidencial en esas reuniones? ¿Cuál era su rol real en una mesa donde se discutían desarrollos tecnológicos complejos y se tejían vínculos con actores internacionales del ecosistema cripto que luego desencadenaría el escándalo de corrupción más grande del gobierno libertario?
No hay, en los registros, ninguna respuesta explícita. Pero sí una evidencia difícil de esquivar: Adorni estuvo ahí cuando empezó todo. Y ese dato adquiere otra dimensión a la luz del escándalo que rodea al caso $Libra, donde el nombre de Novelli aparece como nexo clave en la articulación entre el sector privado y el poder político.
La segunda pregunta surge casi por decantación. En un gobierno donde varias figuras fueron corridas o perdieron peso —como José Luis Espert o Diego Spagnuolo—, Adorni no solo se mantiene, sino que conserva centralidad y exposición. No es un dato menor. Tampoco necesariamente inocente.
Puede explicarse por su valor como vocero devenido en jefe de Gabinete, por su cercanía con Milei o por su capacidad para sostener el discurso oficial en momentos de crisis. Pero también habilita otra lectura, más sensible: que su conocimiento sobre el origen de ciertos vínculos lo vuelva una pieza difícil o incómoda de mover. Nada de esto prueba un delito. Pero tampoco es irrelevante.
A ese cuadro se suma otro elemento que empieza a circular en ámbitos políticos y mediáticos: cuestionamientos sobre la situación patrimonial de Manuel Adorni, que hasta el momento no derivaron en imputaciones judiciales pero que agregan un factor adicional de atención sobre su figura en este contexto de vínculos, decisiones y acusaciones de estafa y asociación ilícita.
Porque cuando los registros oficiales empiezan a encajar con los nombres que hoy aparecen en el centro de una investigación, lo que antes era rutina administrativa pasa a ser otra cosa. Pasa a ser contexto. Y en ese contexto, la figura de Adorni deja de ser solo la voz del gobierno para convertirse en una presencia que, al menos, merece ser explicada.
Sobre todo porque las preguntas siguen ahí. Qué sabía. Qué hizo. Y por qué sigue. (www.REALPOLITIK.com.ar)