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20 de mayo de 2019 | Campo

Según la FADA

A la hora de comprar alimentos, los impuestos se comen los bolsillos de los consumidores

A pesar de los intentos por parte del gobierno nacional de controlar el precio de los alimentos, la falta de controles y la elevada presión impositiva son un obstáculo casi imposible de sortear.

A mediados del pasado mes de abril, el gobierno nacional presentó el plan Precios Esenciales, en un intento desesperado de contener los precios de los alimentos, que galopan al ritmo de la inflación. Se trata de 64 productos cuyos precios permanecerán congelados por espacio de seis meses, más tres cortes de carne parrilleros que se pueden comprar a 149 pesos.

Con el plan en marcha, quedó en evidencia que el anuncio es puro marketing electoral. La realidad es que el proceso inflacionario se halla en una espiral incontrolable, más allá de los intentos de la Casa Rosada para maquillar este escenario. Por ejemplo, celebrar que la inflación del mes de abril cerró en 3,4 por ciento y anunciar que empieza a descender.

Con respecto al precio de los alimentos, al componente inflacionario se suma la elevada carga impositiva que presentan. ¿Cuántos impuestos pagamos al momento de comprar un alimento? Un trabajo elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) analizó el peso que tienen los impuestos en alimentos de primera necesidad como la carne, leche y pan.

Las conclusiones a las que arriba la entidad llaman la atención y son un claro ejemplo de las asimetrías entre la producción primaria y los precios en góndola. En el caso del pan, desde el trigo que sale del campo hasta la panadería, el precio se multiplica por siete, mientras que por el lado de la leche por tres.

Cuando pagamos un sachet de leche, el informe de FADA detalló que un 78,7 por ciento de su valor corresponde a costos y un 26 por ciento a impuestos. Dentro del apartado tributario, el de más peso es el IVA, que llega casi al 70 por ciento, porque como destaca el estudio “se recauda poco por el impuesto a las ganancias, justamente por las pérdidas en la cadena”.

“La leche es un producto al que el supermercado le aplica un margen menor, ya que se la considera un producto gancho o de atracción y ese resultado puntual se compensa entonces con márgenes de otros artículos”, explicó David Miazzo, economista jefe de FADA. En este sentido, advirtió que otro de los problemas en la venta de leche es la gran dispersión de precios.

Al analizar el precio del pan, el 57,9 por ciento corresponde a costos,  24,5 por ciento impuestos y el 17,6 por ciento ganancias. De esos impuestos, más del 80 por ciento son nacionales, 16 por ciento provinciales y 2,4 por ciento impuestos municipales. Dese la entidad señalaron que “por cada kilo de pan que compramos, se están pagando casi 22 pesos de salarios, representando el 42 por ciento de los costos del comercio”.

En relación a la cadena de la carne, existe una particularidad, que desde FADA se encargaron de detallar: “El Estado es el primer formador de precios ya que casi un tercio del precio final que paga el consumidor está conformado por los impuestos”, sostuvieron.  La carga tributaria sobre la carne se divide en un 77 ciento de impuestos nacionales, 19 por ciento provinciales y 8 por ciento municipales.

De esta manera, la falta de controles para la fijación de precios, se suma un Estado ausente en los comercios, cuya voracidad suma para que los alimentos sean cada vez más caros. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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