Martes 31 de marzo de 2026

Opinión

Relato y oportunismo

La memoria selectiva del kirchnerismo

30/03/26 | José Ignacio Rucci, Isabel Perón, Mario Bergoglio y los olvidos convenientes.


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Por:
Bruno Quagliardi

En la Argentina hay un negocio político que ha rendido durante años. Administrar la memoria como si fuera una propiedad privada. Decir quiénes merecen duelo, qué nombres merecen homenajes, qué violencias deben ser contadas y cuáles convienen esconder debajo de la alfombra de la corrección ideológica. En ese negocio, el kirchnerismo ha sido un experto.

Se presentó durante dos décadas como herederos exclusivos de la justicia social, del Movimiento Nacional Justicialista y hasta de la sensibilidad cristiana, cuando en realidad han sido, muchas veces, apenas una maquinaria eficaz de relato, oportunismo y amnesia selectiva.

Porque si de memoria hablamos, entonces hay que hablar de José Ignacio Rucci, asesinado a balazos por Montoneros, apenas dos días después del triunfo electoral de Juan Domingo Perón. Hay que hablar de Isabel Perón, demonizada por quienes después pretendieron reescribir los años setenta. Hay que hablar de Gerónimo “Momo” Venegas, perseguido y humillado por no arrodillarse ante el poder de turno. Y hay que hablar, también, de Jorge Mario Bergoglio, Francisco. Cuando todavía no era Papa y el kirchnerismo lo trataba como un enemigo público.


José Ignacio Rucci. 

Esa es la contradicción más obscena de todas. Los mismos que hoy se persignan ante la memoria de Francisco, ayer querían destruirlo.

No fue una diferencia menor ni un malentendido de época. Fue una hostilidad sistemática.

Cuando Bergoglio era Arzobispo de Buenos Aires, el kirchnerismo lo acusaba de ser “jefe espiritual de la oposición”, lo hostigaba desde el aparato cultural, mediático y político, y hasta alentó operaciones para vincularlo con los años más oscuros de nuestro país. El propio Francisco reveló, ya siendo Papa, que desde el poder “querían cortarle la cabeza” y que hubo presiones para condenarlo, no por justicia, sino por conveniencia política.

Pero el kirchnerismo tiene esa capacidad litúrgica de odiar hoy y canonizar mañana, según convenga al calendario electoral o a la escenografía simbólica. Cuando Bergoglio fue elegido Papa, de golpe dejó de ser un reaccionario peligroso y pasó a ser una foto obligatoria en el Vaticano. Bergoglio no cambió, cambió la utilidad de Bergoglio.


El cardenal Jorge Bergoglio durante una misa en la Catedral metropolitana de Buenos Aries.

Aquí aparece una cuestión más profunda, la religión como utilería.

El kirchnerismo jamás entendió del todo al catolicismo porque siempre intentó usarlo como un accesorio moral.

La tradición cristiana, lo declara profundamente: nadie puede ocupar el lugar de Dios ni declararse dueño del bien y del mal.

Ese es, precisamente, el pecado más persistente del kirchnerismo. Haberse creído una religión civil.

Con sus dogmas, sus herejes, sus mártires oficiales y sus excomulgados. Con su altar laico y su catecismo partidario. Pero una fuerza política que necesita borrar a Rucci para hablar de peronismo, denigrar a Isabel para hablar de historia, perseguir a Venegas para hablar de trabajadores y atacar a Bergoglio para hablar luego de Francisco. No construyen memoria, construyen falsificación.

Hoy seguimos viendo a dirigentes hablar en nombre del “campo popular” mientras desprecian al trabajador real, al sindicalismo que no les responde, al pequeño productor, al hombre del interior, a la cultura del esfuerzo y a toda expresión que no entre en su molde. Hablan de pueblo, pero detestan al pueblo cuando no los acompaña.

El peronismo, en cambio, nació de otra raíz. No nació de asambleas de vanidades morales sino en la comunidad organizada.

Por eso molesta tanto recordar a ciertos nombres. Porque Rucci recuerda la lealtad y el precio de la traición. Isabel recuerda que la historia no puede escribirse solo desde el odio retrospectivo. Venegas recuerda que el sindicalismo no nació para ser oficina auxiliar del progresismo estatal y Bergoglio, que la iglesia no está para bendecir facciones, sino para incomodar conciencias.


Isabel Perón. 

Tal vez el mayor problema del kirchnerismo no haya sido su afán de poder –eso, al fin y al cabo, lo comparten casi todos los espacios-, sino su pretensión de monopolizar el sentido moral de la Argentina.

La verdad siempre vuelve. Y cuando vuelve, deja al descubierto que muchos de los que hoy hablan, en realidad solo practican olvido dirigido.

La Argentina necesita otra cosa.

Menos liturgia del resentimiento y más reconciliación nacional.

Nunca vamos a reconstruir la historia obteniendo verdaderamente una unidad nacional, si siguen utilizando a Dios, a Perón o al Papa según convenga la ocasión.

Vamos a reconstruir la historia, teniendo el coraje de recordar todo.

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