Poco más de las 21.30 estallaron los vítores en la plaza Batthyány, a orillas del río Danubio, justo frente al edificio del Parlamento húngaro. El primer ministro Víktor Orbán reconocía su derrota: “Los resultados de la elección, aunque no son definitivos aún, son claros”.
Habían escrutado menos del 50 por ciento de los votos pero el resultado era irreversible: una victoria contundente de la oposición, que terminaba con 16 años de hegemonía de Orbán en Hungría. Pese las acusaciones de injerencia extranjera durante la campaña y al temor de que se impugnaran los resultados, el mandatario anunció: "Serviremos a la nación desde la oposición".
Tisza-Partido Respeto y Libertad, el espacio liderado por Péter Magyar, obtuvo 138 diputados, Fidesz-Unión Cívica Húngara de Víktor Orbán 55 y el Movimiento Nuestra Patria (en húngaro: Mi Hazánk Mozgalom, MHM) 6. Con este resultado, Tisza controla más de dos tercios de los 199 escaños del Parlamento, lo que le dará el poder de cambiar la constitución de Hungría, diseñada por Orbán a su medida.
Pero el cambio más urgente del nuevo gobierno será el giro hacia Europa, uno de los principales temas de la campaña electoral. En su discurso, Magyar dijo que “Hungría ha estado en Europa durante mil años y va a quedarse allí” y que “volverá a ser un aliado muy fuerte de la Unión Europea y de la OTAN”.

Uno de los primeros objetivos de Magyar será destrabar los miles de millones de euros de fondos de la UE bloqueados por el incumplimiento de las normas comunitarias. Unos fondos que el país necesita con urgencia para reactivar su economía.
Dorottya está sentada junto a mí escuchando el discurso de Magyar en la plaza. Acaba de regresar a Hungría después de 10 años viviendo en Londres: “No es que me guste Magyar. No sé mucho de él. Pero si sé que quiero que termine la corrupción de éste gobierno y que la situación empiece a mejorar”, sintetiza.

Orbán había convertido su oposición a Bruselas y a la guerra en Ucrania en su emblema de campaña, mientras Magyar dijo que está en contra de enviar tropas y armamento, pero que levantará el veto que Hungría ha impuesto al préstamo de 90 mil millones de euros a Ucrania.

“We made it (lo hicimos)”, me llega el mensaje de Alice, una activista que he conocido en Budapest. Tiene 20 años y solo recuerda haber vivido bajo el gobierno de Orbán. Tampoco es fan de Magyar, pero lo apoya igualmente “Nadie es perfecto, pero no creo que Péter Magyar tenga cosas que esconder. Si las tuviera, Orbán las hubiera usado en su campaña”.
Con una participación récord del 77 por ciento en todo el país y más del 80 por ciento en Budapest, el mensaje fue claro: la población quiere un cambio. Entre cánticos de los presentes de “Rusia, fuera” y “Viva Tisza”, Hungría empieza una nueva era. (www.REALPOLITIK.com.ar)