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12 de septiembre de 2018 | Provincia

Límite a las reelecciones indefinidas

Intendentes ya debaten estrategias para retener el poder tras su último mandato

Negociar una vez abandonada la intendencia resulta impensable. Vacíos de poder, no tendrían ninguna posibilidad de comerciar un acuerdo político en pie de igualdad. Es absolutamente necesario, entonces, tener todo arreglado de antemano.

HORACIO DELGUY

por:
Santiago Albizzatti

La tradición electoral argentina marcó algunas tendencias que hasta hace tan solo unos meses parecían ineludibles. Históricamente, por sólo citar un ejemplo, los intendentes llegaban a ocupar su cargo luego de obtener una suculenta tajada de votos por el “efecto arrastre” que provocaba el compartir la boleta con los candidatos de la provincia y la nación.

En la siempre cambiante Argentina, no obstante, nada es para siempre. La brusca devaluación de la moneda, la escapada de la inflación y la crisis de confianza provocó cambios mayúsculos en las estrategias políticas y electorales del gobierno. En las últimas jornadas hubo una clara bajada de línea buscando revertir esa lógica, invitando a los intendentes mejor posicionados de Cambiemos a “traccionar hacia arriba”. Con Mauricio Macri obteniendo un estruendoso reprobado entre sus propios votantes (según el analista Sergio Berensztein, un 61 por ciento del país cree que su gestión es “decididamente mala”), cualquier voto que llegue desde los municipios se valora tanto como una pepita de oro.

El reclamo de levantar el perfil encuentra a los intendentes bonaerenses sumidos en sus propias batallas. Desde septiembre de 2016, cuando María Eugenia Vidal publicó en el Boletín Oficial la flamante ley 14.836, quedaron formalmente eliminadas las reelecciones indefinidas en intendentes, concejales, legisladores y consejeros escolares en la provincia de Buenos Aires. El texto dejaba en claro que “si han sido reelectos no podrán ser elegidos en el mismo cargo, sino con intervalo de un período”.

En una provincia que ha ostentado intendentes eternos, como el caso del jefe comunal de Florencio Varela, Julio Pereyra, quien se mantuvo en el cargo desde 1992 hasta diciembre de 2017, el impacto de la ley es considerable. Aquellos que llegaron con la ola Cambiemos en el 2015, como Martiniano Molina en Quilmes, Héctor Gay en Bahía Blanca, Jorge Nedela en Berisso y otros 61 intendentes que aterrizaron de la mano de Vidal, aceptaron a regañadientes que en octubre de 2019 tendrán su primera y única oportunidad de ser reelegidos. En el 2023 se termina todo. ¿O tal vez no?

La frase “Hecha la ley, hecha la trampa” no es argentina. De hecho, ya existía en latín: “Inventa lege, inventa fraude”, pero bien podría haber nacido a la vera del Río de la Plata. Armados hasta los dientes con creativas estrategias electorales, no faltaron charlas entre los jefes municipales pensando en lo que se ha transformado en una verdadera obsesión: cómo retener el poder político más allá del 2023.

Aunque la situación resulta novedosa en el territorio bonaerense, es lógico que negociar con un pie fuera de la intendencia resulta, cuanto menos, complicado. Vacíos de poder, ningún intendente tendría posibilidades serias de comerciar un acuerdo político en pie de igualdad. Es absolutamente necesario, entonces, tener todo arreglado de antemano.

En esta dirección se mueven los intendentes bonaerenses en los últimos meses. La amplia mayoría prefiere descartar la idea de tratar de instalar a un sucesor del riñón propio, por ser ésta una estrategia que ha cosechado más fracasos que triunfos en la historia electoral de la provincia de Buenos Aires.

La estrategia aceptada por la mayoría consiste en aprovechar la elección legislativa del 2021, justo dos años antes del Armagedón. La idea consiste en interrumpir el segundo mandato para asumir como legisladores provinciales en las elecciones de medio término y dejar en el cargo al primer concejal, que por ley es el siguiente en la línea sucesoria. esto le daría al ungido dos años de mandato para llegar fortalecido al 2023 y asegurar una cierta continuidad en la gestión, pero con un cargo de peso bajo el brazo.

De este modo, comienzan a tejerse nuevas estrategias en las que los árbitros políticos parecieran ser, por primera vez en la era Cambiemos, los intendentes municipales. La mirada, al menos en el mediano y largo plazo, no está puesta en ellos sino en una figura ignorada por la mayoría de los votantes: el estratégico primer concejal. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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