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13 de agosto de 2018 | Judiciales

Habría golpeado a su pareja

En absoluto silencio, ex funcionario de Julio Alak cayó preso por violencia de género

Detenido y angustiado, intentó telefonear a sus viejos contactos políticos, pero ninguno aceptó la llamada. “Me cansé de Alak”, habría repetido recientemente.

Hacia el año 2002, quien golpeaba las puertas del secretario General de la municipalidad de La Plata sabía que al entrar tenía que llamarlo “profesor”. Poco importaba que Justo Aráuz fuera docente en dactilografía, una profesión prácticamente desaparecida, que supo tener su auge en la década del 40, junto con el reparador de paraguas, el vendedor de barquillos y los cursos de decoración de calabacines.

Cuando recorría los pasillos del palacio municipal, solo asentía con la calva cabeza ante el saludo de “profesor”. Aun hoy, la mayoría de las personas que trabajaron con él en aquellos años piensan que estudió el profesorado en Historia.

Solo tres años después, cuando la voraz llama del kirchnerismo arreciaba en la provincia de Buenos Aires, Aráuz se posicionó como primer concejal en la lista platense del Frente para la Victoria, "en el convencimiento de que el proyecto nacional del presidente Néstor Kirchner consolide a la ciudad de La Plata como una gran capital", como él mismo señaló en aquel entonces. Ya en su banca, fue denunciado junto al secretario de Gestión Pública de la municipalidad, Jorge Campanaro, por darle tratamiento relámpago y aprobar, sin estudio alguno, expedientes vinculados a negocios inmobiliarios en años en donde el polémico Código de Ordenamiento Urbano de Pablo Bruera aun no veía la luz.

Posteriormente, poco a poco, Aráuz fue desapareciendo de la escena política. Primero acompañando a Julio Alak en el ministerio de Justicia de la Nación, donde se desempeñó como subsecretario de Seguridad Ciudadana, un cargo sin ningún tipo de exposición púbica. Luego simplemente se esfumó, como los dinosaurios o la dactilografía.

Hace apenas unos meses, su nombre volvió a resonar por los pasillos municipales, pero ya nadie lo llamaba profesor. Solo mencionaban una denuncia y la posterior detención que sus hijos Justo y Ricardo se esforzaban en resolver lo antes posible. Según pudo averiguar REALPOLITIK, la misma se habría basado en actos de agresión física y violencia verbal hacia su pareja, quien se habría presentado ante la comisaría correspondiente. En la requisa policial consiguiente, se encontraron numerosas armas en su domicilio, de las cuales habría algunas sin la documentación al día e incluso una de ellas fue caratulada “de guerra”.

Detenido y angustiado, intentó telefonear a sus viejos contactos políticos, pero ninguno aceptó la llamada. “Me cansé de Alak”, habría repetido recientemente.

Sus hijos recurrieron a dos prestigiosos estudios jurídicos locales pero ninguno aceptó tomar el caso. Como resultado, a Aráuz lo terminó patrocinando un defensor oficial y la aventura le valió unas vacaciones en un penal de las afueras de La Plata. Otro trago amargo para el profesor.  (www.REALPOLITIK.com.ar)

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