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22 de septiembre de 2018 | Nacionales

La sociedad exige un cambio de actitud

Coffee breaks, magos y salamín picado fino: Los insólitos gastos del estado en tiempos de crisis

El tan mentado esfuerzo, no obstante, pareciera ser sólo para el otro, ese significativo extraño que no se sabe bien quién es pero que, seguro, no es el dirigente político.

HORACIO DELGUY

por:
Santiago Albizzatti

Luego de un largo y tortuoso período de negación, en el que reinaron las excusas y los culpables externos y pasados, el gobierno finalmente aceptó que el país atraviesa una de las crisis más severas de las últimas décadas. De manera tristemente esperada, se instalaron en el léxico cotidiano palabras como “ajuste”, “despidos”, “esfuerzo”, “financiación”, “FMI”, “préstamos” y “retiros voluntarios”.

En uno de sus últimos discursos públicos, el presidente Mauricio Macri le aseguró a los pasmados dirigentes del campo que “éste es el último esfuerzo” y, para asombro de todos, que “esta vez va enserio”.

“¿Qué significa que esta vez va enserio? ¿Que antes era en joda?”, preguntó un alto dirigente de la Sociedad Rural Argentina, que sembró sin retenciones y ahora cosechará con un 10 por ciento de impuestos que nunca incluyó en sus cálculos.

El tan mentado esfuerzo, no obstante, pareciera ser sólo para el otro, ese significativo extraño que no se sabe bien quién es pero que, seguro, no es el dirigente político. Así, mientras los de abajo se ajustan cada vez más el cinturón, los de arriba, los tomadores de decisiones, agrandan cada vez más su variada cartera de gustos y gastos exóticos.

De este modo, la dirección general de Prevención del Delito, cuya actividad ha sido prácticamente nula durante los últimos tiempos, tiene sin embargo a disposición una caja chica que no para de crecer. En ella, se imputan gastos como gaseosas, yerba, cápsulas de café, atún, té de manzanilla, servicio de televisión por cable y hasta 17 mil pesos en el garaje de los autos de los funcionarios, que no quieren dejarlos afuera para que no se ensucien. Rodríguez Larreta, uno de los pilares de Cambiemos en el país, gastó 10 mil pesos en una bailarina de “King Coya y Queen Cholas” y 96.800 pesos en un mago. Todo esto sin contar que, a diferencia de lo que ocurre con los docentes o los obreros del Astillero Río Santiago, en el estado los sueldos no paran de aumentar. Mientras el Congreso Nacional se aumenta el salario con la cláusula gatillo que le niegan a los trabajadores, las remuneraciones brutas para un gerente operativo van de los 61.906,39 pesos hasta los 86 mil, a partir del 1 de septiembre de 2018. La armada nacional, uno de los organismos más ociosos y faltos de objetivos del país, dedicó tiempo y dinero a confeccionar y ordenar una licitación para comprar 85 salamines picado fino. Esto ocurrió apenas horas después de que el gobierno pidiese 6 evaluadores para elegir un cátering de 80 mil pesos para café y medialunas.

Una vez más, la crisis la pagan los que menos tienen. Los empresarios y los políticos parecieran mantenerse eficazmente al margen del tan mentado ajuste. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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