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11 de marzo de 2019 | Nacionales

Inmensa red de irregularidades

Crecen las sospechas en torno a la injerencia de la iglesia en la SEDRONAR

Tal como anticipó REALPOLITIK hace dos semanas, la pampeana Silvana Cid fue designada al frente de la subsecretaría de Coordinación Administrativa de la SEDRONAR, luego de que el abogado Ramón Vásquez fuera eyectado del organismo por presuntas irregularidades y por las sucesivas denuncias sobre su pertenencia a la sospechada fundación Convivir.

¿Quién es Silvana Cid? Se trata de una piquense que el titular de la SEDRONAR, Roberto Moro, llevó al organismo a comienzos de su gestión, para ocuparse de la dirección de Presupuesto. A mediados del 2016, Moro desplazó al ex director General de Administración, Luis Agostinetti (hombre de Patricia Bullrich), y puso en ese lugar a Cid para secundar a Vásquez. El paso siguiente fue ponerla al frente de la estratégica área que maneja la caja de la SEDRONAR.

Cid es la ex esposa de Daniel Scaffidi, director de la ONG pampeana Rumen (investigada por recibir suculentos subsidios por parte de la provincia en tiempos en los que Moro era justamente subsecretario de Adicciones), de una extensa amistad con el actual titular de la SEDRONAR (además de una afinidad de índole societaria).

Con Cid en funciones, Moro no sólo sella un pacto político con el reciente triunfador en la interna de Cambiemos en la provincia de La Pampa, el diputado nacional de la UCR Daniel Kroneberger (traicionando a su amigo, el “Colorado” Mac Allister, a quien le esmeriló el apoyo durante la interna). Dicho de otro modo, el radicalismo pampeano encontraría en la caja de la SEDRONAR una jugosa fruta a exprimir de cara a los comicios de mayo.

Además, el movimiento de funcionarios, impulsado por Moro con la aprobación de la ministra de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley, y el visto bueno del arzobispo Mario Poli (a quien Moro reporta), también representa la confirmación de que la iglesia católica tiene absoluta injerencia en la administración, gestión y toma de decisiones dentro del organismo.

Es tal el grado de involucramiento de la iglesia en la secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas que no hay ninguna decisión que Moro tome sin consultarlo previamente con el arzobispo Poli (ex obispo de Santa Rosa) y con el obispo de San Isidro y actual presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Oscar Ojea. Pero este proceso de “interconsulta” institucional no se inició a fines del 2015, con el desembarco del pampeano en la SEDRONAR. La historia se remonta al 2013.

La llegada del cura Juan Carlos Molina a la SEDRONAR, a fines de ese año, fue visto como una respuesta de la por entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner para silenciar a las voces de la iglesia que se habían alzado en reclamo de políticas públicas contras las drogas. La ex mandataria tuvo la astucia de poner en la estratégica secretaría antidrogas a un cura de Santa Cruz, con manifiesta militancia kirchnerista, alineado con el poder y con las petroleras. pero no así no con el episcopado.

Junto al flamante secretario desembarcó fuertemente la agrupación militante Kolina, que reportaba a Alicia Kirchner (ex ministra de Desarrollo Social y actual gobernadora de Santa Cruz). Por su parte, el cura Molina se aseguró ubicar en la subsecretaría de Coordinación Administrativa al joven contador Darío Garribia, quien hasta entonces era el encargado de manejarle las cuentas a Molina en su fundación Valdocco. Y la iglesia católica, siempre oportuna, colocó a un alfil propio (Ignacio “Nacho” Puente Olivera) en la dirección nacional de Asistencia.  

Además de una cuestión de poder, el otro movimiento para silenciar a los curas fue económico. Dicen los que siguen los aconteceres de la gestión que el ex cura Puente Olivera (extrañamente mantiene hoy su función en la SEDRONAR) fue el ideólogo, en el año 2014, del programa de Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC), un plan mediante el cual, con Cáritas Argentina como intermediaria, muchas organizaciones no gubernamentales y/o centros barriales de los curas villeros comenzaron a recibir importantes sumas de dinero para ser usadas discrecionalmente, con auditorías hechas a medida, sin cumplir mínimos estándares de calidad prestacional, y con un sistema de rendición de cuentas poco menos que inexistente.

Hoy, la SEDRONAR destina unos 450 millones de pesos a financiar las CAAC, la mitad de los cuales se gira a los Hogares de Cristo que dirigen los curas villeros José Di Paola (padre Pepe) y Carlos Olivero (padre Charly). El otro 50 por ciento se reparte entre el MTE-CTEP y el Movimiento Evita.

Casualmente, las cuatro sedes de la fundación Valdocco (Vedia, Cañadón Seco, Impenetrable y San Vicente) del por entonces titular de la SEDRONAR, Juan Carlos Molina, se vieron beneficiadas directamente por el programa CAAC ideado por Puente Olivera. Incluso hoy, dos sedes de fundación Valdocco continúan recibiendo importantes sumas de dinero.

El ex cura Puente Olivera habría colaborado en el “blanqueamiento” del uso indebido de fondos por su afectación a obras en la sede San Vicente (domicilio particular del cura Molina, donde habita con varios niños), irregularidad que involucraría directamente a Cáritas Argentina y que estaría plasmada en un expediente del año 2013, guardado bajo siete llaves en el despacho de Moro. No sería esta la única carpeta fuera del circuito administrativo tradicional.

Quizás por casualidad, y pese a haber constatado esta y otras diversas irregularidades (desvío de fondos hacia el gobierno de la provincia del Chaco), no existe una sola denuncia radicada por Roberto Moro contra su antecesor Molina en la Justicia Federal.  Dicen que el arzobispo Poli y el obispo Ojea le habrían hecho desistir de su intención de proceder en función de la ética, la rectitud y la transparencia. No sólo eso: Molina y Moro suelen encontrarse en los seminarios sobre narcotráfico que organiza el papa Francisco en el Vaticano.

Finalmente, Ignacio Puente Olivera pronto desembarcaría en la subsecretaría de Estrategias de Prevención y Tratamiento de la SEDRONAR, en reemplazo de Roberto Canay (socio de fundación Convivir). Y quizás este último ocupe el lugar que hoy ostenta Moro (quien, por estos días, habría perdido toda credibilidad ante sus patrones celestiales).

No resulta inadvertido que, desde tiempos inmemoriales, la iglesia siempre juega su juego. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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