Sábado 25 de abril de 2026

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Choque de dos mundos: La primera cruzada y la fe en el acero

18/09/16 | Las cruzadas fueron un acontecimiento clave de la edad media. Representaron la primera empresa común de los europeos en siglos. El temor al expansionismo islámico, en esta época liderado por sectas radicalizadas como los almohades del norte de África en España, y por los turcos selyuks en oriente, impulso la unidad de los cristianos europeos en pos del rescate de los santos lugares...


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Por:
Sabino Mostaccio

Las cruzadas fueron un acontecimiento clave de la edad media. Representaron la primera empresa común de los europeos en siglos. El temor al expansionismo islámico, en esta época liderado por sectas radicalizadas como los almohades del norte de África en España, y por los turcos selyuks en oriente, impulso la unidad de los cristianos europeos en pos del rescate de los santos lugares y la liberación de oriente medio del dominio del islam. En el siglo X aparece en la cristiandad la idea de “guerra santa”, por la influencia de la reconquista española, que ya llevaba tres siglos, y por las ideas de pureza militante y guerrera que empezaron a difundir monjes y caballeros del sur de Francia, muchos de los cuales fueron como voluntarios a combatir codo a codo con sus hermanos de los reinos hispánicos.

Hacia mediados del siglo XI, Europa había entrado en una era de calma y progreso económico, al aplacarse las invasiones de siglos anteriores y al recuperarse el comercio y la vida urbana gracias a la apertura de nuevas rutas en el Báltico (que empezaba a cristianizarse tras la conversión de los vikingos daneses y los eslavos polacos) y el Mediterráneo (la reconquista de Cerdeña, Sicilia y Córcega por los normandos dio a Italia tranquilidad). Aparecieron las primeras escuelas y universidades y las influencias de los filósofos greco-romanos empezó a notarse en la Europa medieval por las traducciones de escritos árabes y bizantinos.

Precisamente el detonante de la era de las cruzadas sería la llamada desesperada del emperador bizantino Alejo Comneno, en el año 1095, a los cristianos occidentales, para que socorrieran a Bizancio del inminente asalto del Islam. El papa Urbano II recogió el guante y en Clermont-Ferrand, al centro de Francia, convoca un concilio y declara formalmente deber de los caballeros cristianos la lucha contra los infieles, y que todos los que participen en las campañas obtendrían la indulgencia plenaria y el perdón de sus pecados.

Los reyes europeos en el momento carecían de recursos y de tropas, y el emperador germánico en esos momentos se hallaba ocupado en su lucha contra sus barones y contra los paganos del mar Báltico. Las ciudades estado de la península itálica, en especial Génova y Venecia, junto al reino de Sicilia, y los barones franceses y flamencos, como Godofredo de Bouillon (duque de Lorena) y Balduino de Burgo, hermano del primero y conde de Flandes, acudieron presurosos. Pero sin esperar a la concentración de las tropas cristianas en Constantinopla, un grupo de clérigos y fanáticos campesinos, dirigidos por el monje franco Pedro el “Ermitaño”, se adelantaron y realizaron una desafortunada incursión en Asia menor que acabó con una aplastante victoria de los turcos.

Las tropas profesionales de los nobles llegaron a Asia menor a principios de 1096 y a lo largo de tres años fueron sometiendo los principales bastiones islámicos, entre ellos las ciudades de Nicea, Antioquia, Acre, Trípoli y el premio mayor, Jerusalén. Pasaron muchas penurias por la mala logística y las divisiones entre los líderes cruzados, pero el hecho de contar con buenas tropas, el apoyo financiero de Génova y Venecia, y la desunión entre los musulmanes de la época, fatalmente divididos entre chiitas y sunnitas, persas y turcos, árabes y africanos, les facilitó el trabajo final saldado con la captura de Jerusalén en agosto de 1099. Se fundaron principados cristianos en las tierras conquistadas y Godofredo de Bouillon fue el primer gobernante cristiano de Jerusalén en siglos, con el título de “defensor del santo sepulcro”.

Los mercaderes italianos ganaron el monopolio del comercio mediterráneo por tres siglos, lo cual les permitió enriquecer a sus ciudades que empezaron a embellecerse. Los europeos envalentonados continuaron expandiendo su dominio hasta el rio Éufrates e incluso amenazaron las ciudades santas del islam, Medina y La Meca. Hubo enormes celebraciones en Europa y nobles ejemplos de heroísmo y humanismo en muchos guerreros nobles, pero abundaron las crueldades y los actos barbáricos. Las matanzas cometidas por ambos bandos alimentarían el odio entre dos mundos por más de dos siglos.

En esos tiempos puede rastrearse también el origen del nacionalismo armenio, ya que los cruzados fueron benevolentes con este pueblo que cooperó en la causa de los cristianos occidentales, por su aversión tanto a los musulmanes turcos, como a los bizantinos ortodoxos. Los armenios crearon algunos principados independientes bajo protección occidental. El papado ganó un enorme poder e influencia política en Europa, además de miles de fieles más, ya que el siglo XI, que había arrancado con negros presagios para la cristiandad europea, terminaba con fulgurantes victorias (desde la recuperación de las islas del Mediterráneo hasta la captura de Jerusalén, pasando por la conquista de Toledo en la península ibérica).

Este es el relato de la primera cruzada, la más exitosa, plagada de sacrificio y alimentada con la sangre de muchos guerreros y fieles cuyos huesos quedaron para siempre en aquella tierra que tanto Cristo como Mahoma habían hecho suya. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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