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Roque Pérez: A la memoria de un alma noble

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REALPOLITIK | 17 de diciembre de 2017
Por: PAOLA RODRÍGUEZ

En la época de Juan Manuel de Rosas, estas tierras distaban bastante del colorido que la caracteriza actualmente. No eran más que una pulpería y un pequeño fuerte contra los malones. Roque Pérez pertenecía al partido de Saladillo, hasta que Pedro Gutiérrez adquirió más de tres leguas cuadradas dentro de las cuales se fundó este pueblo bonaerense.

Gutiérrez fue un criollo que tuvo la intuición de lo que podían llegar a ser estos campos sembrados. De esta forma se poblaron con estancias, gracias a la habilitación del ramal del Ferrocarril del Oeste y luego Ferrocarril del Sud, tramo Lobos-Saladillo, el 21 de setiembre de 1884. A esta inauguración se sumó la primera locomotora, “La luz del desierto”.

En 1891 se inauguró una fábrica de tejidos, frazadas y ponchos de la firma William Patts, Roche y Cía. Esta empleaba a más de 100 personas, pero 4 años más tarde cesó su actividad debido a que la municipalidad de Saladillo la obligaba a hacer un costoso acueducto para llevar al Río Salado las aguas servidas del lavadero de lanas. La fábrica levantó sus maquinarias y se trasladó a Montevideo. Las crónicas cuentan que había once casas de comercio importantes y que la principal era Espelosín, fundada en 1883.

El nombre del pueblo surgió a partir de la oferta que el servicio ferroviario Sud le hizo a Juan Espelosín: ponerle su nombre por ser el donante de las tierras del ferrocarril. Sin embargo, Espelosín propuso que llevara el nombre del Dr. José Roque Pérez en su homenaje, por haber dado la vida combatiendo la fiebre amarilla. Además, el Sr. Pérez era sumamente respetado y admirado por los habitantes del pueblo, ya que había sido dueño de la estancia “San José”.

En 1870, las riberas del riachuelo estaban atestadas de saladeros, las aguas detenidas muchas veces por la sudestada no descargaban en el río. Un ambiente malsano envolvía la ciudad. Las primeras napas no descendían y los pozos ciegos contaminaban el agua. Sólo las familias ricas disponían de aljibes donde se juntaba el agua de lluvia. La ciudad no tenía ninguna obra sanitaria. El verano había sido implacable y los aguateros que traían sin filtrar el agua del río no daban abasto.

Los casos de fiebre amarilla se multiplicaron y los recursos del gobierno de Sarmiento eran insuficientes. Las familias de más recursos abandonaron la ciudad y se fueron a las quintas y chacras vecinas y a las estancias. El cordón sanitario ya no era posible, había que combatir el mal que ya no hacía distinciones entre humildes y ricos.

El cementerio del norte debió cerrarse. El diario de Mitre y el de Varela incitaron a que se tome una determinación y convocaron al pueblo a una asamblea popular, que se realizó el 13 de marzo de 1871 con la presencia de 8 mil personas. Allí, Héctor F. Varela pronunció el nombre de Roque Pérez, que fue aclamado por el pueblo para formar parte de la Comisión Popular para combatir la fiebre amarilla. (www.REALPOLITIK.com)

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