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1 de junio de 2019 | Provincia

Bronca y polémica

Con anuencia de ATE, Astilleros echó a un cliente histórico por un negociado chino

La medida dejó sin trabajo a cientos de operarios, para poder cobrarle el derecho de muelle a una pesquera china que no quiso dejar sus barcos en las aguas saladas de Mar del Plata durante la temporada baja.

El Astillero Río Santiago sumó otro dolor de cabeza al largo derrotero de errores y sospechosas decisiones que pareciera caracterizar la gestión de su presidente, Héctor Calvente.

Hace varias semanas, la empresa Compañía Fluvial del Sud S.A., fundadora del Puerto La Plata y propiedad de la familia Bacchiega, quienes llevan 5 generaciones en la construcción de barcos y remolcadores, habían amarrado uno de sus barcos en el Astillero Río Santiago con el objetivo de llevar adelante una reparación.

Esto implica una excelente noticia para todos los trabajadores del predio. Un barco en reparación significa trabajo para todos y actividad para un astillero castigando y somnoliento. La familia Bacchiega, además de ser de Ensenada, ha apoyado a los trabajadores durante décadas, incluso prestando sus remolcadores cuando el astillero no tenía dinero para pagarle.

Sorpresivamente, la dirección de Astilleros se dispuso a echar el barco del lugar. Ante el asombro de propios y extraños, se negaron a firmar el convenio, le hicieron una sobrefacturación del 40 por ciento, le exigieron un adelanto y, finalmente, le mandaron a la empresa Bacchiega una carta documento exigiendo que retire la embarcación.

La grave sucesión de medidas despertó la ira de los trabajadores, que de un día para el otro vieron esfumarse las posibilidades de volver a trabajar. Al exigir algún tipo de medidas a sus representantes de ATE, la extrañeza aumentó considerablemente. Nadie en el gremio parecía dispuesto a mover un dedo.

Entonces se supo la verdad. Calvente, presidente de Astilleros Río Santiago, habría hecho un acuerdo espurio con una empresa de buques pesqueros chinos, quienes le habrían pagado una suma aún no conocida en calidad de derecho de muelle para amarrar sus barcos.

Con la temporada baja de calamar en Mar del Plata, los empresarios chinos necesitaban un lugar dónde dejar sus barcos y, como el agua salada de la Costa Atlántica es agresiva con los cascos, decidieron amarrar en el astillero por poco más que limosnas.

El negocio, que a priori es favorable a los chinos y, ciertamente, al presidente de Astilleros, es notablemente perjudicial para los trabajadores, que se han quedado sin nada para hacer, y para la empresa Bacchiega, que después de décadas de colaborar desinteresadamente con la industria, debió abandonar el predio en una humillante situación. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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