El genial compositor Giuseppe Verdi fue no solo uno de los mayores exponentes de la ópera italiana del siglo XIX, sino que también es una destacada figura del movimiento que condujo a la unificación italiana, el llamado “Risorgimento”.
Nacido en 1813, al norte de Italia, tras haber estudiado en Francia, logró destacar en Milán y otras ciudades de la península con sus conciertos. Fue reconocido como un gran creador y un transgresor en lo artístico, y tras el impacto que produjeron en las revoluciones de 1830 y 1848, que sacudieron a Europa bajo el signo del liberalismo y el nacionalismo, inició una fecunda militancia política, que muchas veces puso en riesgo su carrera.
Enemigo del imperialismo austriaco, apoyó desde temprano a Camillo Benso, conde de Cavour, primer ministro del reino de Cerdeña, en su empeño por concretar la unidad italiana. Amigo del gran revolucionario Mazzini y del insigne Giuseppe Garibaldi, dejó en sus obras, influidas por la música popular itálica, señas de su patriotismo. En su opera Nabucco, particularmente, y en su otra gran obra, Aida, hay una crítica velada al dominio austriaco que ahogaba su país en conjunción con los Borbones de Nápoles y la monarquía papal de los estados pontificios.
Su nombre fue grito de guerra de los revolucionarios italianos, ya que era el acrónimo de la frade Vittorio Emanuele Re d'Italia (Víctor Manuel rey de Italia), y cuando las tropas de Garibaldi y Víctor Manuel II de Cerdeña lograron adueñarse de casi toda Italia, y habiéndose proclamado en Florencia el Reino de Italia, Verdi fue honrado y elegido como diputado por su contribución a la causa nacional.
Desde su cargo bregó por la reunificación definitiva del país, lograda cuando el Véneto en 1866 y Roma, en 1871, se incorporaron al Reino. Siendo senador desde 1874, siguió componiendo pese a una serie de desgracias familiares que jalonaron los últimos años de su vida, y gozó del cariño de su pueblo hasta su fallecimiento en 1901. Promovió el auge de la ópera italiana y el surgimiento de nuevos talentos como el director Toscanini y los tenores Beniamino Gigli y Enrico Caruso, que supieron honrar y continuar su legado. Un patriota italiano que ahora forma parte del patrimonio universal humano, sin duda tiene merecida la inmortalidad. (www.REALPOLITIK.com.ar)