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15 de mayo de 2019 | Nacionales

No lo acompaña ni la Justicia

Cambiemos, colapsado por las internas y las malas noticias

Fiel a su costumbre, “Lilita” salió a despegarse de la derrota de la coalición política de la que participa. Esta vez le tocó a Cambiemos. “Frente a la evidente falta de estrategia nacional (del gobierno) que es una constante -afirmó Carrió en un mensaje grabado que difundió-, la cuestión de Córdoba llevó a un Cambiemos dividido”.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Y, por si no estaban claras las cosas, agregó: “Qué terrible es que se borren todos, me dan asco”.

Hubo palos tácitos para todos, y explícitos para dos ministros del gabinete nacional. Rogelio Frigerio y Patricia Bullrich. “Cambiemos no acompañó a Cambiemos. El ministro del Interior hizo su sociedad con los gobernadores del PJ. A Patricia Bullrich mejor no contestarle”.

“Voy a discutir en el seno de Cambiemos lo que significa la política humanista contra la política posmoderna y falaz y pegada solo al éxito. Nunca he especulado con una derrota”.

Quien salió a cruzarla fue Marcos Peña, quien en su cuenta de Twitter respondió: “Creemos en una política humanista, transformadora de la realidad, transparente y al servicio de los ciudadanos. Con aciertos y errores, pero siempre buscando cuidar a las mujeres y hombres que nos representan en cada elección. Ese fue siempre el mandato y el espíritu de Cambiemos. Seguiremos trabajando para lograrlo en cada lugar del país”.

Ocho derrotas en otras tantas elecciones han vuelto pantanoso el suelo sobre el que transita el gobierno nacional. El New York Times alertó que la “crisis económica argentina” podría hacer retornar el “populismo”. “Existe un malestar palpable en el círculo empresario -agrega-. La inflación supera el 50 por ciento, el desempleo está cerca de los dos dígitos y la pobreza ya aflige a un tercio de la población, y sigue en aumento”.

Luego recalcó: “El acuerdo con el FMI es una profunda indignidad dado que el Fondo es ampliamente despreciado por la austeridad que impuso a fines de la década de 1990, convirtiendo una recesión económica en una depresión”.

Mientras en la alianza gobernante la guerra sin fin adquiere matices mucho más virulentos, otras señales que llegan desde la política y desde las encuestadoras sólo incrementan la combustión. El gobierno ha recibido números negativos terminantes. La mayoría de las encuestas, incluso las encargadas por las autoridades, pronostica que, en caso de no existir un cambio drástico de políticas, quedará condenado a un tercer lugar en las elecciones nacionales. En Tucumán algunas encuestas ya lo dan cuarto, registrándose un meteórico avance de la Fuerza Republicana de Domingo Bussi a expensas de Cambiemos y de José Alperovich. En las nacionales, suben los números de José Luis Espert y los de la tercera opción, ya sea que vaya como Alternativa Federal o como Consenso 19.

Ayer por la tarde, la visita de Cristina Fernández de Kirchner al PJ nacional durante la reunión de la Mesa de Acción Política fue evaluada por el gobierno, en un primer momento, como la confirmación de los temores foráneos sobre un posible retorno del “populismo de izquierda”. Hábil, la ex presidente trató de producir un gesto capaz de opacar el protagonismo obtenido por Juan Schiaretti con su victoria terminante en las elecciones cordobesas. El paro general que simultáneamente lanzó la CGT para el 29 de mayo fue visto como una confirmación de los peores pronósticos. Y la convocatoria especial a Sergio Massa para sumarse finalmente al armado, con fecha tope a fines de mayo pareció cerrar el combo.

Pero faltaba algo más. Y ese plus lo agregó Juan Schiaretti, que inmediata pero parsimoniosamente salió a poner paños fríos, al afirmar que no reconocía plazos precisos; que, en el momento apropiado, saldría a intervenir en la cuestión electoral nacional, pero que, ante todo, era el gobernador de Córdoba. Cada uno con su estrategia. Unos salieron a retumbar en los medios, otros -como Roberto Lavagna y Schiaretti- prefirieron sentarse a esperar que pase el cadáver del enemigo, tal como reza el proverbio chino. Sergio Massa, en tanto, continuó con su estrategia dilatoria, esperando el momento preciso.

La reacción de Schiaretti ubicó a Cambiemos en el peor de los escenarios, a pocos días de la decisiva convención nacional del radicalismo. Algunos la tomaron como la confirmación de que la tercera opción sigue viva. Otros, como señal de que está abierta la posibilidad de la negociación con Cristina y el PJ encabezado por José Luis Gioja. La primera opción habilita los pronósticos de una segunda vuelta electoral sin Cambiemos. La segunda, una drástica victoria electoral del pan peronismo en primera vuelta.

Cuando la serie de malas noticias parecía concluida, el gobierno nacional recibió un nuevo cachetazo: la Corte Suprema decidió, por mayoría de cuatro votos a uno, postergar el inicio del primer juicio oral que involucra a Cristina Kirchner, Julio de Vido y Lázaro Báez. Si bien se argumentaron razones procedimentales, en Cambiemos se interpretó que la Justicia ha visto fluir la sangre desde el interior de la armadura de la alianza gobernante. Lo peor es que esa observación no parece resultar errada. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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