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8 de octubre de 2018 | Municipales

Vertiginoso enriquecimiento

Tomás Molina, el hombre detrás de los negocios de Martiniano

El clan Molina ha demostrado ser exitoso, si no en temas de gestión, al menos en lo que respecta a la generación de fortunas. Desde el desembarco de Martiniano en la intendencia de Quilmes, su hermano ha registrado un crecimiento patrimonial increíble.

Un asombroso caudal de suerte corre por las venas de la familia Molina. De tropiezo en tropiezo, fueron construyendo una vida signada por la fortuna. Jorge, el jefe del clan, fue un histórico dirigente peronista que supo encabezar la lista de candidatos a concejales de Francisco Virgilio “Barba” Gutiérrez en Quilmes, aunque paradójicamente el golpe de suerte vendría de la mano de Cambiemos.

Apenas asumida, la gobernadora María Eugenia Vidal lo premió con el cargo de director provincial de fiscalización y registro del ministerio de Salud. Desde allí, controló variables sensibles de la cartera, como los geriátricos bonaerenses y una infinidad de organismos públicos y privados. Asumió prometiendo “más inspectores y más pasantías con alumnos que estén avanzados en la carrera”. Lamentablemente, a las pocas semanas los propios trabajadores del ministerio denunciaron que Molina jamás se presentaba a trabajar, se pasaba la mayor parte del tiempo en Quilmes y firmaba documentos como “director” incluso antes de asumir. Horas después, el líder del clan se retiraba por la puerta más chica de todas en busca de nuevos horizontes.

Martiniano intentó ser estrella de handball y exhimio cocinero, pero terminó siendo intendente de Quilmes. Cambiemos había llevado adelante un “casting” en la localidad del sur bonaerense buscando a alguien que sea conocido por sus ciudadanos. En aquel momento, poco importaba la formación o la preparación que ostente. El primer ensayo fue con el modelo Tommy Dunster, que al poco tiempo se bajó del experimento. Entonces fueron a buscar a un cocinero cuya relación con la cultura venía dada por la coautoría de un libro llamado “Los secretos de las brasas”, en el que contaba las intimidades de sus técnicas sobre el asado.

A través de este procedimiento, y arrastrado por el impresionante caudal de votos cosechado por Vidal, Martiniano Molina llegó casi sin quererlo a la intendencia de Quilmes. Poco tiempo después, afirmaría que el Pozo de Quilmes, la histórica casa de detención y tortura, era un bache y que pronto trabajarían en la zona para repararlo. Qué se le va a hacer.

Lo de su hermano Tomás merece un capítulo aparte. Casi sin preparación alguna, supo inmiscuirse en algún rincón entre las sombras de su hermano, desde donde experimentó un crecimiento patrimonial exponencial. Estudiante y empleado de la Universidad Nacional de Quilmes, supo treparse al tren Cambiemos justo a tiempo para asumir como secretario General de la intendencia. Su asunción se dio apenas meses antes de que el presidente Mauricio Macri decretara la imposibilidad de nombrar parientes directos en la administración pública, pero eso ya poco importaba para el clan Molina.

Gracias a los buenos oficios de su hermano, logró hacerse de un modesto salario de 184.130,67 pesos mensuales. Lo justo y necesario para paliar la crisis.

Solo por las dudas, y para evitar tener que apretar el cinturón en tiempos de vacas flacas, su hermano lo premió con algunas sociedades que fueron creadas con fines indeterminados. En el año 2008 creó TopoGreen S.A., junto a Martiniano, Gustavo Llusa y Roberto Ignacio Carracelas, y Cuatro U S.A. junto a Ramiro Valdivieso Laso. Ese mismo año se volvió a lanzar a las escribanías para inscribir a Dabu S.A., junto a Marcelo Adrián Frontale. Cuatro años después agregaría al derrotero a Ecoatalaya SRL, fundada junto a Oscar Albino Grignaschi.

El golpe de gracia lo supo dar con Cocineros Argentinos S.A., creada en el año 2005 junto al reconocido cocinero Guillermo Miguel Calabrese, aunque hasta sus propios allegados aseguraron que sólo figuraba como “prestanombre” de su hermano Martiniano. Uno de sus primeros actos como empresario fue librar un cheque sin fondos por 27.501,18 pesos.

En marzo de este año, por alguna misteriosa razón, Tomás y su padre Jorge cedieron sus cargos de presidente y vicepresidente de otra sociedad, El Criollo S.A., dedicada al transporte de cargas, a Rosa Ester Bacigalupo. Consultados por REALPOLITIK, allegados aseguraron que la movida intenta desprender a la familia de sociedades sospechosas de cara a las elecciones del 2019.

Mientras tanto, a pesar de las siete sociedades y de su salario estatal de 184 mil pesos, se mantiene como “contribuyente con deuda” para el estado provincial, en donde mantiene una peligrosa Categoría 3, justo un paso antes de la instancia judicial. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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