Miércoles 1 de abril de 2026

Internacionales

Causa Malvinas

Alianza Brasil - Reino Unido: Pablo Quirno, el último en enterarse

01/04/26 | La alianza entre Brasil y Reino Unido expone fallas de la Cancillería libertaria y debilita el reclamo argentino por Malvinas.


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En el mundo de las infidelidades matrimoniales, suele decirse que el cónyuge es “el último en enterarse”. En las relaciones diplomáticas, el ministro de RREE, Pablo Quirno, enfureció con su embajador en Brasilia por no haberlo informado sobre el intenso romance que viven Brasil y el Reino Unido.  

Según cuentan fuentes del Palacio San Martín, los gritos del canciller Quirno retumbaban en las bien decoradas paredes del “piso 13”, donde tiene su despacho el titular del ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. El destinatario de la ira del canciller era el embajador argentino en Brasilia, el exmacrista Daniel Raimundi. Sucede que el jefe de la embajada en Brasil se distrajo por completo y no informó a la Cancillería que su país anfitrión venía tejiendo una alianza estratégica con el único país con el que la República Argentina tiene un conflicto diplomático abierto, luego de una guerra que dejó un saldo de 650 connacionales muertos.

“No puede ser que yo sea el último en enterarme, la puta madre”, le reclamó un vehemente Quirno al embajador Raimundi, quien no salía de su asombro y sólo tartamudeaba medias palabras. El canciller puso el grito en el cielo porque, según lo informara a REALPOLITIK desde San Pablo uno de los más experimentados embajadores de carrera del servicio exterior, “la dejadez diplomática de Raimundi pavimentó una alianza entre Brasil y Reino Unido”. Ambas naciones acaban de sellar un pacto estratégico 2026-2030, para fortalecer el diálogo político y la cooperación internacional; el comercio y la inversión; la seguridad y la defensa.


Islas Malvinas.

Malvinas y el costo de una política exterior sin estrategia

En rigor, el reciente anuncio de la "Sociedad Estratégica Brasil – Reino Unido" no es un evento aislado ni fue una sorpresa para los especialistas que siguen en prospectiva los movimientos de la política internacional. En efecto, es el corolario de dos años de una política exterior argentina caracterizada por el destrato a sus vecinos, el desprecio a la región y la obsesión por complacer al gobierno de Estados Unidos. Además, claro está, se explica por su postura débil y vacilante sobre la cuestión Malvinas.

Según lo denuncian diversas organizaciones de excombatientes, la falta de decisiones de fondo y el incumplimiento de promesas constitucionales por parte del gobierno de Javier Milei terminaron por "naturalizar" la presencia colonial británica en el Atlántico Sur, “al punto de haber hecho posible que el principal socio regional de Argentina termine siendo un aliado estratégico del usurpador”. 

No obstante, cabe señalar que el debilitamiento de la causa Malvinas dentro la Cancillería argentina había comenzado a tomar forma con Mauricio Macri en 2016 con la firma del “acuerdo Foradori - Duncan”, decisión que marcó un hito de retroceso al proponer “la remoción de todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos". Bajo ese pretendido paraguas, Gran Bretaña no solo consolidó el saqueo pesquero, sino que avanzó en la exploración petrolera, minera y el desarrollo de un puerto multimodal diseñado para competir directamente con el plan antártico nacional.

Pero la desidia diplomática argentina tomó nuevo impulso con la llegada al ministerio de RREE de la libertaria Diana Mondino, primera canciller de Milei, quien junto a sus embajadores en Reino Unido, Mariana Plaza y en la Organización de las Naciones Unidas, Ricardo Lagorio, terminó de perfilar la “Doctrina Plaza” -por el apellido de su polémica impulsora-, postura probritánica que terminó validando la línea de entrega de soberanía con el “acuerdo Mondino - Lammy” en septiembre de 2024.

Ahora, con Pablo Quirno a la cabeza, la Cancillería argentina suma nuevas cuotas de inacción e impericia. Ante el seguidismo de la política exterior de Javier Milei hacia Donald Trump y el pragmatismo de Lula da Silva, el escenario regional giró dramáticamente en torno a la cuestión Malvinas. Mientras el gobierno libertario aliena con sus votos en la ONU el vínculo de la Argentina con los países árabes, africanos y caribeños, Brasil ha decidido jugar sus propias fichas en el tablero global. En ese marco, toma actualidad la pésima decisión del gobierno de Milei de retirarse de los BRICS al momento de su asunción. Dicha medida dejó a la Argentina fuera del tablero de decisiones donde Brasil hoy se mueve con solidez y sentido práctico. 

La elevación de la relación Brasil - Londres al estatus de “alianza estratégica” erosiona el bloque de solidaridad continental que alguna vez fue el mayor obstáculo para la expansión colonial británica en el Atlántico Sur. La firma de este acuerdo para el período 2026 - 2030 deja a la Argentina en una posición de gran debilidad. Si la potencia regional más grande de Sudamérica acuerda objetivos comunes con la potencia ocupante, el reclamo argentino deja de ser una “causa continental” para convertirse en un “conflicto bilateral aislado”.

Avance británico y reposicionamiento regional de Brasil

En ese marco, la falta de seguimiento diplomático de los movimientos en Brasilia -que provocaron la furia de Quirno y, tal vez, la pronto despido de Raimundi-, adquieren más gravedad cuando circulan versiones de compra de buques de guerra británicos (HMS Bulwark) por parte de la Marina de Brasil, hecho que los convertiría en socio preferencial de la Royal Navy. Asimismo, el uso de aeropuertos brasileños por parte de la RAF para sus vuelos hacia las islas podria volverse una constante, más allá de las habituales protestas formales.

En definitiva, este nuevo avance del Reino Unido sobre el Atlántico Sur no es producto de la casualidad. Al desinterés argentino, se le suma la falta de mirada estratégica de los responsables de la política exterior. Ello, junto al pragmatismo brasileño y uruguayo, que actúan priorizando su interés nacional frente a un vecino que los maltrata e insulta cada vez que tiene la oportunidad. En tal sentido, debe interpretarse la oferta británica de patrulleros oceánicos a Uruguay (tres naves clase River Batch 1 que serán dadas de baja por la Royal Navy). De este modo, Londres no solo sostiene su presencia en Malvinas, sino que amplía su red de vínculos políticos, logísticos y militares en el entorno regional. 


El embajador argentino en Brasil, Daniel Raimundi.

El acuerdo firmado por Brasil y el Reino Unido formaliza entre otras cosas el respaldo de Londres para que Brasilia ocupe un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, además de habilitar 5.400 millones de libras esterlinas en garantías para potenciar el comercio. El pacto incluye asimismo un fuerte componente militar: ambas naciones realizarán ejercicios conjuntos entre sus fuerzas armadas, incrementarán los intercambios de tropas y avanzarán en cooperación espacial, industrial y de ciberseguridad. También desarrollarán una doctrina de defensa compartida y coordinarán acciones contra el crimen organizado transnacional.

Lo más grave es que este juego diplomático se desarrolla frente a la narices impávidas de una Cancillería adormecida y en clara descomposición. Más que enojarse con sus embajadores, distraídos o entregados, Quirno debería preocuparse él mismo por defender el interés nacional de los argentinos y no seguir sumando enemigos que luego deberán votar en los foros multilaterales sobre el caso Malvinas. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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