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8 de marzo de 2019 | Cultura

Desafiando lo establecido

Gabriela, la primera adelantada del rock argentino

Vida, obra y disrupciones de la pionera rockera criolla, quien obligó a la escena local a tener que admitir mujeres en verdaderos roles protagónicos. 

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Hoy es normal ver mujeres arriba de los escenarios cantando sus canciones y liderando proyectos. Que sea normal significa que se convirtió en “norma”, pero para que esto ocurriese fue necesaria la presencia de alguien capaz de provocar la ruptura de normas anteriores. En este caso, aquellas que justamente marginaban a la mujer de los roles protagónicos en el rock. 

La primera mujer del rock argentino es una que recordamos más por su nombre que por su apellido. Una que tuvo una aparición fugaz, aunque su influencia será indeleble al paso del tiempo. Se trata de Gabriela Parodi, quien tuvo una intensa aparición durante los ’70, década en la que el rock empezaba a consolidarse en el gusto popular de los argentinos.

Gabriela nació el 1 de julio de 1949 en la Capital, aunque al poco tiempo sus padres se trasladaron a la localidad bonaerense de Rauch. Esta mudanza marcó el inicio de su carácter trashumante, ya que su papá era diplomático y la llevó por el mundo.

Su primer gran viaje fue a Portugal, a los seis años. Ahí, una noche, vio cantar a Amália Rodrígues, la reina del fado portugués, quien fue su primera gran inspiradora. Después siguió por Irlanda, Turquía y Brasil, donde se compró una guitarra y aprendió a tocarla sola. 

En la década del 60 su familia regresó a Argentina, aunque Gabriela prefirió irse a París. Ahí estudió actuación y habitó pequeños cuartos, arreglándose con poco. En esa ciudad descubrió la música de Los Beatles y también la de Joni Mitchel, quien tenía su misma edad. Se trataban de expresiones del rock influenciadas por el convulsionado momento social y político que estaba atravesando el mundo en ese entonces. Una muestra de ello fue el Mayo Francés de 1968 que Gabriela vio de cerca, ya que vivía en el barrio Latino donde ocurrieron las principales revueltas. 

Gabriela volvió a Argentina a los veinte años y una de las primeras cosas que hizo fue agarrar su guitarra y presentarse en la oficina del manager de Almendra. Allí tocó un par de canciones propias, convenció al representante y comenzó su carrera. De esa etapa se recuerdan dos participaciones en vivo, ambas en 1972. 

La primera fue en el ciclo denominado Acusticazo, un unplugged antes de la era MTV que contó además con las presencias de León Gieco, Litto Nebbia y Raúl Porchetto, entre otros. Y la segunda en el festival Buenos Aires Rock, donde tocó junto Nebbia en piano, David Lebón en bajo, Oscar Moro en batería y Edelmiro Molinari en guitarra, su pareja de ese entonces. 

Había preparado para ésta última ocasión apenas tres canciones: “Andando por ahí”, de Bob Dylan, y dos propias, “Rodando” y su primer gran hit, “Campesina del sol”. La impresión que generó desde el escenario fue tan impactante que el público le exigió más canciones. Como Gabriela no tenía otras pero igual iba al frente, decidió repetir su breve repertorio. Esas imágenes quedaron por siempre eternizadas en la película “Rock hasta que se ponga el sol”. 

“Había que tener una mezcla de coraje e inconciencia”, reconoció ella años después de haberse animado a irrumpir en un ámbito hasta entonces exclusivo de los hombres. Así lo había reflejado la revista Pelo en un artículo donde, hablando de Gabriela, aseguraba que “las nenas, más que cantar como adornos, pueden hacerlo en serio, y además componer”

En aquel 1972 Gabriela además publicó sus dos primeras grabaciones: un simple y un long play compuestos por canciones de folk rock con sensibilidad social que iba desde el existencialismo hasta el cuidado de la naturaleza.

Semejante irrupción supuso todo un triunfo en una escena que no estaba proclamadamente abierta a la inclusión de géneros: en el afiche del ya mitológico Festival del Triunfo Peronista de 1973, el nombre de Gabriela apareció sin su letra final, deformado a un masculino “Gabriel” que nunca se supo si fue adrede. 

Así las cosas, en 1974 grabó otro disco simple con dos canciones. Una de ellas, con un título premonitorio: “Voy a dejar esta casa, papá”. Es que a los pocos meses Gabriela decidió radicarse en Estados Unidos, donde vivió hasta 2005. 

Muchos se preguntaron por qué motivo abandonó una carrera incipiente pero resonante. Y muchos también se preguntan cuán distinta hubiese sido para la fortuna de las mujeres en el rock de Argentina si Gabriela seguía abriendo esas puertas que, tras su partida, volvieron a estrecharse hasta recién entrados los 80’.  Ella dijo que se fue a buscar más libertad, una que en esa época su país no le concedía.

Gabriela se mudó a Estados Unidos con Edelmiro Molinari y allí tuvo en 1976 a Cristina, su única hija. Pero al poco tiempo la pareja se separó y Gabriela debió que remarla con oficios varios, como por ejemplo ayudante de cocina, operaria en una fábrica o incluso subtituladora de películas como “Desde el jardín”, de Peter Sellers

Recién en 1982 volvió a dedicarse a la música, grabando en California su segundo disco, “Ubalé”. Allí estuvo acompañada por próceres del rock argentino como León Gieco, Gustavo Santaolalla o Pino Marrone, a quienes cuenta les pagó con milanesas. Un año después grabó en Suecia “Friendship”, un disco cantado en inglés y que sólo se distribuyó en Escandinavia. 

Su primer regreso a Argentina fue en 1991, donde registró el álbum “Altas planicies”, aunque con escasa difusión. 

Otro hito fundamental en su carrera sería “Detrás del sol”, el quinto disco, grabado en San Francisco y publicado en 1997. El mismo tuvo una interesante repercusión en Estados Unidos y en Europa, donde ganó el premio de la Crítica Discográfica de Alemania y fue elegido por la revista Acoustic Guitar como uno de los diez mejores de la década del ‘90.

Algo similar sucedería con “Viento rojo”, un exquisito álbum grabado en 2000 con chelos, violines y contrabajos que fue valorado por varias radios estadounidenses, al igual que “El viaje”, de 2006. 

Nunca un músico de rock argentino había conseguido tanto respeto en el extranjero como Gabriela con esos discos. Sin embargo ninguno de ellos fue editado en nuestro país.

“Yo no quería ser popular, sino una edición especial”, confesó al respecto Gabriela, valorando su carrera. Sus canciones eran suaves pero poderosas, tiernas pero con carácter, y amables pero combativas. Aquellas que le dieron a Argentina la impronta femenina de una escena normalmente escrita en masculino. 

Si el rock significa alterar las reglas y desafiar a lo establecido, Gabriela cumplió ampliamente con la consigna para convertirse en la primera mujer de ese movimiento cultural en nuestro país. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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08 Mar | 12:05
Juan | Mail
Ella no obligó a nadie. La música en este país es un negocio igual que en todo el mundo
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