El debate sobre el racismo volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública, esta vez impulsado por el mediático Jorge Zonzini, creador del fenómeno viral “La Cheta de Nordelta”, quien reavivó la polémica al plantear una pregunta incómoda: ¿quién ocupa el “podio” de la figura más racista del país?
La abogada Agostina Paez quedó en el centro de la escena tras protagonizar un escándalo en Brasil, donde fue detenida y atravesó un proceso judicial por insultar a ciudadanos brasileños, a quienes trató de “simios” durante sus vacaciones.
El episodio generó un fuerte rechazo: fue señalada como racista tanto por la opinión pública como por los medios de comunicación y la Justicia brasileña.
Sin embargo, para Jorge Zonzini, impulsor del debate mediático, la figura que sigue encabezando ese ranking es otra:
“La Cheta de Nordelta”, nombre con el que se hizo conocida Cinthia Solange Dhers.
Según el manager, su “pollo” —como suele decir— continúa siendo el caso más representativo de discriminación clasista y social en Argentina.
El caso de Cinthia Solange Dhers se remonta a un audio de WhatsApp que se viralizó masivamente hace años, pero que todavía hoy sigue presente en la memoria colectiva.
En ese mensaje, Dhers criticaba a sus vecinos del barrio Nordelta con frases que generaron indignación: “Me molesta ver gente con reposeras de Mar del Plata tomando mate en el muelle” y también cuestionaba la presencia de personas con “determinados códigos de estética visual y moral” distintos a los suyos.
Incluso llegó a afirmar: “La gente no se ve mala, pero se ve que viene de barrios visualmente no muy buenos”.
El audio, difundido por Zonzini, se convirtió rápidamente en un fenómeno viral que desató un debate nacional sobre discriminación, clasismo y prejuicios sociales.
Tras la explosión mediática, Dhers —que en ese momento tenía 53 años y hoy tiene 62— optó por recluirse. Sin embargo, la exposición no se detuvo.
Las redes sociales hicieron lo suyo: su pasado, sus vínculos y su estilo de vida comenzaron a ser analizados en detalle.
Aparecieron imágenes junto a figuras mediáticas como Jacobo Winograd y Marina Dodero, además de registros de su presencia en eventos del jet set, desde fiestas en Punta del Este hasta encuentros sociales en embajadas.
Uno de los puntos más polémicos fue su presentación como médica cirujana.
Sin embargo, ninguna de las asociaciones profesionales correspondientes la registraba en sus padrones.
Además, salieron a la luz datos sensibles:
Sobre este punto, su expareja, Jacobo Winograd, fue lapidario: “Es tan médica cirujana como Gisele Rímolo”.
El impacto del audio fue tal que los propios vecinos de Nordelta organizaron mateadas en señal de protesta, apropiándose irónicamente de aquello que Dhers había criticado.
Entre las frases que circularon en ese contexto, una sintetizó el clima social: “Si no quiere estar acá, que se vaya”.
Mientras el caso de Agostina Paez vuelve a poner el foco en la xenofobia explícita, el recuerdo de “La Cheta de Nordelta” revive una discusión más profunda: el racismo estructural, el clasismo y los prejuicios sociales que persisten en distintos sectores de la sociedad argentina.
Para Zonzini, la discusión sigue abierta.Para el resto, la pregunta incomoda pero persiste: ¿quién representa mejor ese lado oscuro que, cada tanto, vuelve a salir a la superficie? (www.REALPOLITIK.com.ar)