La colonización de la región donde hoy se encuentra el partido de Alberti fue desatendida por las autoridades españolas, si bien la zona era famosa por las “vaquerías” encargadas por el cabildo porteño a distintos hacendados.
Será ya en la etapa independiente, con la fundación del fortín de Junín en 1828, que la zona irá adquiriendo más importancia y atrayendo nuevos pobladores. Entre ellos Don Andrés Vaccarezza, inmigrante arribado de Génova en 1848, que tras dos décadas de duro trabajo consiguió adquirir un campo en el cuartel VI del partido de Chivilcoy, establecido por Domingo Faustino Sarmiento en 1856.
Allí construyó un molino harinero -que fue de los más importantes del país por ese tiempo- y gestionó la llegada de nuevos pobladores y del ferrocarril, lo cual se cumplió en 1877.
El señor Vaccarezza decidió crear un pueblo en las tierras de su propiedad, donde se había inaugurado la flamante estación de tren bautizada Alberti, en honor al presbítero Manuel Alberti, único eclesiástico miembro del primer gobierno patrio.
El gobierno provincial aprobó estos planes y el 27 de octubre la localidad de Alberti vio la luz, recibiendo su trazado definitivo de la mano del agrimensor Vicente Souza, contratado por el fundador para tal fin.
La tarea se completó en 1885 y las primeras familias comenzaron a establecerse firmemente en el pueblo, que empezó a prosperar rápidamente acompañado por el ciclo económico del modelo agroexportador instalado por la generación del 80. Inmigrantes europeos y gauchos criollos se mezclaron para darle una nueva estirpe a la población, desarrollando una intensa vida social y cultural.
Los pobladores gestionaron la autonomía de la localidad, la cual fue concedida el 10 de junio de 1910, cuando el gobernador bonaerense José Inocencio Arias promulgó la ley que declara ciudad y cabecera del partido homónimo a la localidad de Alberdi. En 1934, por disposición del gobernador provincial Manuel Fresco, pasa a integrar la cuarta sección electoral.
Siendo un vergel de la pampa, el ambiente rural y campestre de la comarca le dio un sello de paz y trabajo a Alberti. Los vientos del siglo XX que se dejaron sentir allí no pudieron tumbar el empuje de un pueblo orgulloso, símbolo de progreso en una época en la cual Argentina buscaba un futuro y un nuevo comienzo, todavía con muchas páginas por escribir en el libro de la gran historia bonaerense. (www.REALPOLITIK.com.ar)