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31 de enero de 2019 | Cultura

Pasado y futuro

Pil, vocalista de Pilsen y Los Violadores: “Da miedo el año electoral”

El emblemático cantante punk argentino celebrará este sábado sus sesenta años con Pilsen en el Uniclub de Abasto. En diálogo con REALPOLITIK repasa algo de su carrera, habla de las nuevas canciones y analiza el contexto social y político que influye en su obra.  

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Este viernes Pil Chalar cumplirá sesenta años. Dos tercios de ellos fueron haciendo música, desde los tiempos pioneros con Los Violadores y sus formaciones sucesivas hasta proyectos solistas y Pilsen, su banda actual. La comparte con el Tucán Barauskas, Tommy Loiseau y Tulio Pozzio, y junto a ellos tocará el sábado (un día después de su cumpleaños) en Uniclub de Guardia Vieja 3360, en el barrio porteño del Abasto. Un show con muchos invitados que servirá no sólo para repasar el repertorio histórico de Pil, sino también para mostrar las canciones que serán parte de un nuevo disco. 

A continuación, la entrevista completa.

RP.- El próximo disco de Pilsen se va a llamar “Sangre, tierras y carne”. ¿Por qué la elección de ese nombre?

Es, en primer lugar, el título de una de las canciones que van a formar parte de él. Claro que también habrá otras, como por ejemplo “Un punto dentro de otro”, que tocamos varias veces en vivo y acabamos de subirla a internet. Todas las estamos grabando en el estudio de Tommy Loiseau, bajista de Pilsen. En relación a la canción que le da nombre al álbum, la misma aspira a hacer un revisionismo lo más completo que me sea posible sobre la historia de Argentina y del Río de la Plata. En síntesis, el nuestro es un país de sangre, de tierras y de carne, tal como fue ideado por la generación de 1880 y, en muchos aspectos, aún lo sigue siendo. 

RP- Tu nombre se vincula históricamente a la cultura punk, pero también a cierto ideario socialista. ¿Te siguen representando ambas expresiones?

Siempre me identificó todo lo que tenga que ver con el socialismo, la izquierda y el progresismo. Es lo más cercano a lo que me encuentro. Pero, por otro lado, estoy más allá de la burocracia y de la política. Y en ese sentido, la izquierda tiene un problema: está muy dividida. Además, claro, de haber fracasado en muchos países. Aunque de Cuba, por ejemplo, me haya quedado una imagen de cierta felicidad en la gente. Acaso se deba a que gozan de libertades diferentes, como las de no estar esclavizados a tener el celular de moda o vestirse con ropas de determinadas marcas. En Argentina tuve algún acercamiento con dirigentes de izquierda, como el jujeño Alejandro Vilca. A pesar de todo creo al socialismo como el más adecuado para contraponer el pensamiento individual que todos tenemos por defecto. 

RP.- ¿Y la cultura punk?

Bueno, de la cultura punk ya pasaron muchos años y John Lydon lo dijo con claridad: hubo algunas bandas buenas… y nada más. Lo demás fue, en su mayoría, porquería. Tuvimos a los Pistols, a los Clash, el mito Ramone, algunos irlandeses, o los Hosen desde Alemania. Pero los buenos, los que supieron hacerlo mejor con talento y creatividad, son un puñado. Claro que le dio lugar a que cualquier improvisado se tirara a la pileta, como lo era yo. ¡Y eso también es punk rock! Nunca tendríamos que estar en contra de la expresión artística. 

RP.- Vivís en Perú desde hace dos décadas. ¿Cómo ves desde ahí esta oleada de derechas que refluye en Sudamérica?

Con mucha tristeza. Más allá de lo que ocurre en Perú, donde vienen de un sinvergüenza como PPK, destituido el año pasado, y todavía siguen con las denuncias de coimas derivadas de Odebrecht, que sinceramente ya me aburrieron. Porque no sólo es corrupto el poder político, sino también el que lo juzga, el judicial. Pero son olas que vi repetirse: así como hubo una época de gobiernos de centroizquierda en Latinoamérica que la hicieron crecer, hoy todo se va a la derecha. Y, en algunos casos, a derechas muy duras. Como en Brasil, donde los gobierna un milico xenófobo y homofóbico. Es decir, un tipo completamente despreciable. Tiene que ver también con la imposición del “pensamiento estanco”, a través del cual se claudican avances para hacer que todo sea una mierda, con contratos basura y salarios bajos en donde la ganancia sea toda del empresario. 

RP.- En 2009 sacaste el disco “Rey o Reina”, título que criticaba al kirchnerismo. Aunque al final de la gestión valoraste algunas cosas. ¿Cuál es tu mirada hoy?

“Rey o reina” salió en 2009 y reflejaba cosas de ese momento. La canción que lleva ese nombre la compuse en 2007, cuando Cristina (Kirchner) se presenta por primera vez a la presidencia y se hablaba de una estrategia electoral en la cual ella y Néstor buscarían alternarse para sortear el impedimento de la reelección. Y eso me dio miedo. Miedo a las libertades, aunque es cierto que a mucha gente no le interese tanto si le va bien en lo económico. Pero a mí me preocupó: imaginaba un traspaso casi monárquico y me dio miedo. Después Néstor falleció y eso impidió que sucediera, o al menos impidió comprobarlo. Más allá de esto, tengo simpatía por algunos miembros particulares del kirchnerismo. Como Axel Kicillof, en especial cuando fue ministro de Economía. Apostó al keynesianismo y a una tercera posición económica, lo cual me parecía viable. Luego vino este gobierno a decirte que estaba todo mal y fundido, lo cual en todo caso me parece cierto pero por culpa de ellos. Kicillof fue uno de los mejores cuadros de un espacio político que hablaba mucho de ellos, pero no terminó sacando tantos buenos, no estimuló la aparición de delfines. Y ese fue su error: no poder reprogramar cuadros. 

¿Qué pasará con el kirchnerismo? No lo sé, pero un buen punto de partida sería reconocerse como la izquierda del peronismo, y en función de eso evitar alianzas con los señores feudales del clásico PJ federal. Porque si no entienden eso y sólo se desesperan por el poder, van a estar listos. Alguna vez Alfonsín les dijo a los radicales: “Vamos a acostumbrarnos a perder elecciones”. Incluso creo que lo mejor sería un renunciamiento de Cristina, con todo el peligro que eso trae. Es que, a pesar de su convocatoria y llegada a las clases trabajadoras y medias-bajas, su imagen está desgastada y eso no sé si es favorable para una puja. Como sean las cosas, da miedo el año electoral. 

RP.- Entre 2016 y 2018 volvieron con la formación emblemática de Los Violadores. ¿Qué te produjo no sólo el regreso, sino también comprobar la vigencia de muchas de aquellas canciones?

Fue una banda que volvió a mostrar las mismas falencias por las cuales no siguió, a pesar de que ahí tengo grandes amigos. El show del Gran Rex me dejó un sinsabor. Y los mejores momentos fueron cuando estábamos heridos y tocados: ahí salió un temple que nos llevó a mostrar cosas interesantes. 

En relación a las canciones y su vigencia, eso no es nada nuevo. Salvando las distancias, Cambalache sigue siendo actual a 85 años de haber sido escrita. Y eso tiene que ver con que la humanidad: podrá estar un poquito más arriba, o más abajo, pero no termina de mejorar nunca. Mejora tecnológicamente, pero no a nivel humano. Es cierto que hoy se vive mucho mejor que en la época de Discepolín, pero también hay cosas peores. 

En todo caso la atracción de las canciones de Violadores no tiene que ver tanto con lo que rechaza, como lo que atrae: son letras libertarias que identifican a quienes lo sienten de esa manera. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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