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10 de marzo de 2019 | Interior

Elecciones

Neuquén: Ganó Gutiérrez y fracasó la polarización 

Domingo por la tarde. Triste y aburrido, como cualquier domingo. Pero este domingo tenía un condimento adicional. En la provincia de Neuquén se celebraban las primeras elecciones provinciales del ciclo electoral 2019. 

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Tanto el gobierno nacional como la Unidad Ciudadana pretendieron nacionalizarlas, para presentarlas como un antecedente de lo que vendrá. Pero la realidad les dio una terminante desmentida: tal como viene ocurriendo desde su creación, en 1961, el Movimiento Popular Neuquino, convertido en un partido del orden, pragmático, reacio a la radicalización, se impuso con comodidad. 

Así, la boleta del gobernador, Omar Gutiérrez, superó el 39 por ciento de los votos, y le sacó más de 13 puntos de diferencia al frente compuesto por la Unidad Ciudadana y el PJ, bendecido por Cristina Fernández de Kirchner a pocos días del comicio, que llevaba al ex piquetero Ramón Rioseco como referencia. 

A la lista que hasta unos días antes de la elección representaba a la alianza Cambiemos, y que terminó convertida en puramente UCR, con Horacio “Pechi” Quiroga, le fue aún peor, ya que apenas superó el 16 por ciento. Por último, la lista de la Democracia Cristina, que representaba la fractura del MPN, y que postulaba al ex gobernador Jorge Sobish, giraba en torno de los 10 puntos.


Ramón Rioseco.

Hay una primera cuestión técnica que no puede refutarse: el fracaso de la boleta electrónica fue total. Las irregularidades fueron demasiado groseras como para seguir insistiendo con su aplicación en un año electoral determinante para la Argentina como para animarse a jugar a la ruleta rusa. En todo el mundo se ha abandonado su utilización, todos los expertos que no son parte interesada coinciden en su descalificación. Y nuestra sociedad precisa certezas, y ya no más aprendices de brujo. Ojalá que en el gobierno nacional prive la cordura, al menos por una vez.

Respecto del análisis de los resultados, privarán diversas interpretaciones. En Cambiemos celebrarán la derrota del candidato de Cristina. En la UC festejarán la confirmación de la implosión de la alianza Cambiemos en otra provincia. Pero, en su intimidad, ambos espacios quedarán con sabor a poco en los labios. La nacionalización de la elección fracasó. En tanto que el MPN mantuvo prácticamente los votos de 2015 -apenas cayó un 1 por ciento-, el espacio de UC-PJ cayó 4 puntos, y la alianza Cambiemos -o lo que queda de ella-, 5. Pero falta agregar aquí un dato adicional. Si se suman las dos candidaturas del MPN –la oficial de Gutiérrez y la informal de Sobish-, la fuerza provincial alcanzó casi el 50 por ciento de los votos. ¿Hace falta una demostración más contundente del fracaso de la polarización y de la nacionalización de las elecciones en la provincia?

Dos cuestiones saltan aquí a la luz. La primera, que la alianza entre la UCR y el Pro se encuentra en proceso de descomposición acelerado, al punto que el gobierno nacional ordenó al Pro que votase a Gutiérrez y Quiroga sacó el nombre de Cambiemos de sus spots y carteles publicitarios. En los próximos días se decidirá la disputa en Córdoba, y todo indica que, de aquí en adelante, si el gobierno nacional pretende dar alguna clase de sobrevida a la alianza, será a costa de ceder a todos los reclamos de la UCR. En la práctica, entre la interna de La Pampa, la elección de Neuquén y la disputa en Córdoba, la alianza Cambiemos parece haber comenzado a tramitar su propio certificado de defunción.


Horacio “Pechi” Quiroga.

Por el lado de la Unidad Ciudadana, parece quedar en claro también que, aún cuando Cristina Fernández de Kirchner sea la dirigente nacional con mayor caudal electoral propio, no está en condiciones de decidir, por su sólo y exclusivo influjo, el destino de una elección, más allá del conurbano bonaerense. Se trata de algo ya sabido, sólo denegado por el ultra-cristinismo. Para ganar se requiere forjar alianzas sólidas, que les asignen lugares protagónicos a fuerzas y referentes locales y provinciales. Algo que Cristina, con su natural sagacidad, ya sabía muy bien, y de ahí el cambio en su actitud durante los últimos meses y su silencio sobre una eventual candidatura. 

Hay una tercera conclusión que algunos entusiastas podrían querer extraer, pero que sería demasiado apresurada, habida cuenta del largo reinado que el MPN viene ejerciendo en Neuquén desde hace ya 58 años. Nos referimos a la lectura que hacen algunos de que las elecciones neuquinas, en su extrapolación nacional, significarían una reafirmación de que la mayoría de la sociedad reclama la salida de la polarización, y la conformación de un amplio frente electoral pluripartidario. Esta hipótesis podría extraerse, tal vez, de la lectura de las encuestas que circulan más que de una elección, ya que la habilidad de la dirigencia del MPN para recostarse sobre una u otra de las opciones electorales ganadoras y, sobre todo, siempre del lado de los oficialismos nacionales, ha sido una de las claves de su éxito. Ese 50 por ciento de electores neuquinos, seguramente, terminará votando al frente nacional que sea respaldado por el MPN, ya que se trata de un voto provincial. 

Para comprender su lógica, permítaseme recordar aquella célebre frase de Lenin: “El campesino le teme más al cambio que a las cadenas”. Cierto es que no todos los neuquinos son campesinos, pero su comportamiento electoral reproduce, en cada elección, esa lógica conservadora. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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