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12 de febrero de 2017 | Cultura

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Winston Churchill y Argentina: Una relación de amor y odio

Winston Churchill mantuvo una peculiar relación con la Argentina a lo largo de su vida política, que fue desde el respeto hasta la desconfianza, pasando por el odio hacia los políticos argentinos en muchos casos.

por:
Sabino Mostaccio

Winston Churchill mantuvo una peculiar relación con la Argentina a lo largo de su vida política, que fue desde el respeto hasta la desconfianza, pasando por el odio hacia los políticos argentinos en muchos casos.

En su juventud, valoró la neutralidad y la contribución argentina al esfuerzo bélico del Imperio Británico durante la Primera Guerra Mundial, contra las presiones del presidente estadounidense Woodrow Wilson en 1917, que quería la entrada a la guerra a su lado de Argentina y el resto de América Latina, lo cual habría supuesto un revés para los intereses británicos en el cono sur.

Ya en la década de 1930, apoyó la firma del pacto Roca- Runciman entre Argentina y Gran Bretaña, por las enormes ventajas reportadas su país para desconcierto de los industriales estadounidenses, arrojados a un lado en el mercado argentino. Al estallar la siguiente guerra mundial, Churchill, que en 1940 vuelve al primer plano de la política británica como Premier, y presiona a toda costa para mantener la neutralidad de la República Argentina, aunque Estados Unidos hacia sentir su peso en la región. Así lo demostró la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, donde la Argentina se alineó con el Paraguay en defensa de los intereses de la compañíaanglo-holandesa petrolera Shell, con la cual Churchill tenía excelentes lazos.

Tras el ataque a Pearl Harbor, la presión de Estados Unidos hacia los países latinoamericanos arreció y la mayoría rompió con el Eje y se sumó a la guerra, pero él retrasó la entrada argentina a la misma, pese a su desconfianza en el gobierno militar instaurado desde 1943 en nuestro país. Aunque el rumbo neutralista del estado argentino le agradó, le inquietó la cada vez mayor importancia de la reivindicación argentina de las Islas Malvinas, planteada ya en 1940 por el presidente argentino Roberto Ortiz en la Conferencia Panamericana de La Habana.

Pero una vez acabada la guerra debió resignarse a ver desde fuera del gobierno el mayor acercamiento argentino a la órbita estadounidense, consolidado con la firma del Tratado de Chapultepec en 1945, la fundación de la OEA (Organización de Estados Americanos) en 1948 y el TIAR (Tratado Americano de Asistencia Recíproca) en 1950. Pero el rasgo más patente de su cambio de actitud hacia la Argentina sería la desconfianza y la aversión demostrada a la figura de Juan Domingo Perón, de quien desconfiaba por creerlo simpatizante fascista y por sus relaciones aparentemente buenas con los Estados Unidos, pese a los pingues ganancias que el capital británico obtuvo con las nacionalizaciones de servicios decretadas por el peronismo argentino.

Vuelto al poder en 1951, Churchill decidió boicotear al gobierno argentino y en 1955 celebró la caída del gobierno peronista, con toda pompa.

La actitud de la llamada Revolución Libertadora no lo conformó por sus postulados pro estadounidenses y por el nacionalismo estatista demostrado por algunos militares en cuanto a la política económica, y sentiría como una traición, ya desde fuera del gobierno en 1958, los contratos petroleros que el presidente argentino Arturo Frondizi firmara con empresas estadounidenses, marginando a las petroleras británicas. Antes de morir, aconsejo al gobierno de su país ser intransigente con la argentina en lo referente a Malvinas y en buscar la alianza con Chile para contrapesar la influencia argentina en América del Sur.

Esto se materializaría recién casi 20 años después de su fallecimiento, cuando su nieto LeonardChurchill, diputado de los comunes, fue parte del sector del partido conservador que empujo a la agobiada Margaret Thatcher a la guerra con la dictadura argentina por Malvinas, y el gestor delacercamiento al Chile de Augusto Pinochet junto a otros miembros de su bancada.

La sombra y la luz envuelven la relación de Sir Winston Churchill con la nación del sur, y al día de hoy sus fantasmas rondan junto a Malvinas, la relación bilateral entre los otrora grandes aliados. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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